Cojan el trompo con la uña...
Años atrás no existían juegos electrónicos ni computarizados como hoy día. Nos limitábamos a pasar el tiempo jugando la rayuela, el guacho, el pix y el trompo (tanto niñas como niños) y de manera sana nos distraíamos, dependiendo de lo que la mayoría quería jugar. Los tiempos han cambiando y ahora esos juegos son cosas del pasado y recuerdos imborrables, en las mentes de quienes los practicamos. De igual forma, toda la vida ha sufrido modificaciones. Incluyendo las administraciones gubernamentales, como es el caso de la Caja de Seguro Social (CSS).
Dicha institución fue creada en el primer gobierno de Arnulfo Arias Madrid, por sugerencia de don Manuel María Valdés, con el propósito de ofrecer a los “trabajadores que se acogieran al plan de beneficios de atención médica, posterior a sus largos años de laborar, una pensión que les permitiera vivir decorosamente, el resto de sus vidas”. El espíritu de la institución estaba en que el asegurado contase, en todo momento, con una asistencia médica individual, producto de un sistema de socialización. Es decir, que entre todos aportaran los recursos para atender a quienes en un momento dado lo necesitasen y que, llegada la época de ser un “estorbo” para la familia, tuviera la posibilidad de mantenerse por sí solo. Con este concepto nace la CSS, única y exclusivamente para los asegurados. Pero todo el derrumbe económico se inicia cuando le cayeron a la institución como “aves de rapiña” por contar ésta, en esos momentos, con los fondos necesarios para solventar apetitos de hacer dinero y complacer deseos personales.
A esto debemos sumarle los siguientes gobiernos que convirtieron y siguen convirtiendo a la CSS en su “Caja Menuda”. Pero todo no termina allí. Durante los años de funcionamiento de la Institución se le han hecho más de cien enmiendas legales, para ajustarlas a los requerimientos de los gobiernos de turno. Y lo peor de todo es la carga impositiva que le han endilgado, de asumir la atención médica de los “beneficiarios” de los asegurados, llegando a ser aproximadamente cinco, por cada uno de los que pagamos una cuota.
Con esta medida el gobierno se desligó de la responsabilidad que le consagra la Constitución de garantizar la salud pública a todos y cada uno de los ciudadanos que residimos en Panamá. Es de esperarse que el servicio brindado a quienes no pagan una cuota, a la postre, consumirá todos los recursos y no existirá transfusión económica que se le inyecte que pueda solventar la situación. Si analizamos con detenimiento la situación de la CSS, veremos que los responsables directos de su caótica crisis han sido, única y exclusivamente, los gobiernos. Primero, por no asumir plenamente su rol de responsables de la salubridad del pueblo y, en segundo lugar, la irresponsabilidad de no cubrir sus cuotas patronales. Y aunque en estos momentos lo hicieran, tampoco sería la solución a la problemática. Debemos añadir que en los últimos meses el tema de la CSS ha sido tocado por múltiples personas, de diferentes especialidades profesionales e incluso, recientemente, leímos un nuevo “Nostradamus”; “vaticinando que la CSS colapsará en el año 13, de este siglo”.
Algo que resulta cómico, porque no existe en la actualidad economista o actuario alguno que pueda predecir lo que sucederá en los próximos años. El mundo está girando de forma tal que resulta irónico determinar lo que nos depara el futuro.
En lo que sí estamos de acuerdo, con el “moderno agorero, es que la Institución está al borde del colapso, si todos los panameños no hacemos algo para salvarla. Aceptando la premisa de que la mayor responsabilidad de la situación dramática de CSS la tienen los gobiernos, pregunto: ¿por qué insistir en que la CSS debe ser manejada por el gobierno? ¿De quién es realmente la institución? ¿Quiénes son sus dueños? Respondo: Debe retirarse al Gobierno de la Administración de la CSS. Se debe convertir en lo que es: Patrono.
La CSS pertenece a los asegurados y patronos, quienes son realmente sus dueños. Entonces, ¿por qué insistir en que no debe ser privatizada? Realmente es una entidad privada, desde todo punto de vista; ya que el gobierno lo único que hace es nombrar a sus directores y sangrarla. Porque incluso su supervisión auditora, por parte de la Contraloría, es deficiente.
Para salvar a la CSS hay que amarrarse los pantalones. Es necesario tomar decisiones correctivas y de aplicación inmediata. En este sentido tenemos lo siguiente:
Primero: Sacar al gobierno de la Administración de la CSS. Debe ser un “empleador”, única y exclusivamente. Segundo: Crear un organismo dirigido, manejado y administrado por los patronos, asegurados, pensionados y jubilados. Para lo cual se crearía un sistema de administración, manejo y operación con base a una reglamentación acordada y aprobada por todo partícipe de la Institución. Para esto, se organizarían asociaciones de estos entes, en todas las provincias. Las disposiciones que se proyecten ejecutar deben tener la aprobación de todos los asegurados, patronos, pensionados y jubilados.
