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Clero en el banquillo


Los repetidos testimonios de abusos sexuales por parte de sacerdotes tocaron el corazón de la iglesia; el papa Benedicto XVI fue acusado de omisión a los delitos sexuales del clero, especialmente durante los 25 años que estuvo al frente de la Congregación de la Doctrina de la Fe.

“Cuando el Santo Padre era Arzobispo no hizo nada distinto de cumplir las leyes de la iglesia. De eso no hay más que hablar”. Fueron las palabras del Cardenal colombiano Darío Castrillón al ser cuestionado sobre el tratamiento de las denuncias que llegaron a los oídos del papa.

Los escándalos han desencadenado una crisis de legitimidad y confianza en la iglesia. Muchos creyentes aun se preguntan si la reacción de la iglesia ha sido la atinada.

Si se mira desde la perspectiva en que la justicia penal debe encargarse de estos delitos, los abusos dejarían de ser materia propia de la iglesia. Una navaja de dos filos; muchos religiosos consideran que la Iglesia Católica tiene facultad para sancionar estas conductas internamente, situación que ha aflorado un sentimiento de abandono e impunidad entre las víctimas que exigen una sanción tan profunda como sus heridas. No se trata de faltas disciplinarias sino delitos, en ocasiones cometidos en forma sistemática.

Otro debate se enciende; ¿existe relación directa entre el celibato y los abusos sexuales? ¿Se trata de homosexualidad?

Los científicos indican que los pedófilos no tiene cura. Su conducta retrotrae la experiencia propia de la infancia que buscan canalizar por diferentes vías.

La posición adoptada por el Vaticano sugiere que las autoridades eclesiásticas trasladen los casos a la justicia. Con este proceder, la iglesia podría reinvindicar su compromiso con las víctimas y la comunidad. De igual forma aliviaría a aquellos sacerdotes correctos que cumplen su labor en una institución que en ocasiones ha sido cómplice, por omisión, de delitos tan atroces.

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