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Club Rotario y libertad de expresión


Según denuncia pública hecha el día de ayer por el periodista y radiocomentarista Mario Velásquez, el Club Rotario de Panamá canceló, a 24 horas de su compromiso, la charla que por invitación había encargado al distinguido comunicador. ¿Cuál fue la razón de la intempestiva cancelación? Velásquez ha dicho que la ignora. Sólo acota que el tema sobre el cual debía exponer era el actual conflicto palestino-israelí.
Desde hace algunos años, el Club Rotario de Panamá se ha unido a otras organizaciones cívicas en una campaña nacional tendiente a consolidar los valores éticos y morales y el respeto de los derechos humanos. Es sabido que uno de los derechos humanos más preciados es el de la libertad de expresión el cual, incluso, es anterior a la creación del Estado.
Por esa razón, nos llama poderosamente la atención el que el Club Rotario de Panamá, que tanta beligerancia tuvo durante las duras jornadas por la defensa de los derechos democráticos durante la dictadura militar y su restauración plena en democracia, en esta ocasión, con motivo de una simple conferencia sobre un tema de interés internacional, ni siquiera local, haya procedido en la forma que hizo con el periodista Velásquez.
Proporciones guardadas, es lo mismo que ocurrió con el vicepresidente Arturo Vallarino, quien vio frustrada su intención de realizar una visita personal a China, supuestamente por el malestar expresado por Taiwan al gobierno panameño con relación a ese viaje. En el momento en que una persona, una organización como el Club Rotario o un país, supedita su criterio propio al dictado de la voluntad de un tercero, pierde su personalidad soberana y lo pierde todo.
El daño está hecho y es irreparable. Lo único que puede hacer el Club Rotario para salvar parte de la dignidad perdida es reiterar la invitación a Velásquez para que exponga lo que quiera. Se puede estar o no de acuerdo con lo que piense o lo que diga. Lo que no podemos permitirnos es acallar su voz y la expresión de su pensamiento, que es pilar sobre el que se funda nuestro sistema de respeto pleno a las libertades individuales y sociales. Si alguien quiere discrepar de alguna idea, que lo haga, sin acallar ni atropellar el derecho ajeno de expresar lo propio.
El transporte público en manos de una empresa estatal resulta ser muy efectivo. Ello se ejecuta en otros países con mucho éxito. El principio que gobierna la gestión es la calidad del servicio público en beneficio de la sociedad, descartándose todo ánimo de lucro en el transporte. Sin embargo, mientras que las decisiones sobre el futuro del transporte sean tomadas por o para los transportistas, por gobiernos o autoridades que sean parte del juego de interés de los mismos y mientras no se suprima el apetito del bolsillo de los transportistas, los ciudadanos de este país seguiremos viviendo en el surrealista terreno del "sálvese quien pueda", en "la dimensión conocida del tránsito" o en "la crónica de una muerte causada por un diablo vestido de rojo".

101 años de Panamá América

 
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