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Ciudadanía y democracia participativa


La Carta Fundamental del Estado panameño reconoce como ciudadano a todo nacional mayor de 18 años, entendiéndose a su vez que los tales tienen todas las facultades para ejercer sus derechos políticos, así como ejercer cargos públicos con mando y jurisdicción. Esta premisa constitucional, nos permite inferir por consiguiente, que la participación ciudadana o sus derechos políticos, no se refieren únicamente al ejercicio periódico del sufragio, su adhesión a un partido político o sus aspiraciones a posiciones encumbradas. De igual importancia resulta para el Estado panameño, encontrar soluciones realmente democráticas mediante la integración social y política. Es que la forma más idónea y viable de resolver y satisfacer las necesidades de las masas y sus comunidades es, mediante la vocería y acción de ellas mismas, de sus asociaciones y movimientos sociales.
Se impone de esta manera, la necesidad de una democracia participativa no precisamente me refiero a una participación electoral- en que una iniciativa de trabajo conjunto y unidad de acción, en los que se puedan verificar encuentros populares que decidan por ejemplo, las prioridades de inversión, sea la tónica de la gestión pública.
Me refiero, propiamente, al retorno a modelos antiguos de consulta e incumbencia de los ciudadanos en asuntos vitales de la ciudad y sus habitantes -Atenas, Roma-. No me malentienda el lector, ni piense que planteo revertir los avances a los que hemos podido llegar, sino que, para hablar de verdadera democracia -recordando nuestras clases de 6to. grado "gobierno del pueblo"- se necesita indispensablemente no sólo de la vocería, sino también de la acción de los ciudadanos.
No perdamos de vista que la falta o poca iniciativa ciudadana en los Estados de Derecho, es una herencia dejada por ciertas elites -políticas, intelectuales, dictatoriales, etc.- quienes en la procura de mantener el poder político, centralizaron administrativamente todo el territorio, con la existencia de una división, política de "plastobon" que sirvió para pagar favores cuales feudos, en los que "aquellos" se enriquecían bajo el imperio autoritario de su dominio, mientras el "populacho" se empobrecía, sirviendo únicamente para hacer otro coro según el capricho de los gamonales. Es decir, el centralismo, depauperó las poblaciones y sus habitantes, mientras los "todopoderosos señores", manejaban la cosa pública a su antojo, sin el escrutinio y fiscalización de los ciudadanos.
Soy de la opinión que en los albores de un nuevo milenio, la República de Panamá no puede continuar con sistemas anacrónicos, poco productivos y antidesarrollistas. Urge la descentralización y desconcentración del Estado panameño. Esto no se logrará con la sola creación de leyes y normas jurídicas que propicien y avalen lo deseado. Es igualmente necesario fortalecer la participación ciudadana mediante iniciativas y referéndum en asuntos municipales, como fiscalizadores de la gestión pública a través de las juntas comunales, creando nuevos tipos de organización popular alternativos -con influencia en las esferas de decisión- o a través de un Consejo Consultivo de Corregimientos.
Ciertamente, en la nueva configuración democrática, el papel a desempeñar por las mayorías ciudadanas no debe circunscribirse a ser meros votantes o espectadores, antes bien, debemos ser los protagonistas y constructores de un país con equidad y desarrollo social. Deseo concluir citando el cientista político Francisco C. Weffort, quien en su obra ¿Cuál Democracia? nos dice: "En el mundo de las oligarquías, aún sin ciudadanía política, las masas tenían por lo menos un lugar social definido. Sin duda, una posición de dependencia social y de explotación económica... en el mundo del populismo, que es también el de la urbanización y del crecimiento de las industrias, las masas tuvieron reconocida una especie de media ciudadanía, que les abrió muchas veces las posibilidad de una presencia más como masas de maniobra que de intervenir de forma autónoma en el proceso político... La integración social y política, que en otras épocas encontró soluciones autoritarias, hoy sólo puede encontrar soluciones democráticas. Es hacia ese problema fundamental que apuntan las discusiones..."

101 años de Panamá América

 
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