Colombia, México y Brasil en el CMA
Al analizar como mero observador lo sucedido el pasado lunes 12 de enero en el marco de la reunión "informativa" con los Vicecancilleres de Colombia, México y Brasil de la visita del Negociador McNamara, me permito esbozar algunas consideraciones, con el ánimo de contribuir en el debate de tan sensitivo tema.
En las explicaciones que a lo largo de los meses hemos venido recibiendo de voceros del gobierno nacional, se tenía entendido (por lo menos yo así lo creía) que Panamá y los E.U. negociarían y pactarían, primero lo que en el interés de ambos países sería el CMA y luego iniciarían negociaciones con otros países latinoamericanos interesados y otros europeos (España y Alemania se dijo que tenían interés) en busca de la multilateralidad pretendida para el Centro. La multilateralidad se buscaba a través de negociaciones diferentes y adicionales, utilizando como referencia obligada los acuerdos bilaterales Panamá E.U. En varias ocasiones y reuniones escuché esta explicación.
Al escuchar las declaraciones de los tres Vicecancilleres, la del canciller Arias, las del ministro Ritter y el mensaje radial último del Señor Presidente, nos enteramos de que, so pretexto de lograr la multilateralidad inicial en el CMA, se dejaba sin cerrar el acuerdo ya convenido con E.U. (aún desconocido por los panameños) y se le daba la oportunidad a estos tres países para estudiar el documento, para luego abrir una ronda de negociaciones con ellos buscando un acuerdo de varios países desde el inicio. Sólo así el Centro tendría sentido y sin la participación de otros países del "centro no podría funcionar, o sus ventajas serían mínimas", citando al Primer Mandatario. Si este proceso nuevo no estaba concertado con E.U., es comprensible su supuesto disgusto, ya que es de esperar que los tres países exijan que se incluyan sus observaciones y puntos de vista sobre los ya acordado para verdaderamente ser Estados Partes, de manera multilateral.
Conozco un poco la manera como Colombia, México y Brasil funcionan en materia de negociaciones sobre temas de política exterior. Por ello, no vislumbro una negociación ni fácil ni rápida, salvo que esté todo arreglado, lo cual dista mucho de ser la realidad en mi opinión. Colombia está en una situación desesperada por mejorar su relación política con Washington. El tema del narcotráfico ha sido su principal causa de deterioro por lo que al entrar el CMA con pocas o ninguna reserva o exigencias, pudiera ser un buen bálsamo para comenzar a sanar heridas y, quien sabe, hasta lograr una certificación por razones de interés nacional el próximo mes de marzo. Sin embargo, no descarto planteamientos y sugerencias para ser tomadas en cuenta en la negociación.
En cuanto a México y Brasil, la cosa es diferente. Sus Cancillerías son formalistas y rigurosas. Como he manifestado antes, la cooperación internacional en materia de lucha antinarcotráfico, es minuciosamente analizada a efectos de dejar bien claro temas en torno a soberanía, jurisdicción y competencia. Es por eso que su eventual participación pasará estoy seguro, por celosas consideraciones. México y Brasil tienen un peso específico notorio en la adopción de decisiones sobre política exterior en todo el hemisferio, sin dejar de considerar su gran influencia en el Grupo de Rio por aquello del "consenso". No creo, salvo mejor criterio, que su decisión vaya a ser apresurada. Si en América Latina hay dos cancillerías con escuela, esas son México y Brasil.
Pienso que Panamá sigue avanzando con rumbo no sólo desconocido sino peligroso en torno al CMA. Si la realidad es como ahora se manifiesta y los tres países participarán de una negociación, el acuerdo en su conjunto, es decir con E.U. como contraparte inicial en el esquema multilateral, será difícil que se concrete a corto plazo. Esto puede producir (ojalá me equivoque) eventuales tensiones en Washington. Y por otro lado, si por presión de Washington, Panamá acepta firmar y avanzar el acuerdo con E.U. mientras los tres países negocian, no veo viable que esa negociación avance mayormente, produciéndose entonces un eventual estancamiento frente a esos tres países, dos de los cuales tienen capacidad para hacer sentir su disgusto en otras áreas de interés para Panamá dentro del contexto de las relaciones latinoamericanas sobre las que prefiero no especular.
Reconozco que el escenario actual no es fácil. Si los puntos difíciles de la negociación con E.U. (jurisdicción, comisariatos, garitas, viviendas, etc.) guardan relación o parecido con lo que existe hoy por virtud del Tratado de 1977, será poco probable que tales acuerdos se entiendan como algo distinto a lo que es una base militar, no importa la denominación. Si los tres países ven el Centro más como mecanismo de asociación y no como un compromiso de participación con todo lo que implica ser un Estado Parte, es poco probable que se logre la multilateralidad inicial ahora requerida por Panamá para dar nacimiento jurídico al Centro. Quizás la tendencia gire en torno a ver al CMA como algo de la sola incumbencia de Panamá y los E.U. y que, si llega a existir, lo podrán accesar a su conveniencia, pero sin compartir los costos y riesgos de la participación multilateral.
En todo caso, para Panamá lo que está en juego, entre otros importantes puntos, es que el resultado final de esta aventura no termine con afectar o deteriorar nuestras relaciones con E.U. en la etapa final de la transferencia canalera, en el evento de que el CMA no cristalice por las razones anotadas u otras que puedan emerger en las próximas semanas. Me preocupa la reacción de Washington y comparto la opinión de que nuestras relaciones con E.U. van a requerir de un manejo más cuidadoso en los próximos tiempos. Sólo Panamá tiene mucho que perder.
