Comentando sobre tránsfugas y traidores
"Nada más cálido que la tierra que les vio nacer", es el comentario quienes han vivido una odisea en suelo extranjero. Dicho criterio, no necesariamente es de aceptación para todos los humanos que habitan el planeta, ya que existen quienes se han podido adaptar y se sienten con mayor comodidad en tierra extraña, donde sentaron sus raíces y son producto de una transformación voluntaria u obligada, de los sistemas políticos que han imperado en su tierra de origen.
Con la aplicación de sistemas económicos que no reconocen fronteras ni límites, con el desarrollo de grandes tecnologías, asimismo, migran ciudadanos de ciertas regiones en búsqueda de la felicidad que le garantizan una estabilidad laboral, una vivienda decorosa, un adecuado sistema educativo para sus hijos y una economía fuerte y estable. He de allí, que el sueño americano no se desploma, como sí lo han hecho otros sistemas a pesar que el mismo se encuentra más carcomido internamente que un queso roquefort.
Tránsfugas han denominado a personas supuestamente inestables que se pasan de un partido a otro y la sentencia de traidor, se ha utilizado con frecuencia a quienes por un motivo u otro se salían de los círculos de influencia del partido Panameñista y del Partido Comunista panameño, en sus distintas variaciones históricas. El derecho de migrar, de aspirar a una mejor condición de trato en otro sitio, a la libertad de pensamiento y de cualquier tipo de gusto es inalienable. No se puede privar a nadie de lo que son sus libertades individuales, de imponer lo contrario, atentamos contra los elementales derechos del ser humano.
Habrá que analizar caso por caso en la historia y el tiempo, si a quienes tildaron de traidores lo hicieron por revelar valiosos secretos ideológicos, estratégicos, económicos o políticos que llevaron a la destrucción o persecución de los miembros de dicha colectividad y que tal revelación atentó contra la vida misma.
Nuestro sistema político, que se caracteriza por un bipartidismo imperfecto, donde dos colectivos grandes se alternan en el poder y las demás fuerzas pequeñas gravitan alrededor de los mismos en alianzas tácticas y donde la conquista de las libertades y el desarrollo de la militancia partidaria, nos lleva a aceptar que somos una sociedad que resuelve sus diferencias por la vía pacífica, respetando la libertad de pensamiento y adoptando la tolerancia de ideas, no se pueden aceptar motes cavernícolas que solo aspiran a la exclusión.
Siempre he comentado, que en política como en el matrimonio, cuando no existe afinidad, no hay divorcio mejor disfrutado que el mental. El vivir juntos o formar parte de una colectividad política, es propio de las aspiraciones naturales del ser humano, lo importante es determinar la satisfacción de las partes.