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Coiba, paraíso perdido


Durante los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI, he visitado el Parque Nacional Coiba por diversos motivos; pero todos relacionados con su majestuosa fauna submarina. Desde isla Pájaros hasta isla Jicarón, evaluando, contando, fotografiando y filmando la exuberante vida bajo sus olas. Lo realmente extraordinario de esta región son sus habitantes marinos. Enormes, abundantes, amistosos e impresionantes. En mis más de 32 años de estar buceando (24 años enseñando), estudiando y trabajando bajo el mar, y visitando los fondos marinos de más de 10 países, nunca he encontrado ningún destino de buceo tan impactante. Pero ésta es sólo mi opinión.
No es de sorprender que toda clase de inversionistas de turismo internacional desee Coiba, la joya de Pacífico oriental tropical. Todos la desean. Pero como panameños es nuestro deber protegerla. Es un paraíso, y es nuestro deber conservarlo así: paradisíaco. Es un hecho bien documentado que los destinos turísticos sobre utilizados sufren consecuencias, muchas veces irreversibles. Los animales que deseamos tanto ver se van, emigran del área; pues nosotros mismos, con nuestra presencia, alteramos las condiciones que les permitían habitar el sitio. Esto es más que una opinión.
La Asociación Oceánica de Panamá, la ONG sin fines de lucro panameña dedicada desde 1991 exclusiva y voluntariamente a la protección, conservación, investigación y exploración de nuestros ecosistemas marinos nacionales, apoyamos incondicionalmente la creación por ley, del Parque Nacional Coiba. Es nuestro deber proteger el paraíso, para que las siguientes generaciones tengan los mismos privilegios que nosotros. Poder visitar unos de los pocos ecosistemas marinos casi inalterados antropogénicamente. Nuestros hijos podrán asombrarse por la majestuosidad imperante de sus habitantes. Esta es una obligación.
No malinterpreten nuestras palabras. El Parque se puede visitar. Pero hay que protegerlo, llevándose solo imágenes y recuerdos, dejando sólo burbujas de aire que asciendan a la superficie de sus aguas. Los escasos beneficios que se pudiesen destilar de entregar la virginidad de nuestro paraíso palidecen en comparación al permanente recurso biológico y turístico de nuestra Coiba. De tal manera que, aunque pudiese ser una visita turística, no debe ser un destino.
Como parque, tenemos que visitarlo sin modificarlo, disfrutarlo sin destruirlo. Este paraíso es de todos los panameños. Y como tal, solamente todos los panameños, y no unos cuantos gobernantes, debemos decidir su destino.
Pregúntenos, a ver cómo nos sentimos. Se supone que estamos en una democracia, del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.
¡Pero, al fin y al cabo, ésta es sólo mi opinión!

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