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¿Clases de civismo o de cinismo?


Ciudad de México (AIPE)- El futuro secretario de Educación Pública deberá eliminar las obsoletas clases de civismo en las escuelas del país. No tiene caso que sigamos con esa burla. En su lugar que den clases de cinismo (con "ene") a los jóvenes. Así los prepararán para la vida y les evitarán desencantos y frustraciones.
Durante décadas, las clases de civismo han sido motivo de una profunda fractura moral y psicológica para niños y jóvenes mexicanos, quienes escuchamos perorar a los maestros sobre la ley, el estado de derecho, los derechos y obligaciones de los ciudadanos, las garantías individuales, los derechos inalienables de todo ser humano y otras utopías por el estilo.
Fuera de clase, la realidad volvía por sus fueros. Todo se arregla al margen de la ley y del derecho. Todo es negociar la buena voluntad mediante presiones y chantajes. Los nuevos parias son los ciudadanos que sólo tienen la fantasmal ley como protección. Sabíamos que todo eso de lo que nos hablaban en las clases de civismo no existía cabalmente en México. Sabíamos que se trataba de una aspiración. Pero confiábamos que el advenimiento de la democracia nos permitiría salir de la mentira. Llegó por fin el 2 de julio de 2000 y lo festejamos. Hoy, dudo que podamos celebrar algo.
La "solución" a la demanda del bono de fin de sexenio para los burócratas sindicalizados es toda una antología de formación cínica, con "ene". Junto con las nuevas clases de "cinismo" las autoridades educativas deben editar un diccionario acerca de "los verdaderos significados" de algunas palabras y frases. Ejemplos: "Servidor público. Se aplica al burócrata improductivo que trabaja para un gobierno, nunca para la sociedad, y que recibe propinas y castigos según el ánimo del gobernante de turno."
"Bono sexenal. Se llama así a la propina que para mantener al gallinero en paz y evitarse problemas otorga el patrón-gobierno al término de la concesión de seis largos años que obtuvo para expoliar a la sociedad. La propina se da, por costumbre elevada a obligación, a los burócratas improductivos".
"Sensibilidad social. Eufemismo utilizado por los políticos; significa capacidad de ceder a los chantajes".
"Ley. Broma macabra y barroca. No se aplica". "Ciudadanos y contribuyentes. Tontos útiles cuyo parecer nunca es tomado en cuenta y cuya obligación es pagar todo lo que demande la burocracia y el gobierno".
"Demanda justa. Se bautizan así, con fines de ornato, a los pliegos de peticiones
de los chantajistas". Y así por el estilo.
El famoso "bono" es ilegal. Lo prohibe expresamente la ley del Presupuesto de Egresos del año 2000. No importa. Primera lección de "cinismo": "Siempre hay forma de darle la vuelta a la ley".
El famoso "bono" es injusto. No se justifica que quien percibe un salario (abundante o magro, no importa), exija pagos adicionales no pactados, aduciendo que se acaba un período de gobierno. Un paso más y tendremos que dar el bono del ciclo menstrual o el bono del cambio de estación.
No importa. La "justicia" es subjetiva. Lo que es "justo" se decide a voluntad (una gacetilla, pagada con recursos públicos, que publica en los diarios la "coordinación general de comunicación social" de la flamante cámara de diputados, sentencia: "esta justa demanda de más de un millón de burócratas"). Con eso basta. Es "justo" si lo digo yo y punto.
El famoso "bono" ni siquiera es popular. Todas las encuestas y sondeos de opinión que se han realizado indican que más del 60% de los ciudadanos rechazan que se otorgue dicho "bono". No importa. Los que se oponen al "bono" no están "organizados" para cerrar calles y avenidas, suelen ser los tontos que de veras trabajan y que no merecen ser tomados en cuenta. Están para callar, pagar y obedecer.
Los optimistas dicen que esto es parte de la agonía del dinosaurio corporativista
que ha expoliado por décadas a la sociedad mexicana. Otros nos preguntamos
para qué diablos darle al dinosaurio tanques de oxígeno, de más de cinco mil
millones de pesos, que permitan prolongar su agonía y sus tropelías.
(c)www.aipenet.com
Analista político mexicano.

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