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Clinton, &#191víctima o villano?


En una Nación que tiene un récord de presidentes asesinados, no se debe tomar a la ligera la posibilidad de conspiraciones. Y la tesis de que el Presidente Clinton esté siendo víctima de una de ellas ya ha sido sugerida antes, aunque con poco eco. A fin de cuentas, un juicio político que culmine en su destitución tendría el mismo efecto que su eliminación física, sin hacer de él un mito.
Lincoln fue asesinado por destruir la esclavitud que era la base económica de los confederados. John Kennedy y su hermano Robert lo fueron por su choque frontal con las mafias que invertían sus ganancias en negocios legales en momentos que empezaban a traficar heroína y otros narcóticos.
Clinton por su parte, es un peligro para la alicaída industria militar, por sus constantes reducciones y vetos presupuestarios. Su política de apertura económica ha afectado otras industrias que temen la competencia de naciones socias como México y Canadá.
Al respecto, no es casual que el Congreso le haya negado en dos ocasiones el "fast track" o vía rápida para negociar tratados de libre comercio. Por todos los rincones del país se escuchan clamores neoproteccionistas. Tampoco es casual que se hayan magnificado sus usuales deslices sexuales, en momentos en que presiona a Israel para que flexibilice su posición frente a los árabes en Cisjordania.
El presidente bien pudo haber caído en una trampa. El informe Starr revela que el primer paso en la aventura sexual que hoy lo acosa fue de la joven Lewinsky. Cierto que los detalles son obscenos, pero no peores a los de cualquiera a quien no se le publican sus intimidades ante un Gran Jurado, el Congreso, el país y el mundo entero. Por lo demás, los mismos son de tal crudeza que justifican la resistencia del mandatario en revelarlos.
Así podría explicarse el extraordinario respaldo que aun recibe en las encuestas al día siguiente de revelarse el informe. Según CNN/Gallup, el 63% de los entrevistados rechaza su destitución contra 32% que la apoya; mientras el 62% apoya su gestión contra 60% de hace tres días. Si el Congreso quiere juzgarle, se enfrentará al más popular de los mandatarios en décadas, en un país gozando de una isla de prosperidad en un mar de incertidumbre global.
Como bien dijo hace poco una señora rusa a la primera dama, Hillary Clinton: "Cuando el Estado empieza a levantar las sábanas a sus ciudadanos, empezamos a caer en un totalitarismo". A fin de cuentas, Bill Clinton, además de ser Presidente de los Estados Unidos, también es un hombre de carne y hueso.

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