Colombia: ¿Chispa para un incendio?
Entre Venezuela y Colombia transcurren acontecimientos frente a los que no se puede ser indiferente. Primero: la guerra verbal que comenzó entre los dos países en octubre, cuando el Palacio de Nariño tomó la decisión de suspender las gestiones mediadoras de Hugo Chávez y la parlamentaria Piedad Córdoba en el proceso humanitario para la liberación de los rehenes en manos de las FARC. Segundo: Recientemente, un tiroteo en la frontera común dejó un muerto del lado colombiano. Tercero: Chávez ha persistido en sus ataques contra Uribe, y desde Washington Piedad Córdoba denuncia un supuesto atentado contra su vida, formulado –dijo- por un alto funcionario colombiano, al que también señaló como vinculado a sectores golpistas venezolanos. Cuarto: Las FARC anuncian la liberación de tres rehenes, en una relación directa con los gobiernos de Caracas y París, sin responder a una propuesta del gobierno colombiano para la promoción de un encuentro de canje de rehenes, en lo que podría interpretarse como una calculada exclusión de la administración de Uribe como interlocutora.
Poca podría ser la preocupación si no fuera porque desde que cesaron los contactos entre Caracas y Bogotá, pareciera que el tema militar ha ido ganando espacio por encima de las posibilidades políticas. Mientras que las relaciones entre ambos países han pasado de frías a tensas, la opción de recuperar por la fuerza a los rehenes parece haber ido ganando terreno en Colombia, y con ello un riesgo adivinable, y que por lo mismo encierra mucha preocupación.
Desde Bogotá han pedido a Chávez que cese sus ataques contra el Gobierno colombiano, pero, herido por sus últimos reveses, es de esperar que Chávez siga con su tono de bravucón ofendido. Cuidado, no sólo en Caracas se puede sufrir de mal genio.