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CMA: Negociación en dos tiempos


En reciente reunión con miembros del Círculo de Columnistas, el Presidente de la República Ernesto Pérez Balladares reveló que los puntos aparentemente consensuados por los negociadores panameños y norteamericanos del CMA acerca de presencia militar permanente, pérdida de soberanía, uso del Centro para operativos ajenos a la lucha contra el narcotráfico y otros más han sido oficialmente rechazados por el gobierno.
En reemplazo del documento, calificado como un mamotreto por el Presidente, Panamá ha presentado nuevas bases de negociación de las que, según afirmó ante los columnistas, está excluida la posibilidad de prolongar la presencia de fuerzas militares norteamericanas dentro del territorio nacional y aspectos que no se ciñan al establecimiento de dependencias bajo soberanía panameña en las que se intercambie información técnica sobre el narcotráfico.
Concluiría así por voluntad panameña la negociación de la primera etapa del CMA y se llevaría a cabo una nueva etapa de negociaciones bilaterales con Estados Unidos, si este país acepta las reservas y puntualizaciones panameñas. Hasta el momento, Estados Unidos no ha expresado oficialmente sus puntos de vista sobre el nuevo planteamiento panameño.
De hecho, la nueva posición oficial panameña modifica sustancialmente la estructura conceptual de futuras negociaciones. Entre tanto se abre un compás de espera en medio de especulaciones sobre el futuro de las relaciones panameñonorteamericanas.
Desde el principio se percibió que la iniciativa de Pérez Balladares de ofrecer territorio nacional para sede de un organismo con participación extranjera, supuestamente un centro multilateral antidrogas, podía prestarse a confusiones. En sí misma la iniciativa es impertinente si se trata de combatir el tráfico, porque las plantaciones de coca y las mafias de contrabandistas territorialmente están fuera de Panamá.
Por otro lado, la iniciativa va a contracorriente de los tratados que ponen fecha de finalización a la presencia militar norteamericana en territorio panameño. Asimismo Estados Unidos manifestó claramente antes de las negociaciones que no paga por bases en ultramar, ni acepta compensaciones materiales de cualquier índole.
Si, a pesar de esas advertencias, se insiste en tratativas, a pocos puede sorprender que los militares norteamericanos propongan continuar en Panamá bajo el mismo régimen de excepción del pasado, esto es con zonas exclusivas controladas por sus soldados, con comisariato, colegios, control logístico absoluto etc. No hay sorpresas sino sorprendidos.
Por lo demás, los negociadores panameños tenían la obligación de consultar cada uno de los puntos propuestos por los negociadores norteamericanos. Sería realmente extraño que no consultaran. Fuere lo que fuere, poco o nada quedaría del texto de sus negociaciones del mamotreto. En resumen, se ha vuelto a fojas uno, en un proceso cada vez más incierto, cada vez más controversial.

101 años de Panamá América

 
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