default

Clara González, un ejemplo


El 11 de septiembre será recordado en muchas partes del mundo por el terrible atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, en el que miles de personas inocentes perdieron la vida. Panamá por supuesto, no será la excepción. Sin embargo, las panameñas especialmente, tenemos frente a este trágico recuerdo, una razón de alegría, como lo es la de celebrar el 102 aniversario del nacimiento de “Clara González”, una de las más independientes, sensibles y extraordinarias mujeres que haya tenido nuestra historia en el recién finalizado siglo XX.
Hablar de la vida y de la obra de Clara González no es referirse simplemente a la primera mujer abogada. Es reconocerla como la forjadora del feminismo panameño; de la mujer que luchó sin temores por el ejercicio pleno de nuestros derechos civiles y políticos, que dedicó gran parte de su vida profesional a la niñez, a la adolescencia y a la familia.
Hablar de Clara González es referirse a una fascinante heroína panameña del siglo pasado, cuyas hazañas siguen formando parte del presente de nuestro movimiento feminista y de muchas organizaciones de mujeres, para quienes su pensamiento, sus luchas y sus ideales siguen vigentes como un ejemplo permanente de valor y de dignidad nacional.
Además de una “fogosa y apasionada oradora”, Clara fue una mujer con una belleza natural, independiente, inteligente y con una poderosa fuerza interior, pero tal vez su mayor belleza residió en su integridad, en su humildad, en su brillantez intelectual y en su vocación generosa de servir a la causa justa de la liberación femenina.
Fue también un alma rebelde, inconforme y ávida de construir un mundo más humano y más equitativo. No la arredraron los convencionalismos ni plegó su inteligencia a los prejuicios de lo conveniente o de lo provechoso, porque fue una mujer apegada a una gran empresa, que entregó su vida a la lucha feminista sin condiciones; vocación que sólo discurre en seres dotados de un talento equiparable a su vitalidad de excepción.
Ella desafió las expectativas que la sociedad depositaba en las mujeres de su época y pese a todas las adversidades, logró traspasar las barreras de sus limitados destinos, conquistando la libertad personal, algo que constituía un pecado capital para las mujeres de inicios del siglo XX.
Fue una mujer precoz, audaz, valiente y consecuente con su certeza de que sin educación y sin libertad, la razón y el cuerpo permanecen atados a cánones que paralizan la conciencia e impiden el crecimiento interior. Es por eso que su proyecto de vida estuvo centrado en una gran empresa emancipadora de la mujer panameña, en la que sólo contó con una poderosa inteligencia femenina y una fuerza espiritual para desafiar abiertamente y para luchar contra la adversidad del medio social que le correspondió en suerte vivir.
Clara, resulta ser un personaje fascinante como política y como defensora de los derechos de la mujer.
Ella sentó las bases del feminismo en Panamá y fue pionera de uno de los conceptos centrales del feminismo moderno: la valoración de las diferencias, al advertir con agudeza las desigualdades de clase y los grandes abismos que separaban los roles femenino y masculino en la sociedad; aspecto de su ideario que apenas ha sido abordado en los pocos escritos y libros que se han publicado sobre ella.
A sus espaldas acumuló una existencia extraordinaria, cuyo invaluable legado aún no ha sido reconocido en su justa dimensión.
Como heredera de sus luchas, de sus ideales y de sus principios, me llena de orgullo y de satisfacción ofrecerle este humilde pero sincero reconocimiento a su memoria en el 102 aniversario de su natalicio, con el compromiso de no permitir que su obra sea olvidada, porque el sólo nombrar a Clara González debe servir para evocar una vertiente emancipadora que ninguna feminista panameña puede pasar por alto.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América