Tercero: Durante un período determinado, de acuerdo con estudios actuariales y económicos, se proyectaría la disminución gradual de los servicios a los beneficiarios y así dar tiempo al gobierno de planificar y ejecutar los programas de reestructuración y organización, para que asuma su rol constitucional de ser garantes de la salud del pueblo, íntegramente.
Cuarto: Permitir a todo asegurado tener derecho a un beneficiario y pagar una cuota mensual adicional que se establecería, previo cálculos actuariales, por cada miembro extra. Esto podría ser permitido durante el tiempo que ese beneficiario se convierta en asegurado.
Quinto: El manejo íntegro de la Institución estaría sujeto a la aprobación por parte de todos y cada uno de los asegurados, patronos, pensionados y jubilados, para lo cual se crearían los procedimientos administrativos de controles férreos, que impedirían la ejecución de planes de corrupción. Y señores: de que es posible lo es.
Somos conscientes que para salvar a la CSS hay que tomar medidas drásticas y severas, sin importar quién esté de por medio porque la CSS es, debe y será sólo para los miembros que pagamos una cuota mensual; esperando contar con la mejor atención médica, hospitalaria y de una vejez garantizada.
Pueblo panameño: Igual que hicimos para recuperar nuestra soberanía total en el territorio nacional debemos unirnos, en un solo haz de voluntades, y salvar nuestra Institución. Cojamos el trompo con la uña.
(joseamadorvelarde@hotmail.com)
No obstante, siempre hay hombres o mujeres que perdonan a su pareja infiel, pero por lo general ellos (los infieles) se vuelven reincidentes, con lo cual se vuelven a contratar los servicios del investigador, dijo el entrevistado.
Las mujeres son, en la opinión muy especializada de Müller, las que mejores tácticas emplean a la hora de ser infieles. Explicó que, por lo general, el hombre es más descarado y tiene más facilidades para no ser fiel, mientras que la mujer se cuida mucho de que la vean.
Una excusa empleada por las mujeres infieles, según el entrevistado, es que señalan que van al supermercado; pero ese tiempo lo aprovechan para verse con su amante. Es usual entre hombres y mujeres infieles el uso de papel ahumado en sus carros, con lo cual si van acompañados por la amante o el amante, no puedan ser identificados.
Dicha institución fue creada en el primer gobierno de Arnulfo Arias Madrid, por sugerencia de don Manuel María Valdés, con el propósito de ofrecer a los “trabajadores que se acogieran al plan de beneficios de atención médica, posterior a sus largos años de laborar, una pensión que les permitiera vivir decorosamente, el resto de sus vidas”. El espíritu de la institución estaba en que el asegurado contase, en todo momento, con una asistencia médica individual, producto de un sistema de socialización. Es decir, que entre todos aportaran los recursos para atender a quienes en un momento dado lo necesitasen y que, llegada la época de ser un “estorbo” para la familia, tuviera la posibilidad de mantenerse por sí solo. Con este concepto nace la CSS, única y exclusivamente para los asegurados. Pero todo el derrumbe económico se inicia cuando le cayeron a la institución como “aves de rapiña” por contar ésta, en esos momentos, con los fondos necesarios para solventar apetitos de hacer dinero y complacer deseos personales.
A esto debemos sumarle los siguientes gobiernos que convirtieron y siguen convirtiendo a la CSS en su “Caja Menuda”. Pero todo no termina allí. Durante los años de funcionamiento de la Institución se le han hecho más de cien enmiendas legales, para ajustarlas a los requerimientos de los gobiernos de turno. Y lo peor de todo es la carga impositiva que le han endilgado, de asumir la atención médica de los “beneficiarios” de los asegurados, llegando a ser aproximadamente cinco, por cada uno de los que pagamos una cuota.
Con esta medida el gobierno se desligó de la responsabilidad que le consagra la Constitución de garantizar la salud pública a todos y cada uno de los ciudadanos que residimos en Panamá. Es de esperarse que el servicio brindado a quienes no pagan una cuota, a la postre, consumirá todos los recursos y no existirá transfusión económica que se le inyecte que pueda solventar la situación. Si analizamos con detenimiento la situación de la CSS, veremos que los responsables directos de su caótica crisis han sido, única y exclusivamente, los gobiernos. Primero, por no asumir plenamente su rol de responsables de la salubridad del pueblo y, en segundo lugar, la irresponsabilidad de no cubrir sus cuotas patronales. Y aunque en estos momentos lo hicieran, tampoco sería la solución a la problemática. Debemos añadir que en los últimos meses el tema de la CSS ha sido tocado por múltiples personas, de diferentes especialidades profesionales e incluso, recientemente, leímos un nuevo “Nostradamus”; “vaticinando que la CSS colapsará en el año 13, de este siglo”.
