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Ciudad de mendigos y buhoneros


Nos llenamos la boca con nuestro 9.5% de crecimiento económico y que sea el mayor de América. Nos enorgullecemos con los rascacielos y el turismo bienhechor que invade el país. Pero, cual duro despertar, cada mañana y durante todo el día, la ciudad capital ofrece el grotesco espectáculo de centenares de mendigos y vendedores en semáforos. Ni los niños, de corta edad, se salvan. Están expuestos a todo tipo de peligros, a ciencia y paciencia de las autoridades del gobierno central y municipal.

Aquello es una vergüenza. Panamá es un país rico. Las arcas oficiales rebozan de dinero como nunca. ¿Para qué está el ministerio de Trabajo y Bienestar Social y el de la Familia? ¿Cómo justifican sus titulares los altos sueldos y canonjías propias de su alto cargo? Alguna fórmula inteligente debe hallarse para despejar las calles de mendigos y vendedores, sin quitarles la oportunidad de ganar honradamente su sustento. Quizás haya que limitarlos a ciertas vías y áreas, construirles mercados, etc. Pero lo que no podemos tolerar quienes con el pago de impuestos sostenemos la pesada burocracia que nos asfixia, es la indiferencia o el cruzarse de brazos frente al problema.

101 años de Panamá América

 
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