Código Penal o simple compilación de leyes
Si existe una regla jurídica en la profesión de abogado que tiene mayor atributo pragmático es la contenida en el primer mandamiento del Decálogo del Abogado, dictado por el insigne procesalista uruguayo Eduardo J. Couture, que reza así: "Estudia. El Derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos serás cada día un poco menos Abogado". Y esta regla es especialmente útil en nuestro Derecho Penal que está en permanente ebullición, como si de una caldera hirviendo se tratara.
Y es que de eso justamente se trata la legislación penal: de una caldera caliente, debido a sus incontables revoluciones por minuto, que la hacen inestable, desconocida y, por momentos, hasta huérfana e indefensa. Sí, a nuestra legislación penal ya no le resulta fácil encontrar padres adoptivos en el hospicio, pues ya nadie apuesta nada por ella, porque nadie sabe cómo terminará al caer la noche y, previsiblemente, tampoco nadie apostará nada por la forma cómo amanecerá.
Esta es la realidad de la legislación punitiva del país comprimida primordialmente en el Código Penal, que ha pasado de ser un auténtico Código a derivar en una simple compilación de normas penales incongruentes e inequitativas. Tan frágil condición es consecuencia directa de las 34 leyes que se han aprobado desde 1983, cuando entró a regir, hasta el presente, que han afectado unos 198 de sus preceptos normativos, suma que incluye unas 60 modificaciones directas, más de 100 adiciones, otras 20 subrogaciones y casi una docena de artículos derogados; todo ello sin considerar algunos que han sido afectados por fallos de inconstitucionalidad proferidos por la Corte Suprema de Justicia. El saldo de tan permanente mutación es un Código alterado en más del 50% de sus 394 artículos originales, en poco más de 22 años de vigencia, nada comparable al largo periodo del adoptado en 1922.
Durante este tiempo, el Código ha recibido adiciones globales, con la incorporación de nuevos capítulos y títulos completos y hasta ha sido afectado por fenómenos curiosos, como lo fue la adición en dos ocasiones de un título denominado "Disposiciones Finales", porque fue necesario correr, sucesivamente, los últimos artículos del Código para dar lugar a nuevos. Y lo peor está por venir.
A juzgar por las numerosas propuestas de ley orientadas a reformar el Código Penal, todo parece indicar que la tendencia reformista se mantendrá inalterable. La sociedad ha convertido la reforma al Código, particularmente en lo concerniente al incremento de la pena, en la única política penal del Estado como solución ante el incremento desmedido de la delincuencia criolla o la organizada.
Hoy no nos encontramos frente a un Código Penal, sino ante un conjunto de leyes con efectos punitivos, con los concebidos riesgos que supone contar con delitos que son tan inconsistentes en su contenido preceptivo, como pasajeros en su periodo de vigencia. Por eso, es preciso plantearse la posibilidad de postergar toda reforma parcial al mencionado código, a efectos de conjugar esfuerzos que terminen en la adopción de uno nuevo, producto de un minucioso y prolijo estudio especializado, de suerte que no sobrevenga obsoleto en el preciso momento en que empiece a regir.
En medio de tantas tribulaciones con las que irremediablemente tenemos que vivir, queda claro que todo abogado, operador de justicia y jurista, tiene sobrados motivos para no olvidar el primer mandamiento del Decálogo de Couture, pues de no ponerlo en práctica, cada día serán "un poco menos abogado".
(agonzalezgomez@cableonda.net)
Morales explicó que de no recibir una respuesta del gobierno central, este lunes procederán a cerrar la vía Ricardo J. Alfaro, porque no tolerarán que residentes con más de 28 años de vivir allí, tengan que soportar en sus propias casas problemas sociales.
Kenneth Melgar, esta en desacuerdo con el hecho de que jamás se le haya otorgado a él un apartamento cuando tiene una vida de residir allí, y "personas del mal vivir vienen y se quedan aquí sin ningún inconveniente".
Los moradores se están organizando para solucionar este problema que causa mala imagen al edificio.
