Colofón: El asesinato de la micha
Por supuesto, se trata de usar como un referente simbólico el reciente anuncio de que debido a la subida del precio del pan, alimento básico del pueblo, estamos viviendo los que serán los últimos días de "la micha".
Desde que el actual desgobierno asumió el poder, hace cuatro años, todo ha subido: el combustible, la canasta básica, la electricidad, el gas, los teléfonos, el agua, la tasa de la basura (aunque esté a punto de ahogarnos), los pasajes del transporte público; y también el desempleo, los impuestos para los pobres y la clase media (los ricos pagan proporcionalmente menos). En contraposición, los salarios y las pensiones bajan, pues al no crecer al ritmo de los precios, en términos reales, se reduce su poder adquisitivo.
A lo largo de los cuatro años que el señor que convive con las garzas "ha dirigido" el país, todo ha ido de mal para peor: las escuelas son un desastre; más de quince mil estudiantes no han podido empezar clases; en los hospitales públicos no hay los insumos básicos; centenares de panameños murieron envenenados por medicamentos que recibieron de la Caja de Seguro Social y del Ministerio de Salud; una treintena de pasajeros murieron atrapados en un bus como resultado de la negligencia oficial; niños de las zonas indígenas han muerto por hambre; las cárceles son mazmorras infrahumanas; y por cobardía política se sigue posponiendo enfrentar el caos del transporte; y, más recientemente, 700 bocatoreños y bocatoreñas se intoxicaron por beber agua contaminada con heces.
Si el nuestro fuera un país tan pobre como Haití, podrían entenderse, aunque no justificarse, las excusas, cada vez más frecuentes e irresponsables de los personeros gubernamentales; pero como no somos Haití y hay recursos presupuestarios en abundancia, no hay justificación que valga. Sólo a la incapacidad del señor Torrijos y su gobierno debemos el rosario de padecimientos que sufre nuestro país.
Y mientras el país padece por su incompetencia, el gobernante de turno cada día pasea más; practica un rampante nepotismo; distribuye prebendas y recursos del Estado para favorecer una interminable camada de "asesores", sin oficio pero con mucho beneficio, para ellos; la inseguridad monta a niveles de escándalo; y se cuecen y pelechan pingües negocios como los del Corredor Norte, la Autopista Panamá-Colón o el de la Cinta Costera, adjudicados con más sombras que luces, por cifras fuera de toda proporción y, además, comprometiendo avales oficiales.
En la vuelta de "la patria vieja", es decir, del anterior gobierno del PRD, de 1994 a 1999, se hicieron otros "buenos negocios" como el del Corredor Sur, plagado de defectos de construcción, por el que pagamos peajes de primer mundo; sufrimos un servicio de décima categoría; pero que produjo ganancias multimillonarias. En esta vuelta, la de "la patria nueva", la historia se ha repetido aumentada, pues ha habido "más grandes y buenos negocios", que se han tratado de tapar con despliegues demagógicos para embaucar el pueblo con dádivas y nuevas promesas. Pero la treta no les resultará. Quienes fueron sorprendidos por los cantos de sirena y las falsas promesas de campaña han abierto los ojos.
"Las hazañas" del PRD, "patria vieja o patria nueva", son interminables y ya los han retratado de cuerpo entero. A ellos, les debemos la escalada de precios que sangra sin misericordia el presupuesto de las familias pobres. Y no lo olvidaremos a la hora de votar. Y tampoco olvidaremos que durante su gestión, un alimento emblemático, como la micha de pan, fue sentenciada y murió asesinada por la incompetencia gubernamental.