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Colombia, una oportunidad para la paz


EL GOBIERNO de Colombia ha dicho que ve con simpatías las ofertas de países amigos en el proceso de paz con los grupos guerrilleros. Recientemente Brasil y Venezuela han ofrecido su territorio para acoger a delegados del gobierno y de la guerrilla en el inicio de una posible gestión de paz. Ecuador, por su parte, dijo que solamente apoyará una solución política y pacífica al conflicto armado.
Antes de esas declaraciones el primer vicepresidente y ministro de Relaciones Exteriores, Samuel Lewis Navarro, había dicho en una entrevista de prensa, que el gobierno panameño está dispuesto a servir de facilitador para que se adelanten conversaciones entre el gobierno colombiano y las guerrillas.
"Es parte de la política exterior promovida por el presidente Martín Torrijos, el contribuir a la paz de la región y de nuestros vecinos", precisó.
Dentro de Colombia se ha creado un escenario para el inicio de negociaciones de paz, una noticia que es auspiciosa para un país agotado por la guerra y ansioso porque se generen condiciones para el cese de las hostilidades.
Los ex presidentes Alfonso López y Ernesto Samper, han trabajo con la discreción y la reserva necesarias para facilitar un pre diálogo con las FARC. El objetivo es alcanzar un acuerdo humanitario que ponga fin al largo calvario de decenas de secuestrados en manos de la guerrilla, incluyendo tres mercenarios estadounidenses, y los presos políticos vinculados a los insurgentes que guardan prisión en las cárceles colombianas.
Aunque las FARC han insistido en que solo discutirá un acuerdo humanitario directamente con el gobierno colombiano, esa posición por ahora rígida puede flexibilizarse con el paso de los días. Además no hay que menospreciar la enorme presión que ejerce la opinión pública internacional y sus efectos en los espacios políticos con que cuentan las FARC dentro de su Colombia.
El presidente Alvaro Uribe, por otro lado, autorizó la excarcelación del vocero del ELN, Francisco Galán, con el objetivo de que coordine en los próximos meses con el comando central una posible negociación de paz.
Galán dijo que su tarea es construir una agenda teórico práctica que permita acercar posiciones en temas como las causas que originaron el conflicto armado e incorporar a otros actores al proceso dado que la paz no es un compromiso únicamente entre el gobierno y la guerrilla.
También debe negociar la crisis humanitaria y el impacto del conflicto interno en la población, junto con el proceso de los paramilitares para que no sea interpretado como un compromiso de impunidad.
La iniciativa de Uribe con el ELN se produjo luego de que se cerraran las puertas a la mediación que se adelantaba con el gobierno de México. Galán había insistido en que para impulsar el proceso negociador era necesario ampliar el marco de discusión e incorporar temas sociales y políticos con la sociedad civil.
Uribe fue más allá y dijo que si lo guerrilleros estaban de acuerdo en decretar un cese al fuego, no tendría inconvenientes en aceptar que en el país hay un conflicto armado, lo cual le confiere estatus político al ELN, genera mayor confianza y prepara el camino para enseriar las negociaciones.
Esta es una nueva oportunidad para el proceso de paz en Colombia. Además, como escribió recientemente el analista político colombiano León Valencia, no le queda bien al ELN rechazar nuevamente la oferta de diálogo porque una parte importante de las exigencias que ha hecho a lo largo del gobierno de Uribe, para iniciar un proceso de paz, le han sido concedidas. Los críticos podrán argumentar que lo que Uribe intenta es legitimar los acuerdos de paz con los paramilitares. Pero hay que considerar también que la iniciativa es un reto para el propio Uribe y la sociedad colombiana en general.
Como sostuvo Valencia, el ELN tiene una valiosa oportunidad de desarrollar nexos con la sociedad civil y con la comunidad internacional que ha sido su obsesión en los últimos anos. Tiene la oportunidad de meterse en la política y superar ese limbo desastroso de no estar ni en la guerra ni en la paz.
En ese proceso la facilitación y verificación la comunidad internacional, particularmente de países vecinos, como Panamá, puede jugar un papel destacado en favor de un arreglo político para propiciar la paz en la atribulada Colombia.

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