Claver
Poco conocido, como tantas obras y varones de la Iglesia Católica, es Pedro Claver que el 9 de setiembre figura en el Calendario Litúrgico. Santo jesuita, venerado en Cartagena de Colombia, país vecino. Allí reposan sus restos como un atractivo turístico más de un malloquí extraordinario conocido como "el esclavo de los esclavos".
Así como es desconocido, asimismo tiene que suscitar como mínimum, admiración por su labor humanitaria ejemplar inspirada en el mismo evangelio, o buena nueva de Jesucristo que leemos y meditamos entre nosotros.
Vivió 66 años, de 1591 a 1657, en sitios como Verdú, Cataluña, Barcelona, Tarragona, donde inició su noviciado, de allí donde adoptó como norma sacada de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio: "Buscar a Dios en todas las cosas y trabajar por hallarlo en todas; hacer todas las cosas por la mayor gloria de Dios". Como sólo se puede explicar la obra que desarrolló, el espíritu con que lo hizo, que aún hoy es admirado porque en estos tiempos hay que tener mucha fe cristiana para poder admirar debidamente a tan gran Santo, que no es ningún bulto de cartón prensado, ni un tuco de madera labrado, sino un miembro aventajado de la Iglesia Católica, a quien veneramos y deberíamos admirar e imitar como él lo hizo con Cristo en obras concretas necesitadas.
El infame comercio conocido como la "Trata de Negros", estaba en su apogeo en 1614. Cada año millares de negros eran como cazados como fieras en las costas africanas de Guinea, Congo y Angola y trasladados a los puertos de América, amontonados, sin distinción alguna en inmundos bodegones de los barcos negreros, con cadenas, sin cama, sin ninguna atención y con escaso alimento. Muchos perecían en la travesía, los más llegaban cubiertos de llagas y úlceras purulentas.
En los puertos de desembarco aquella triste mercancía humana era encerrada, como animales, en almacenes húmedos y oscuros, o custodiada en grandes cercados hasta que los colonos los compraban para utilizarlos como esclavos en las plantaciones o en las minas, o en cualquier otro servicio. Uno de los puertos era Cartagena, que por dicha contó con la presencia de un santo que con todo orgullo, durante 40 años, se firmaba como "esclavo de los esclavos".
Tuvo que vencer el odio al blanco que justamente se anidaba en el corazón de los esclavos, luego aprendió la lengua de Angola y múltiples dialectos y, sobre todo, el vil interés de los negreros que querían vender con celeridad su mercancía humana. Sin arredrarse con estos escollos, logró que ninguno fuera llevado sin antes ser bautizado.
A mi modesto juicio, Pedro Claver es un santo moderno por el tipo de apostolado que asumió, ya que, aunque no es oficial, la esclavitud, sí existe.