Colega, ¿disfrutaste tu día? era para ti
El 21 de mayo se celebró el Día del Médico; fue escogido ese día por ser la fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Siempre ha sido un día glorioso y muchas personas me felicitan como si fuera mi cumpleaños; así lo siento; me alegra que me recuerden y se sientan satisfechos de mi profesión como yo lo he estado siempre. Para eso me quemé las pestañas durante muchos años y durante 40 más me quemé la vida igual que todos mis colegas.
Si volviera a comenzar una carrera a mis 18 años, escogería la misma. Durante mis años de ejercicio profesional tuve frustraciones y satisfacciones; disgustos y alegrías; luchas y beneficios; sacrificios y deberes cumplidos por los cuales me sentí contenta. Cada vez que encuentro un o una paciente antigua y me dice que lo o la operé o atendí en mis tiempos idos, me da una sensación de no haber terminado mi labor en la vida y todavía tengo mucho por hacer. La formación que recibimos como médicos nos lleva a servir a los demás desinteresadamente, a ofrecer de nosotros hasta lo que no tenemos para salvar lo más preciado que es la vida. Ocupé altos cargos que me enorgullecen.
Durante mis años de profesión médica sentí el cariño de mis colegas, el respeto de los mismos y de mis pacientes. ¿Cometí errores? quién no ya que nadie es perfecto; sin embargo, fueron más los aciertos y estoy feliz de ellos. Ahora he cambiado de toldas; si hubiera querido seguir ejerciendo la medicina, no me hubiera retirado. Ahora siento que sirvo a mis coterráneos desde otros puntos: escribo, enseño diariamente, continúo formando jóvenes con sugerencias ganadas por la experiencia y sirvo a mi país siendo una política honesta.
Nuestra profesión fue querida por la sociedad, respetada por todos y colocada en un sitial que nos habíamos ganado con nuestras obligaciones cumplidas. Hoy se ha vuelto controversial porque la situación ha variado casi 180 grados, lo que lleva a mis colegas a un ejercicio diferente. El exceso de médicos para las facilidades que existen, los hace, en pocas veces, cometer errores éticos que no son justificados, pero sí entendibles.
Hace varias décadas los gremios médicos ocupamos un lugar sobresaliente en la vida del país y en la lucha ardua contra la dictadura militar. Hoy estos gremios han abandonado la lucha o la han equivocado. Por influencias externas hemos perdido un poco el respeto de nuestros pacientes y, aquella relación que guardábamos entre ellos y nosotros, la han desbaratado ciertos políticos inescrupulosos con el fin de ganar simpatías sobre la base de quitarlas a otros. Aunque hayan pasado tres días después del 21 de mayo, hago un llamado a mis colegas para que ocupemos nuevamente ese lugar privilegiado en la sociedad, en el corazón de nuestros pacientes; para que recuperemos el respeto de las autoridades de salud que buscan deshumanizar la medicina haciendo de los médicos empleados públicos de tercera categoría. Si mis colegas se proponen recuperar su posición, volveremos a ser los salvadores de vida, los dadores de salud y, por lo tanto, un ser muy importante en la vida de cada ser humano que nos necesita.
Hace unos días tenía hospitalizada una sobrina que, un día se sintió deprimida por su falta de salud; bastó que llegaran sus médicos, le conversaran, le informaran que sus últimos exámenes habían salido bien, que cambió enseguida su humor, su cara y sus esperanzas. Eso somos los médicos: curamos cuerpos y almas porque muchos hacemos el papel de confesores, a veces de problemas que no atañen a la enfermedad que tienen. Por esto felicito a todos los médicos panameños que trabajan arduamente para dar salud, para suplantar las deficiencias de las autoridades y de las instituciones y que son perseguidos en vez de ser buscados para, en mancuerna, sacar adelante al país.
Espero mejores días para la que fue la profesión que ejercí y que sigue siéndolo; mejores días para los gremios y consideración para los sacrificios que hacemos por nuestros pacientes, no sólo cuando los salvamos sino también cuando somos los que escuchamos los dolores del alma. Loor a mis colegas.
marisin@movistar.com.pa
La explicación anterior fue dada por el encargado de revisar que no ingresen personas con armas al local.
A eso de las 11: 00 p.m. esas mesas estaban desocupadas; sin embargo, adentro del local, varios clientes fumaban sin reparo.
