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Colón: iglesias, políticos y corrupción


Nuevamente la Iglesia Católica pone su mirada en la provincia de Colón. Ayer lo hizo con una carta abierta, firmada por el obispo Carlos María Ariz, dirigida al gobernante de turno frente a la indiferencia de respuestas sociales hacia esta hermosa región golpeada tantas veces, pateada y nuevamente pisoteada una y otra vez. Allí, el desempleo aumenta y los indicadores de vivienda y salud son críticos.
Lentamente, Colón, se desangra. No importa si la iglesia es católica o de Las Asambleas de Dios. Todas están preocupadas por los hogares de Colón en donde los niños lloran sin saber por qué. Han advertido a los políticos y gobernantes que en Panamá existen dos países: uno rico y otro pobre, que requieren de la aplicación de políticas justas en materia social.
La provincia de Colón es una provincia con recursos millonarios, duele decirlo una y otra vez; tiene un importante puerto que nada debe envidiarle a otros puertos internacionales de América Latina, posee excelentes costas para la producción pesquera; su flora con magníficos regímenes de lluvias hacen de esta región del país terrenos aptos para la ganadería, si se quiere, o para el cultivo de productos agrícolas.
No obstante, en una provincia tan hermosa para lograr el desarrollo del turismo internacional algunos indicadores sociales perturban porque allí el ansia de poder y los sueños de riquezas incontroladas ceden el paso al amor por el desarrollo económico o el bienestar de la nación.
La región de Colón se desangra. Los gobernantes llegan aquí sin ningún contenido en sus planes de desarrollo económico debido a su agenda de política confusa. Muchos dejan manchas; otros, los llamados burócratas, llegan como nubes sin agua llevadas de acá para allá por los vientos que soplan.
Aunque en Panamá todos los ciudadanos están convencidos del esfuerzo que realiza la Iglesia Católica, en su opción preferencial, por los pobres; los gobernantes sólo han llegado a la provincia de Colón cuando soplan los vientos de las campañas políticas, o sino, como nos recuerda un intelectual panameño conocedor de nuestra idiosincracia, "Llegan aquí para condenar a un enemigo político a muerte o para arrebatarle el poder".
Así es, la región la dejan sin fruto. Colón es como un árbol otoñal y duele decirlo, lo dejan muerto y desarraigado porque todos sabemos que no es por los golpes del viento. Mirémonos nosotros mismos con sentido crítico, duro es el sufrimiento de Panamá. Ya no queremos burócratas institucionales hablando con bocas infladas y adulando personas para su provecho personal.
Por qué no decir que la región se desangra porque allí más que el interés por la patria son los intereses personales. El interés de cada quien jamás ha sido para aumentar la prosperidad de la nación, jamás ha sido para fortalecer los procesos laborales y permitir el crecimiento de un mejor desarrollo industrial. Duro es este dolor de mi Panamá.
Ahora resulta que existen personas que no quieren escuchar el clamor de una Iglesia justa, ella dice la verdad; ahora resulta que la crisis social de Colón, con un superpuesto destinado a enriquecer a unos pocos empresarios hábiles y políticos, es motivo de malestar más que de ruina poblacional. ¿Qué importa que un pueblo sea la imagen misma del bienestar y de la libertad, si se ve expuesta constantemente a ser saqueada descaradamente?. Mientras Colón se ahoga, aquí, unos pocos imponen la ley de los mercados comerciales.
Nada hay tan duro para una nación como el aumento de la crisis social, de la miseria o la pobreza extrema. En Colón la violencia callejera aumenta, los niveles educativos son críticos y las pasiones políticas se hacen irresistibles; no sólo porque el objeto que persiguen los políticos es inmenso, sino también porque miles de ciudadanos las sienten de la misma manera y en el mismo momento.
Hay que legislar porque Colón se ahoga. Llegado este caso es fácil a los candidatos presidenciales decirle la verdad a un pueblo que se desangra por la indiferencia de muchos. En esta jornada electoral el candidato de Acción Opositora, Alberto Vallarino, ha dicho que puede hacerlo; puede dar empleos para derribar el muro de la miseria y sentar las pautas del desarrollo económico para el país como pocos gobernantes lo han hecho.
Escuchemos a los candidatos presidenciales discutir sus planes económicos. En democracia los políticos no pueden ser corruptos ni los ciudadanos pueden seguir derribando las leyes con acciones de fuerzas ni de resistencia al diálogo social. Hoy, las acciones no pueden continuar siendo las mismas porque de lo contrario estaremos socavando la paz pública, la libertad, y peor aún, la estabilidad democrática de la nación.

101 años de Panamá América

 
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