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Combatiendo la pobreza


Las declaraciones del presidente de Brasil ante la ONU, en las cuales solicita intensificar los esfuerzos para luchar contra la pobreza, han vuelto a poner el tema sobre el tapete en Panamá. Nosotros vivimos así, de momento un tema se vuelve de actualidad y muy pronto lo ignoramos. En el caso de la pobreza, sólamente surge a la superficie cuando el Programa de las Naciones Unidos para el Desarrollo (PNUD) presenta su informe de desarrollo humano.
En ese momento se dictan charlas, se realizan foros, se dan muchas explicaciones, se presentan muchos análisis, datos estadísticos, etc.; pero pocos días después el tema desaparece de la agenda nacional.
Y es que el tema no lo tomamos en serio, y lo grave de esto es que el mal sigue aumentando. Tenemos hoy más pobres que a comienzos de la década pasada. Más personas tienen ingresos que están por debajo de la línea de la pobreza, y ha crecido el porcentaje de aquellos que no alcanzan a satisfacer sus necesidades básicas.
A consecuencia de las medidas de estabilización y de ajuste impuestas por los organismos internacionales, amplios segmentos de la clase media y en general de trabajadores del sector industrial y de servicios, se deslizaron por la línea de pobreza, al tiempo que se resintieron las condiciones de su acceso a la vivienda y a servicios básicos de salud y educación.
Muchos hogares en esa situación no lograron siquiera sostener la infraestructura doméstica básica y vieron debilitarse las redes mínimas de seguridad.
Ahora, el Gobierno Nacional nos anuncia una reforma fiscal que no es otra cosa que un alza de impuestos para hacerle frente al déficit fiscal. Se anuncia también una reducción de 50,000 empleados públicos sin que se les haya ofrecido un plan para que puedan mantenerse en el sector productivo, lo que significa que en esa cantidad va a unirse a aquellas personas que están bajo la clasificación de "nuevos pobres".
En primer lugar, considero que antes de medidas tan drásticas debió establecerse un nuevo orden de prioridades en materia de gasto público, a fin de reducir los gastos improductivos, incluyendo los subsidios innecesarios.
En segundo lugar, para mitigar los efectos negativos que el ajuste pueda producir temporalmente sobre los sectores de escasos recursos, se necesitan redes de protección social eficaces en términos de su alcance y costo.
No creo que el riguroso ajuste necesario para poner la economía panameña en la senda del progreso sea factible, si no se lo percibe como un ajuste que realmente establecerá las bases para un progreso social duradero.
La magnitud intolerable del empobrecimiento es testimonio irrefutable de que la injusticia y la creciente pobreza se opone a la consolidación de la democracia. La alarmante realidad de que cuatro de cada 10 panameños viven por debajo de la línea de pobreza, expone la fragilidad de las estructuras sobre las cuales preside nuestro régimen democrático.
Quizás no se ha prestado suficiente atención al vínculo negativo entre carencia y libertad.
Ante la emergencia social no es suficiente el consenso sobre la gravedad de la situación, ni aún el ánimo urgente de superarla, tenemos que ir más allá del acuerdo en el diagnóstico y estimular la solidaridad de la acción.
Parece indispensable precisar las prioridades, es necesario aceptar que el objetivo del desarrollo integral no puede ser otro que la persona humana: hay que aquilatar la promoción de la eficiencia económica, con la práctica de la justicia social.
El discurso y el proyecto que orientan hoy la política de desarrollo en Panamá dan prioridad a lo económico.
Las grandes líneas de la estrategia actual -apertura comercial, tratados de libre comercio, de inversiones, fortalecimiento del mercado- son instrumentos a los que, sin perjuicio de su valor, no es apropiado conferir la calidad de metas.

101 años de Panamá América

 
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