La respuesta de uno de los meseros al ser consultado sobre las normas que prohíben fumar en sitios cerrados fue sólo, encogerse de hombros, sonreir y seguir atendiendo otros clientes.
Si volviera a comenzar una carrera a mis 18 años, escogería la misma. Durante mis años de ejercicio profesional tuve frustraciones y satisfacciones; disgustos y alegrías; luchas y beneficios; sacrificios y deberes cumplidos por los cuales me sentí contenta. Cada vez que encuentro un o una paciente antigua y me dice que lo o la operé o atendí en mis tiempos idos, me da una sensación de no haber terminado mi labor en la vida y todavía tengo mucho por hacer. La formación que recibimos como médicos nos lleva a servir a los demás desinteresadamente, a ofrecer de nosotros hasta lo que no tenemos para salvar lo más preciado que es la vida. Ocupé altos cargos que me enorgullecen.
Durante mis años de profesión médica sentí el cariño de mis colegas, el respeto de los mismos y de mis pacientes. ¿Cometí errores? quién no ya que nadie es perfecto; sin embargo, fueron más los aciertos y estoy feliz de ellos. Ahora he cambiado de toldas; si hubiera querido seguir ejerciendo la medicina, no me hubiera retirado. Ahora siento que sirvo a mis coterráneos desde otros puntos: escribo, enseño diariamente, continúo formando jóvenes con sugerencias ganadas por la experiencia y sirvo a mi país siendo una política honesta.
Nuestra profesión fue querida por la sociedad, respetada por todos y colocada en un sitial que nos habíamos ganado con nuestras obligaciones cumplidas. Hoy se ha vuelto controversial porque la situación ha variado casi 180 grados, lo que lleva a mis colegas a un ejercicio diferente. El exceso de médicos para las facilidades que existen, los hace, en pocas veces, cometer errores éticos que no son justificados, pero sí entendibles.
Hace varias décadas los gremios médicos ocupamos un lugar sobresaliente en la vida del país y en la lucha ardua contra la dictadura militar. Hoy estos gremios han abandonado la lucha o la han equivocado. Por influencias externas hemos perdido un poco el respeto de nuestros pacientes y, aquella relación que guardábamos entre ellos y nosotros, la han desbaratado ciertos políticos inescrupulosos con el fin de ganar simpatías sobre la base de quitarlas a otros. Aunque hayan pasado tres días después del 21 de mayo, hago un llamado a mis colegas para que ocupemos nuevamente ese lugar privilegiado en la sociedad, en el corazón de nuestros pacientes; para que recuperemos el respeto de las autoridades de salud que buscan deshumanizar la medicina haciendo de los médicos empleados públicos de tercera categoría. Si mis colegas se proponen recuperar su posición, volveremos a ser los salvadores de vida, los dadores de salud y, por lo tanto, un ser muy importante en la vida de cada ser humano que nos necesita.
Hace unos días tenía hospitalizada una sobrina que, un día se sintió deprimida por su falta de salud; bastó que llegaran sus médicos, le conversaran, le informaran que sus últimos exámenes habían salido bien, que cambió enseguida su humor, su cara y sus esperanzas. Eso somos los médicos: curamos cuerpos y almas porque muchos hacemos el papel de confesores, a veces de problemas que no atañen a la enfermedad que tienen. Por esto felicito a todos los médicos panameños que trabajan arduamente para dar salud, para suplantar las deficiencias de las autoridades y de las instituciones y que son perseguidos en vez de ser buscados para, en mancuerna, sacar adelante al país.
Espero mejores días para la que fue la profesión que ejercí y que sigue siéndolo; mejores días para los gremios y consideración para los sacrificios que hacemos por nuestros pacientes, no sólo cuando los salvamos sino también cuando somos los que escuchamos los dolores del alma. Loor a mis colegas.
marisin@movistar.com.pa
La explicación anterior fue dada por el encargado de revisar que no ingresen personas con armas al local.
A eso de las 11: 00 p.m. esas mesas estaban desocupadas; sin embargo, adentro del local, varios clientes fumaban sin reparo.
La respuesta de uno de los meseros al ser consultado sobre las normas que prohíben fumar en sitios cerrados fue sólo, encogerse de hombros, sonreir y seguir atendiendo otros clientes.