Civismo y propósito de enmienda
Para asegurar el progreso del país y el bienestar de los panameños los cambios son imprescindibles. Deben cambiarse los derroteros de corrupción y egoísmo que estamos viviendo por tantas décadas. Los grupos dirigentes deben demostrar con hechos que están imbuidos de un espíritu de la enmienda de errores pasados.
He estado observando de cerca y esperando que los nuevos dirigentes políticos del país, particularmente los jóvenes, como Martín Torrijos y Laurentino Cortizo, prueben con sus actos que van a reformar las actitudes retorcidas que todos conocemos. Sus palabras son las correctas, mas no sus acciones. La prueba palmaria de este aserto la podemos hallar en las planillas de la Asamblea Legislativa que hoy día controlan. Se encuentran en esas planillas parientes y amigos con sueldos jugosos, lo mismo que asesores y botellas, tal cual sabemos que se ha hecho antes. Como jóvenes esperanzas deben informar sin tapujos. Desafortunadamente, dudo que lo harán.
Y no sólo deben hacerlo los jóvenes. También deben enmendar derroteros los líderes de las organizaciones empresariales que tradicionalmente han ayudado a poner y quitar presidentes pensando en sus cuentas bancarias. Reconozco que por lo menos ahora están hablando de invertir y no esperar que el gobierno los apadrine.
Dicen ahora que el gobierno sólo debe ser un facilitador. Espero con paciencia que sea verdad tanta belleza.
Así mismo deben comportarse las masas y sus dirigentes. Pueden hacer cosas tan sencillas como dejar de botar basura por doquier, lo cual no sólo afea nuestras calles sino que es una de las causas de las inundaciones en muchos sectores. Los dirigentes populares deben ser más imaginativos en sus luchas reivindicativas y buscar alternativas a los cierres de calles, carreteras y avenidas. Bien saben que los tranques causan enormes daños a la economía del país y crean desasosiego entre toda la población.
Personalmente me he abstenido de criticar las inacciones de la presente administración gubernamental porque percibí que las críticas acerbas de tantos grupos parecían estar dirigidas al derrocamiento de la primera mujer que ocupa el solio presidencial. Ella fue electa por abrumadora mayoría y debe cumplir su término.
Sin embargo, los altos funcionarios del gobierno también tienen que enmendar acciones o inacciones. Sin duda, hay medidas que han tomado que tienen mérito. No obstante, descuidan reiteradamente corregir la imagen de corrupción que proyectan. No está de más repetir los casos de los relojes Cartier y Punta Mala, que recuerdan acciones similares de la administración precedente. Nadie se preocupó en dar una explicación respetuosa de esas prácticas que el pueblo percibe como sospechosas, por no llamarlas corruptas.
La percepción de corrupción ha empeorado porque se han hecho viajes innecesarios y con numerosas comitivas, tal como antes, que parecen ser deseos, caprichos personales, mas no acciones de Estado. Mientras esta actitud no se corrija, todo el mundo sospechará lo peor en el caso Montesinos, el nuevo puente sobre el Canal, y la decisión de un tercer juego de esclusas, para mencionar sólo tres ejemplos.
Paralelo a esto Panamá tiene que afrontar problemas internacionales importantísimos como los de la lista negra del GAFI y el saneamiento de las áreas contaminadas por los militares estadounidenses, asuntos que inciden negativamente en la puesta en vigor de una nueva relación de amistad y respeto con todos los países del orbe, principalmente con la única superpotencia que hoy existe. No olvidemos, la percepción de corrupción no va a desaparecer actuando como si no existiera.
He estado observando de cerca y esperando que los nuevos dirigentes políticos del país, particularmente los jóvenes, como Martín Torrijos y Laurentino Cortizo, prueben con sus actos que van a reformar las actitudes retorcidas que todos conocemos. Sus palabras son las correctas, mas no sus acciones. La prueba palmaria de este aserto la podemos hallar en las planillas de la Asamblea Legislativa que hoy día controlan. Se encuentran en esas planillas parientes y amigos con sueldos jugosos, lo mismo que asesores y botellas, tal cual sabemos que se ha hecho antes. Como jóvenes esperanzas deben informar sin tapujos. Desafortunadamente, dudo que lo harán.
Y no sólo deben hacerlo los jóvenes. También deben enmendar derroteros los líderes de las organizaciones empresariales que tradicionalmente han ayudado a poner y quitar presidentes pensando en sus cuentas bancarias. Reconozco que por lo menos ahora están hablando de invertir y no esperar que el gobierno los apadrine.
Dicen ahora que el gobierno sólo debe ser un facilitador. Espero con paciencia que sea verdad tanta belleza.
Así mismo deben comportarse las masas y sus dirigentes. Pueden hacer cosas tan sencillas como dejar de botar basura por doquier, lo cual no sólo afea nuestras calles sino que es una de las causas de las inundaciones en muchos sectores. Los dirigentes populares deben ser más imaginativos en sus luchas reivindicativas y buscar alternativas a los cierres de calles, carreteras y avenidas. Bien saben que los tranques causan enormes daños a la economía del país y crean desasosiego entre toda la población.
Personalmente me he abstenido de criticar las inacciones de la presente administración gubernamental porque percibí que las críticas acerbas de tantos grupos parecían estar dirigidas al derrocamiento de la primera mujer que ocupa el solio presidencial. Ella fue electa por abrumadora mayoría y debe cumplir su término.
Sin embargo, los altos funcionarios del gobierno también tienen que enmendar acciones o inacciones. Sin duda, hay medidas que han tomado que tienen mérito. No obstante, descuidan reiteradamente corregir la imagen de corrupción que proyectan. No está de más repetir los casos de los relojes Cartier y Punta Mala, que recuerdan acciones similares de la administración precedente. Nadie se preocupó en dar una explicación respetuosa de esas prácticas que el pueblo percibe como sospechosas, por no llamarlas corruptas.
La percepción de corrupción ha empeorado porque se han hecho viajes innecesarios y con numerosas comitivas, tal como antes, que parecen ser deseos, caprichos personales, mas no acciones de Estado. Mientras esta actitud no se corrija, todo el mundo sospechará lo peor en el caso Montesinos, el nuevo puente sobre el Canal, y la decisión de un tercer juego de esclusas, para mencionar sólo tres ejemplos.
Paralelo a esto Panamá tiene que afrontar problemas internacionales importantísimos como los de la lista negra del GAFI y el saneamiento de las áreas contaminadas por los militares estadounidenses, asuntos que inciden negativamente en la puesta en vigor de una nueva relación de amistad y respeto con todos los países del orbe, principalmente con la única superpotencia que hoy existe. No olvidemos, la percepción de corrupción no va a desaparecer actuando como si no existiera.