En las explicaciones que a lo largo de los meses hemos venido recibiendo de voceros del gobierno nacional, se tenía entendido (por lo menos yo así lo creía) que Panamá y los E.U. negociarían y pactarían, primero lo que en el interés de ambos países sería el CMA y luego iniciarían negociaciones con otros países latinoamericanos interesados y otros europeos (España y Alemania se dijo que tenían interés) en busca de la multilateralidad pretendida para el Centro. La multilateralidad se buscaba a través de negociaciones diferentes y adicionales, utilizando como referencia obligada los acuerdos bilaterales Panamá E.U. En varias ocasiones y reuniones escuché esta explicación.
Al escuchar las declaraciones de los tres Vicecancilleres, la del canciller Arias, las del ministro Ritter y el mensaje radial último del Señor Presidente, nos enteramos de que, so pretexto de lograr la multilateralidad inicial en el CMA, se dejaba sin cerrar el acuerdo ya convenido con E.U. (aún desconocido por los panameños) y se le daba la oportunidad a estos tres países para estudiar el documento, para luego abrir una ronda de negociaciones con ellos buscando un acuerdo de varios países desde el inicio. Sólo así el Centro tendría sentido y sin la participación de otros países del "centro no podría funcionar, o sus ventajas serían mínimas", citando al Primer Mandatario. Si este proceso nuevo no estaba concertado con E.U., es comprensible su supuesto disgusto, ya que es de esperar que los tres países exijan que se incluyan sus observaciones y puntos de vista sobre los ya acordado para verdaderamente ser Estados Partes, de manera multilateral.
Conozco un poco la manera como Colombia, México y Brasil funcionan en materia de negociaciones sobre temas de política exterior. Por ello, no vislumbro una negociación ni fácil ni rápida, salvo que esté todo arreglado, lo cual dista mucho de ser la realidad en mi opinión. Colombia está en una situación desesperada por mejorar su relación política con Washington. El tema del narcotráfico ha sido su principal causa de deterioro por lo que al entrar el CMA con pocas o ninguna reserva o exigencias, pudiera ser un buen bálsamo para comenzar a sanar heridas y, quien sabe, hasta lograr una certificación por razones de interés nacional el próximo mes de marzo. Sin embargo, no descarto planteamientos y sugerencias para ser tomadas en cuenta en la negociación.
En cuanto a México y Brasil, la cosa es diferente. Sus Cancillerías son formalistas y rigurosas. Como he manifestado antes, la cooperación internacional en materia de lucha antinarcotráfico, es minuciosamente analizada a efectos de dejar bien claro temas en torno a soberanía, jurisdicción y competencia. Es por eso que su eventual participación pasará estoy seguro, por celosas consideraciones. México y Brasil tienen un peso específico notorio en la adopción de decisiones sobre política exterior en todo el hemisferio, sin dejar de considerar su gran influencia en el Grupo de Rio por aquello del "consenso". No creo, salvo mejor criterio, que su decisión vaya a ser apresurada. Si en América Latina hay dos cancillerías con escuela, esas son México y Brasil.
Pienso que Panamá sigue avanzando con rumbo no sólo desconocido sino peligroso en torno al CMA. Si la realidad es como ahora se manifiesta y los tres países participarán de una negociación, el acuerdo en su conjunto, es decir con E.U. como contraparte inicial en el esquema multilateral, será difícil que se concrete a corto plazo. Esto puede producir (ojalá me equivoque) eventuales tensiones en Washington. Y por otro lado, si por presión de Washington, Panamá acepta firmar y avanzar el acuerdo con E.U. mientras los tres países negocian, no veo viable que esa negociación avance mayormente, produciéndose entonces un eventual estancamiento frente a esos tres países, dos de los cuales tienen capacidad para hacer sentir su disgusto en otras áreas de interés para Panamá dentro del contexto de las relaciones latinoamericanas sobre las que prefiero no especular.
Reconozco que el escenario actual no es fácil. Si los puntos difíciles de la negociación con E.U. (jurisdicción, comisariatos, garitas, viviendas, etc.) guardan relación o parecido con lo que existe hoy por virtud del Tratado de 1977, será poco probable que tales acuerdos se entiendan como algo distinto a lo que es una base militar, no importa la denominación. Si los tres países ven el Centro más como mecanismo de asociación y no como un compromiso de participación con todo lo que implica ser un Estado Parte, es poco probable que se logre la multilateralidad inicial ahora requerida por Panamá para dar nacimiento jurídico al Centro. Quizás la tendencia gire en torno a ver al CMA como algo de la sola incumbencia de Panamá y los E.U. y que, si llega a existir, lo podrán accesar a su conveniencia, pero sin compartir los costos y riesgos de la participación multilateral.
En todo caso, para Panamá lo que está en juego, entre otros importantes puntos, es que el resultado final de esta aventura no termine con afectar o deteriorar nuestras relaciones con E.U. en la etapa final de la transferencia canalera, en el evento de que el CMA no cristalice por las razones anotadas u otras que puedan emerger en las próximas semanas. Me preocupa la reacción de Washington y comparto la opinión de que nuestras relaciones con E.U. van a requerir de un manejo más cuidadoso en los próximos tiempos. Sólo Panamá tiene mucho que perder.