Circunstancia propia de sus principios y valores
Lo que ocurrió en la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) el día 12 del mes en curso, demuestra con altura y la correcta proporción, que esta organización de la Sociedad Civil, a la cual pertenezco, se ha caracterizado, en virtud de sus principios, valores y objetivos, por defender todos aquellos elementos que conforman el desarrollo de un buen gobierno, dentro del marco de nuestra Democracia Representativa; La Asociación, en la búsqueda objetiva de respuestas en cuanto al caso de la Procuradora, hizo lo propio: defender nuestra institucionalidad. Por otra parte el personaje invitado por la funcionaria, posiblemente, rebasó los límites de su especialísima condición, lo cual fue lamentable.
En nuestro país, la Constitución requiere de una modificación integral, pero mientras la misma esté vigente debe respetarse; el no hacerlo, atenta contra el debido proceso; por ende, si existen razones sostenibles que permiten la investigación de la Procuradora General de la Nación y las diligencias y metodologías empleadas respeten el mismo, sus resultados deben aplicarse diáfanamente. Ello es lo que la ciudadanía espera y viene deseando desde hace tanto tiempo. Igual si ésta resulta inocente, dicho resultado debe promulgarse con igual empeño.
Tal como expresé en los escritos: Terrorismo Judicial y Defensa de la institucionalidad entendiendo, sin justificar, la intensidad del Presidente del cambio y lo que él aparenta conocer, no podría estar de acuerdo con sus manifestaciones públicas ni las de la Procuradora General de la Nación; ya que, en tal sentido ambos tienen parte de la carga en cuanto a las reacciones de preocupación, que se generaron, comprensiblemente, dentro de las organizaciones de la Sociedad Civil.
La habilidad de los partidos de la oposición, basados en dichas ocurrencias, se empleó, de alguna manera, para salir con ataques, aparentemente, planificados los cuales fueron dirigidos al Ejecutivo de manera perseverante y a la Procuradora, posiblemente, disimulando lo que bien podría interpretarse como la real defensa de ésta. Tristemente, estos mañosos manejos no fueron debidamente detectados, previstos, o quizá, correctamente evaluados por el Presidente de la República y sus asesores; así éste, a la luz pública, parecía ser el agresor que en esencia, equívocamente, aparentaba tal vez, en algún grado, irrespetar la independencia institucional, violando la institucionalidad de la Nación.
Las frustraciones del Ejecutivo, frente a su propósito de ir en la búsqueda del cambio, son perfectamente entendibles ante una institución como la Procuraduría General de la Nación que, con su pasado histórico y presente, parece mostrarnos no poder, efectivamente, ajustándose al debido proceso, perseguir, castigar y corregir, la corrupción de algunos altos funcionarios, resultando esto en la más indeseable impunidad.