"Cuando llegamos a estos apartamentos, las autoridades nos solicitaron un sinnúmero de requisitos; yo he cancelado ya mi apartamento en 23 mil balboas y no concibo que las autoridades del Banco Hipotecario hayan dado apartamentos a personas que no cumplan con las disposiciones a aplicadas a cada residente con más de 20 años de estar viviendo en Los Libertadores.
Y es que de eso justamente se trata la legislación penal: de una caldera caliente, debido a sus incontables revoluciones por minuto, que la hacen inestable, desconocida y, por momentos, hasta huérfana e indefensa. Sí, a nuestra legislación penal ya no le resulta fácil encontrar padres adoptivos en el hospicio, pues ya nadie apuesta nada por ella, porque nadie sabe cómo terminará al caer la noche y, previsiblemente, tampoco nadie apostará nada por la forma cómo amanecerá.
Esta es la realidad de la legislación punitiva del país comprimida primordialmente en el Código Penal, que ha pasado de ser un auténtico Código a derivar en una simple compilación de normas penales incongruentes e inequitativas. Tan frágil condición es consecuencia directa de las 34 leyes que se han aprobado desde 1983, cuando entró a regir, hasta el presente, que han afectado unos 198 de sus preceptos normativos, suma que incluye unas 60 modificaciones directas, más de 100 adiciones, otras 20 subrogaciones y casi una docena de artículos derogados; todo ello sin considerar algunos que han sido afectados por fallos de inconstitucionalidad proferidos por la Corte Suprema de Justicia. El saldo de tan permanente mutación es un Código alterado en más del 50% de sus 394 artículos originales, en poco más de 22 años de vigencia, nada comparable al largo periodo del adoptado en 1922.
Durante este tiempo, el Código ha recibido adiciones globales, con la incorporación de nuevos capítulos y títulos completos y hasta ha sido afectado por fenómenos curiosos, como lo fue la adición en dos ocasiones de un título denominado "Disposiciones Finales", porque fue necesario correr, sucesivamente, los últimos artículos del Código para dar lugar a nuevos. Y lo peor está por venir.
A juzgar por las numerosas propuestas de ley orientadas a reformar el Código Penal, todo parece indicar que la tendencia reformista se mantendrá inalterable. La sociedad ha convertido la reforma al Código, particularmente en lo concerniente al incremento de la pena, en la única política penal del Estado como solución ante el incremento desmedido de la delincuencia criolla o la organizada.
Hoy no nos encontramos frente a un Código Penal, sino ante un conjunto de leyes con efectos punitivos, con los concebidos riesgos que supone contar con delitos que son tan inconsistentes en su contenido preceptivo, como pasajeros en su periodo de vigencia. Por eso, es preciso plantearse la posibilidad de postergar toda reforma parcial al mencionado código, a efectos de conjugar esfuerzos que terminen en la adopción de uno nuevo, producto de un minucioso y prolijo estudio especializado, de suerte que no sobrevenga obsoleto en el preciso momento en que empiece a regir.
En medio de tantas tribulaciones con las que irremediablemente tenemos que vivir, queda claro que todo abogado, operador de justicia y jurista, tiene sobrados motivos para no olvidar el primer mandamiento del Decálogo de Couture, pues de no ponerlo en práctica, cada día serán "un poco menos abogado".
(agonzalezgomez@cableonda.net)
Morales explicó que de no recibir una respuesta del gobierno central, este lunes procederán a cerrar la vía Ricardo J. Alfaro, porque no tolerarán que residentes con más de 28 años de vivir allí, tengan que soportar en sus propias casas problemas sociales.
Kenneth Melgar, esta en desacuerdo con el hecho de que jamás se le haya otorgado a él un apartamento cuando tiene una vida de residir allí, y "personas del mal vivir vienen y se quedan aquí sin ningún inconveniente".
Los moradores se están organizando para solucionar este problema que causa mala imagen al edificio.
"Cuando llegamos a estos apartamentos, las autoridades nos solicitaron un sinnúmero de requisitos; yo he cancelado ya mi apartamento en 23 mil balboas y no concibo que las autoridades del Banco Hipotecario hayan dado apartamentos a personas que no cumplan con las disposiciones a aplicadas a cada residente con más de 20 años de estar viviendo en Los Libertadores.