Algo que resulta cómico, porque no existe en la actualidad economista o actuario alguno que pueda predecir lo que sucederá en los próximos años. El mundo está girando de forma tal que resulta irónico determinar lo que nos depara el futuro.
En lo que sí estamos de acuerdo, con el “moderno agorero, es que la Institución está al borde del colapso, si todos los panameños no hacemos algo para salvarla. Aceptando la premisa de que la mayor responsabilidad de la situación dramática de CSS la tienen los gobiernos, pregunto: ¿por qué insistir en que la CSS debe ser manejada por el gobierno? ¿De quién es realmente la institución? ¿Quiénes son sus dueños? Respondo: Debe retirarse al Gobierno de la Administración de la CSS. Se debe convertir en lo que es: Patrono.
La CSS pertenece a los asegurados y patronos, quienes son realmente sus dueños. Entonces, ¿por qué insistir en que no debe ser privatizada? Realmente es una entidad privada, desde todo punto de vista; ya que el gobierno lo único que hace es nombrar a sus directores y sangrarla. Porque incluso su supervisión auditora, por parte de la Contraloría, es deficiente.
Para salvar a la CSS hay que amarrarse los pantalones. Es necesario tomar decisiones correctivas y de aplicación inmediata. En este sentido tenemos lo siguiente:
Primero: Sacar al gobierno de la Administración de la CSS. Debe ser un “empleador”, única y exclusivamente. Segundo: Crear un organismo dirigido, manejado y administrado por los patronos, asegurados, pensionados y jubilados. Para lo cual se crearía un sistema de administración, manejo y operación con base a una reglamentación acordada y aprobada por todo partícipe de la Institución. Para esto, se organizarían asociaciones de estos entes, en todas las provincias. Las disposiciones que se proyecten ejecutar deben tener la aprobación de todos los asegurados, patronos, pensionados y jubilados.
Tercero: Durante un período determinado, de acuerdo con estudios actuariales y económicos, se proyectaría la disminución gradual de los servicios a los beneficiarios y así dar tiempo al gobierno de planificar y ejecutar los programas de reestructuración y organización, para que asuma su rol constitucional de ser garantes de la salud del pueblo, íntegramente.
Cuarto: Permitir a todo asegurado tener derecho a un beneficiario y pagar una cuota mensual adicional que se establecería, previo cálculos actuariales, por cada miembro extra. Esto podría ser permitido durante el tiempo que ese beneficiario se convierta en asegurado.
Quinto: El manejo íntegro de la Institución estaría sujeto a la aprobación por parte de todos y cada uno de los asegurados, patronos, pensionados y jubilados, para lo cual se crearían los procedimientos administrativos de controles férreos, que impedirían la ejecución de planes de corrupción. Y señores: de que es posible lo es.
Somos conscientes que para salvar a la CSS hay que tomar medidas drásticas y severas, sin importar quién esté de por medio porque la CSS es, debe y será sólo para los miembros que pagamos una cuota mensual; esperando contar con la mejor atención médica, hospitalaria y de una vejez garantizada.
Pueblo panameño: Igual que hicimos para recuperar nuestra soberanía total en el territorio nacional debemos unirnos, en un solo haz de voluntades, y salvar nuestra Institución. Cojamos el trompo con la uña.
(joseamadorvelarde@hotmail.com)
No obstante, siempre hay hombres o mujeres que perdonan a su pareja infiel, pero por lo general ellos (los infieles) se vuelven reincidentes, con lo cual se vuelven a contratar los servicios del investigador, dijo el entrevistado.
Las mujeres son, en la opinión muy especializada de Müller, las que mejores tácticas emplean a la hora de ser infieles. Explicó que, por lo general, el hombre es más descarado y tiene más facilidades para no ser fiel, mientras que la mujer se cuida mucho de que la vean.
Una excusa empleada por las mujeres infieles, según el entrevistado, es que señalan que van al supermercado; pero ese tiempo lo aprovechan para verse con su amante. Es usual entre hombres y mujeres infieles el uso de papel ahumado en sus carros, con lo cual si van acompañados por la amante o el amante, no puedan ser identificados.