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Coherencia y participación


LA GENTE PERCIBE que en los gobernantes existe una distancia entre lo que se promete y lo que se hace. El discurso es muy grandilocuente cuando se está abajo, pero cuando se llega arriba se acomodan, porque en realidad no existió la coherencia necesaria y suficiente entre los actos y las palabras.
El estudio, la escolaridad, no necesariamente garantiza que la persona tenga más calidad humana; pero sí ayuda, sobre todo cuando están presentes los valores, cultura democrática, las actitudes, sin las cuales el proceso será incompleto y parcial.
En pocas palabras, cuanto más coherencia haya entre lo que se dice y lo que se piensa, entre el liderazgo y la base, y mientras más se establezcan mecanismos de control, de rendición de cuentas y de contraloría de la base sobre los dirigentes -no en el sentido de disciplinamiento férreo, sino como forma de influir, de consulta-, habrá menos peligro de que una elite que sube pierda los hilos que la atan a su base y a su compromiso con la gente.
¿Cómo mantener control democrático sobre los líderes? Ninguna fórmula es infalible, pues siempre estamos tratando con seres humanos, y cuando se cae en el ámbito de la ambición desmedida pueden ocurrir muchas cosas.
Una vez un ex guerrillero convertido a ministro en un país centroamericano me comentó que para él era más fácil estar en la guerrilla, tirando tiros en la selva, mojado día y noche... El poder es más difícil en todo el sentido de la palabra, porque ahí la tentación, la comodidad, las posibilidades están constantemente atrayéndote. Allá era una lucha de vida o muerte, pero el poder de hoy es más difícil, pues está lleno de mediaciones, de provocaciones en las que es muy fácil caer.
Un ejemplo el caso del ex presidente Aristide en Haití, que fue en su momento inicial todo un fenómeno político, pues prometía ser uno de los dirigentes más consecuentes de América Latina, tanto por su origen como por su trayectoria ¿Cómo se perdió Aristide? ¿Cuándo se perdió? Cuentan los propios haitianos que cuando entró al poder y comenzó a relacionarse, y a alejarse de sus ideas y acciones originales. Luego se exilió fue aún peor, pues se ligó con una serie de intereses y de personas que lo absorbieron. Cuando regresó ya era otro. Claro que nadie puede afirmar inmunidad para no sucumbir ante este tipo de situaciones. Por lo que una permanente introspección y discernimiento ligados al desarrollo de la capacidad democrática de la población de envolver a sus dirigentes es una tarea por desarrollar. ¿Cómo generar un liderazgo democrático, también conocido como compartido? Es ahí donde la metodología de la educación popular puede juega un papel importante, ya que con los métodos tradicionales de educación se exalta el líder como el que más sabe y el que toma las decisiones, y en el fondo se propende al autoritarismo e individualismo.
La educación popular genera mayor participación activa, y si todos, el que más sabe y el que menos sabe pueden participar activamente en la práctica y construcción del conocimiento, se estará generando una mayor capacidad colectiva de liderazgo.
¿Cómo propiciar liderazgos en esa práctica y promover que los líderes se comuniquen con la gente, que tengan en cuenta las demás opiniones para tomar una decisión?
La participación tiene tres niveles: el primero es la información transparente, pues la gente debe estar al día de lo que ocurre y por qué ocurre. Algunos piensan que hasta ahí llegó la participación. El segundo nivel es la consulta, donde la legitimidad generada es todavía mayor. Esto implica consultar la opinión de las personas antes de tomar la decisión, pero además que la gente sienta que su opinión sí puede cambiar la propuesta original.
En Panamá, el origen de la crisis de la Caja de Seguro Social (CSS) fue precisamente la falta de consulta adecuada. La gente sintió que se había tomado una decisión sin ser tenida en cuenta. Hoy, las personas son más sensibles al tema que antes, ya no les gusta que se tomen decisiones de forma vertical y excluyente. El tercer nivel es lo que se llama el consenso, una forma de participación que significa ingresar al mecanismo de toma de decisiones en sus diversos niveles.
Cierto que el camino democrático de la participación activa y la educación popular es más lento, pero al fin y al cabo todos coinciden que genera capacidad de apropiación, crecimiento y legitimidad, que no es lo mismo que legalidad. Se puede ser legal y no ser legítimo, se puede ser un dirigente porque se obtienes los votos en un congreso, pero resulta que después la gente no le hace caso, no le toma en cuenta, porque las personas sienten que no están siendo realmente representadas. Entonces se pierde la legitimidad, y el dirigente tiene que buscarla con la participación. Claro que no se puede abrir la puerta abruptamente a la total participación. Hay que buscar una estrategia gradual de educación, de debate, de inclusión, donde se vaya generando una cultura participativa, entendiendo que la participación exige mucha responsabilidad.
raulleisr@hotmail.com

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