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Color esperanza


El título es el nombre de una canción con la que particularmente me he identificado. La escuché por primera vez en la boda de los hijos de unos entrañables amigos, cantada por la madre de la novia y familiares cercanos, todos con grandes dotes de artistas. Además, resulta que a mis hijos también les gusta, cosa rara en estos tiempos, en el que difícilmente los gustos de mis hijos por la música se juntan con los míos. Luego, dentro de las cosas buenas y memorables que me trajo diciembre, tuve la oportunidad de escuchar su letra, con la calma que daba el inigualable mes, y comprender su alcance, el cual sirve, no sólo para profundas reflexiones personales, sino que se adapta también al espíritu y coraje del que lucha y se enfrenta al futuro, sin importarle los retos que esa decisión conlleva. De allí que, pensando en este artículo, lo bauticé con este nombre, invitándolos a que si no la han escuchado, lo hagan, para ver si coinciden conmigo.
Aunque he circulado poco en las últimas semanas, adonde he ido el tema es recurrente: la preocupación generalizada sobre lo que nos depara el futuro como Nación. Claro está, los amigos, que suponen que uno está mejor informado que ellos, hacen interrogantes que acrecentan las mías, pero en definitiva todos estamos como girando en círculos buscando una salida al futuro que represente un giro distinto del rumbo que llevamos. Hay desánimo hoy e incertidumbre sobre el mañana, combinación que definitivamente no ayuda para nada. En esto coinciden personas serias de todas las líneas de pensamiento político, aunque algunos no se atreven a decirlo en público por razones diversas que hay que entender.
Los distintos artículos de opinión que a diario se publican, también reclaman profundas rectificaciones, frente a una clase política que parece haber secuestrado el destino nacional, haciéndolo rehén de sus pequeños intereses. Pueden o no coincidir conmigo, pero en gran medida el Fenómeno Endara está tomando la fuerza que está cobrando, precisamente, porque aporta, ante tanta incertidumbre, honestidad probada y esperanza lo cual, dentro de todo lo que está pasando, genera tranquilidad y confianza. Lo demás, vendrá por añadidura, en su debido momento.
Es indudable que el escenario actual no es lo que nos merecemos como Nación. No hay causa que justifique el que Panamá y los panameños pensemos que el futuro nos es incierto. Hace falta dirección y liderazgo coherente en torno a ideas que representen avance y desarrollo nacionales. Ya, en lo que hace falta de tiempo antes del cambio de gobierno, eso no se dará. Eso no significa que no existan los planes ni los proyectos de Nación que nos abran las puertas del futuro favorablemente. Sin embargo, lo cierto es que en los dos grupos dominantes, predominan las mismas características que tienen al país como está. Unos atacan disque en oposición al otro y, los que son gobierno, pretenden vendernos la continuidad de una obra que más se asemeja a una pesadilla nacional que a un plan de gobierno, por improvisado que éste sea. Ambos grupos se han puesto de acuerdo a través de prácticas que han acabado con la poca moralidad política que podía quedar, para apoyarse y beneficiarse recíprocamente. Unos logran sus leyes, contrarias al discurso político de antes sobre la base de cínicas explicaciones. Otros reciben las prebendas con sus votos o con sus abstenciones sin meditar que también pueden ser víctimas de sus componendas. Estamos cerca, considero yo, de terminar de conocer muchas cosas que han sucedido en el pasado reciente. La gestión de la Procuradora Suplente no deja de ser esperanzadora. Para los ingenuos que no son muchos, será sorpresa. Para los demás, que somos la mayoría, será simplemente la confirmación de cuan mal estamos. Después de eso, veremos quién queda con ganas de seguir ofreciendo mentiras.
El momento es propicio para esperar con calma, aunque haya prisa por definiciones. Es el momento de exigir decencia ante todo, para luego, con ese compromiso público, hacer que los planes y programas vayan saliendo luego de que, con la participación de muchos, se defina el escenario de las necesarias rectificaciones. El Foro 2020 es una gran esperanza ya que ese esfuerzo es, para todos los efectos prácticos, un magnífico programa nacional con visión hacia el futuro y con los mecanismos de medición para, efectivamente, hacer que se cumpla en el tiempo.
Ojalá no vuelva a ser letra muerta. Va llegando el momento en que la sociedad civil, organizada o no, exija su espacio y abandone la pasividad de diálogos entre sordos, por reclamaciones ciudadanas que impliquen compromisos reales de quienes pretendan gobernarnos en el cambio que se avecina. El aporte y la acción de todos es cada vez más necesaria.
En fin, es el momento, como dice la canción que motiva el título de este artículo, de saber que se puede y querer que se pueda; de sacarse los miedos y echarlos afuera; de pintarse la cara color esperanza y retar el futuro con el corazón. El nuestro es un gran pueblo y lo ha demostrado muchas veces. A él apuesto.
d) Ofrecerle a la población el acceso a servicios básicos de calidad: la salud, vivienda, agua potable a todas las comunidades, transporte eficiente y seguro y una educación pertinente, eficaz y eficiente. A pesar de los métodos bastardos a los que ha recurrido este gobierno, Martín y el PRD han crecido y la figura de ambos se sostiene.
(romagrau19@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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