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Colombia votó contra el continuismo


Superando encuestas que a pocos días del evento lo daban perdedor por estrecho margen, el conservador Andrés Pastrana alcanzó un apretado triunfo sobre su favorito rival liberal, Horacio Serpa, al lograr captar un 51% de los sufragios emitidos, superándolo por sólo medio millón de votos.
En una nación mayoritariamente liberal, y con tan alta concurrencia de 60%, la mayor en la historia de Colombia, es fácil concluir que el presidente conservador electo llega al poder gracias a los votos liberales que hicieron la diferencia y que le permitieron remontar una tendencia constantemente estrecha en un marco de amplia abstención prevista en las encuestas a pocos días del evento.
Casi a último momento, Noemí Sanín, la candidata independiente que había sorprendido al mundo con su altísima votación en la primera vuelta, había endosado la candidatura de Pastrana, invitando a sus compatriotas a votar por el cambio.
Serpa hasta ese momento, gracias a la supremacía liberal, la misma del actual presidente Ernesto Samper, liderizaba las encuestas, pese a ser identificado con el continuismo y su pesada carga de acusaciones de corrupción, recrudecimiento de la violencia y la crisis económica que agobiaron al mandatario saliente.
Otro detalle relevante, además del valioso apoyo de Noemí Sanín, lo constituyó la inesperada y sorprendente reunión de Andrés Pastrana con enviados de las FARC, la más antigua y poderosa organización guerrillera del país, jefaturada por el legendario José Marulanda Vélez, alias "Tiro Fijo". Ello debió ser una señal sino de respaldo, al menos de esperanza de lograr una salida negociada a la interminable guerra que tiene hastiado al pueblo colombiano.
El otro aspecto relevante a destacar fue el dramático llamado de ambos candidatos a votar, al que se sumó el premio Nobel, Gabriel García Márquez, todo lo cual fue determinante para la altísima concurrencia de más de once millones de votantes que desafió no sólo los riesgos de una situación de perenne guerra civil, sino también la indiferencia provocada por el desencanto de sucesivos malos gobiernos.
En ese sentido, la masiva concurrencia a las urnas fue una vuelta a la esperanza, la que muchos estimaban perdida para siempre, en una nación acosada por un mar de problemas, lo que es aun más frustrante, considerando sus enormes y variados recursos materiales y humanos, todos al alcance de la mano.
El pueblo colombiano cumplió pues su parte. Toca ahora a los políticos hacer la suya y no burlar la esperanza de sus electores. De allí que desde nuestras páginas nos toque darle una voz de aliento y felicitarlos por el brillante triunfo de ayer.

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