Clase Ad-Honores
En los últimos tiempos, el proceso enseñanza aprendizaje ha pasado a formar parte de un problema exclusivo de los gobiernos de turno, así lo visualiza el grueso de la sociedad, cuando considera que la falta de docentes y condiciones físicas de los centros educativos son más importantes que los planes curriculares y la capacidad del educador en la formación del futuro ciudadano de este país.
Sin querer a entrar a deliberar para buscar y encontrar posibles responsables, lo más conveniente sería considerarlo como un problema general que nos incumbe a todos por igual. Afortunadamente, la familia (el hogar) aún conserva el molde que da la primera forma; el Estado, a través del gobierno, sabe que tiene responsabilidad en el asunto y la sociedad civil organizada de diversas formas, cuenta con los recursos para hacerle frente a muchas situaciones, antes de que se conviertan en crisis.
Al parecer en una mayoría de centros educativos el problema se agudiza por la falta de maestros y profesores nombrados. Al menos las condiciones físicas de los centros y los planes educativos -aunque desfasados- no son un problema crítico de alarma nacional. Consideramos que si el problema es falta de docentes, muchos estamos en condiciones de prestar el servicio de forma gratuita, hasta que las autoridades del ramo, efectúen los nombramientos con las vacantes del banco de datos que la institución maneja; correspondería al Ministerio de Educación, hacer los estudios y analizar las posibilidades.
La Facultad de Ciencia de la Educación de la Universidad de Panamá (para mencionar una) forma cada año una considerable cantidad de profesionales en las diversas ramas de la educación. De igual forma sucede en los centros educativos que preparan a los maestros en todo el país. Muchos de los egresados de estos centros -especialmente de la Universidad- tenemos trabajo en otras áreas del sector público y privado, pero también contamos con la voluntad de servir al proceso educativo en todos los niveles, al fin y al cabo para ello fuimos formados. Esta iniciativa ayudaría de mucho a los colegios nocturnos, ya que los horarios de estos coinciden con nuestro tiempo libre. De aquí la viabilidad de nuestra propuesta.
A muchos educadores, nos agradaría contar con la oportunidad de dictar, aunque fuera una materia de nuestra cátedra, con tal de colaborar para que esta situación (falta de educadores nombrados) no se convierta en crisis y atrase el proceso enseñanza aprendizaje y el calendario escolar. Para este experimento cuento con un programa, respaldado por más de una veintena de educadores de mi promoción, egresados de la Facultad de Educación de la Universidad de Panamá, que próximamente estaremos presentando a las autoridades del ministerio para su consideración.
No tengo dudas que si el Ministerio de Educación coordinara con las universidades y escuelas formadoras de docentes, con el fin de contactar a un número de profesionales -que además de colaborar se verán beneficiados con una práctica más en su formación- el problema no presentara los ribetes de crisis que todos los años inicia el período escolar. Como educador, considero que el problema de la educación en nuestro país requiere de todo el respaldo del gobierno, pero que de igual forma es un problema que compete a todos por igual. Reciban, pues, mi humilde propuesta, cuyo único objetivo es colaborar.
Sin querer a entrar a deliberar para buscar y encontrar posibles responsables, lo más conveniente sería considerarlo como un problema general que nos incumbe a todos por igual. Afortunadamente, la familia (el hogar) aún conserva el molde que da la primera forma; el Estado, a través del gobierno, sabe que tiene responsabilidad en el asunto y la sociedad civil organizada de diversas formas, cuenta con los recursos para hacerle frente a muchas situaciones, antes de que se conviertan en crisis.
Al parecer en una mayoría de centros educativos el problema se agudiza por la falta de maestros y profesores nombrados. Al menos las condiciones físicas de los centros y los planes educativos -aunque desfasados- no son un problema crítico de alarma nacional. Consideramos que si el problema es falta de docentes, muchos estamos en condiciones de prestar el servicio de forma gratuita, hasta que las autoridades del ramo, efectúen los nombramientos con las vacantes del banco de datos que la institución maneja; correspondería al Ministerio de Educación, hacer los estudios y analizar las posibilidades.
La Facultad de Ciencia de la Educación de la Universidad de Panamá (para mencionar una) forma cada año una considerable cantidad de profesionales en las diversas ramas de la educación. De igual forma sucede en los centros educativos que preparan a los maestros en todo el país. Muchos de los egresados de estos centros -especialmente de la Universidad- tenemos trabajo en otras áreas del sector público y privado, pero también contamos con la voluntad de servir al proceso educativo en todos los niveles, al fin y al cabo para ello fuimos formados. Esta iniciativa ayudaría de mucho a los colegios nocturnos, ya que los horarios de estos coinciden con nuestro tiempo libre. De aquí la viabilidad de nuestra propuesta.
A muchos educadores, nos agradaría contar con la oportunidad de dictar, aunque fuera una materia de nuestra cátedra, con tal de colaborar para que esta situación (falta de educadores nombrados) no se convierta en crisis y atrase el proceso enseñanza aprendizaje y el calendario escolar. Para este experimento cuento con un programa, respaldado por más de una veintena de educadores de mi promoción, egresados de la Facultad de Educación de la Universidad de Panamá, que próximamente estaremos presentando a las autoridades del ministerio para su consideración.
No tengo dudas que si el Ministerio de Educación coordinara con las universidades y escuelas formadoras de docentes, con el fin de contactar a un número de profesionales -que además de colaborar se verán beneficiados con una práctica más en su formación- el problema no presentara los ribetes de crisis que todos los años inicia el período escolar. Como educador, considero que el problema de la educación en nuestro país requiere de todo el respaldo del gobierno, pero que de igual forma es un problema que compete a todos por igual. Reciban, pues, mi humilde propuesta, cuyo único objetivo es colaborar.