default

Claridad en las cuentas del Estado


Una de las cosas que deberá ser aclarada y definida por el próximo gobierno de Martín Torrijos y, en especial, por su ministro de Economía y Finanzas, será el de las cuentas del Estado y el país, empezando por la metodología que usará para informar oficialmente sobre su situación en uno y otro caso.
Bajo la actual administración de Mireya Moscoso se hicieron algunos cambios de metodología y criterios que varios se adelantaron a calificar como manipulación de cifras y, nosotros, de maquillajes contables. Opinión exagerada quizás, pero el hecho objetivo es que se introdujeron cambios que hacen imposible comparar los resultados bajo este gobierno, con los de administraciones previas. Porque no se miden igual.
Como mero ejemplo, figura la incorporación por la administración arnulfista, de los números del Canal a los del resto del Estado. De ese modo, las cifras que iban mostrando un color rojo de déficit, se fueron tiñendo de negro positivo, gracias a los robustos resultados que cada año arroja la vía interoceánica, que es administrada por una entidad autónoma por mandato constitucional. Cuando se hizo por primera vez, hará tres años, muchos protestamos, porque nos parecía que se vulneraba el espíritu de separación de cuentas consagrado en nuestra ley fundamental. Además, estimábamos que la salvaguarda de la autonomía constituía una ventaja tanto para el momento en que la vía saliera en busca de créditos para su ampliación, como para mantener al resto de las finanzas del Estado lejos de la deuda colosal que se necesitará para enfrentar la magna obra.
Del mismo modo, la actual administración introdujo nuevos rubros para la suma del Producto Interno Bruto (PIB), con lo cual sus resultados se elevaron como por magia, sin producir un solo clavo de más. E igual hizo con la deuda flotante correspondiente a los acreedores locales, mediante la fórmula sencilla de no incluirla dentro del total de la deuda del Estado, supuestamente por no estar vencida. Este ingenioso artilugio le ayudó a cumplir ajustadamente con el límite máximo del déficit que no debe superar el 2% del PIB, exigido por la ley de responsabilidad fiscal.
En fin, el nuevo gobierno debe iniciar ciertamente con transparencia, pero también definiendo las reglas como contabilizará sus cifras y las de la economía nacional, informando también de cualquier cambio y el efecto que tenga al momento de compararlo con años previos. Cualquier cosa distinta sería más de lo mismo, pura manipulación y engaño.
La nación panameña ha sabido estar a la altura en los tiempos de transiciones trascendentales y estamos viviendo uno de ellos.
¿Tendrá la nación panameña y el gobierno entrante, la valentía, el coraje, el nivel de compromiso necesario para lograr los cambios propuestos, caiga quien caiga y pese a quien le pese? Yo creo que sí, pero de nosotros, de todos nosotros, depende...
Con la ayuda de Dios y el apoyo de la nación panameña, trabajando hacia metas claras y muy bien definidas, haciendo las cosas en la manera correcta, veremos el crecimiento de la Patria Nueva que todos queremos y esperamos.
Si todos nos lo proponemos de verdad y hacemos el esfuerzo necesario, de que se puede, se puede.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América