Colombia contra la subversión
El combate abierto contra los miembros de la FARC marca el inicio de una etapa decisiva en la estrategia política y militar del gobierno de Pastrana. La gota que rebasó la copa fue el secuestro de un avión y la retención del senador Jorge Eduardo Gechem Turbay, precisamente presidente de la Comisión de Paz del Senado. Pero los antecedentes justificaban la entrada en acción desde períodos anteriores, dado que, según dio a conocer Pastrana, el informe militar de las actividades de la guerrilla durante el proceso de paz revela que en ese lapso se construyeron 25 pistas ilegales de aterrizaje, y se amplió el área de cultivo de coca y amapola, sin mencionar los estallidos de coches bombas, secuestros de civiles y militares, extorsiones, voladuras de torres eléctricas, puentes y oleoductos, cobros de cupos en las carreteras, etc. Hubo, sin duda, un doble lenguaje de los dirigentes guerrilleros, uno de fingido propósito de pacificación y entendimiento político; otro de violencia y de complicidad con el narcotráfico.
Por otro lado, la nueva escalada militar del conflicto interno abarca también a los países fronterizos con Colombia, entre ellos Panamá. Ya hemos sentido la presión desencadenada por las incursiones de guerrilleros en territorio panameño, en forma de secuestros y extorsiones a ciudadanos panameños, ya en la modalidad de la migración de desplazados colombianos que llegan a las poblaciones fronterizas panameñas, huyendo del fuego encontrado de militares y subversivos. El Consejo de Seguridad de Panamá se ha declarado en emergencia para prever las consecuencias internas que se deriven del estallido del conflicto en una dimensión por ahora incalculable. El Gobierno Nacional, con el apoyo de las oficinas para refugiados de la ONU, debe evaluar cómo se brinda atención a nuevas oleadas de desplazados. Asimismo, debemos mantenernos ajenos, pero vigilantes, en cuanto a la opción de evitar que Darién se convierta en escenario de combate.
Por sobre todo, debemos respaldar al pueblo colombiano en esta hora trágica por los lazos históricos que nos unen, por la solidaridad internacional en el nivel bilateral y regional y por nuestra reconocida hospitalidad a los inversionistas que han elegido a este país por su estabilidad jurídica y política. Apoyamos la decisión del gobierno colombiano en defensa del ordenamiento constitucional. Pero lamentamos el enfrentamiento fratricida, formulando votos que sea mínimo el costo en vidas y bienes.
Por otro lado, la nueva escalada militar del conflicto interno abarca también a los países fronterizos con Colombia, entre ellos Panamá. Ya hemos sentido la presión desencadenada por las incursiones de guerrilleros en territorio panameño, en forma de secuestros y extorsiones a ciudadanos panameños, ya en la modalidad de la migración de desplazados colombianos que llegan a las poblaciones fronterizas panameñas, huyendo del fuego encontrado de militares y subversivos. El Consejo de Seguridad de Panamá se ha declarado en emergencia para prever las consecuencias internas que se deriven del estallido del conflicto en una dimensión por ahora incalculable. El Gobierno Nacional, con el apoyo de las oficinas para refugiados de la ONU, debe evaluar cómo se brinda atención a nuevas oleadas de desplazados. Asimismo, debemos mantenernos ajenos, pero vigilantes, en cuanto a la opción de evitar que Darién se convierta en escenario de combate.
Por sobre todo, debemos respaldar al pueblo colombiano en esta hora trágica por los lazos históricos que nos unen, por la solidaridad internacional en el nivel bilateral y regional y por nuestra reconocida hospitalidad a los inversionistas que han elegido a este país por su estabilidad jurídica y política. Apoyamos la decisión del gobierno colombiano en defensa del ordenamiento constitucional. Pero lamentamos el enfrentamiento fratricida, formulando votos que sea mínimo el costo en vidas y bienes.