¿A comer yuca con miel?
¿Será cierto que se avecina una hambruna devastadora, apocalíptica, sobre la faz de la tierra, sus naciones, sus pobladores? La Biblia expresa, como Palabra de Dios, en Lucas Cap. 21 que "Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo". El Libro del Evangelio según San Marcos, reza en el Cap. 13, versículo 8: "Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre: esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento". En fin, la Biblia contiene numerosas citaciones tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento que refieren, entre otras cosas, el hambre que habrá de sobrevenir sobre la Tierra.
Apocalipsis habla de cuatro jinetes: hambre, peste, muerte y guerra. No vamos a discutir las formas de expresión de estos cabalgantes, sino sus realidades.
En un reciente artículo aparecido en la columna semanal de Amy Goodman, presentadora de Democracy Now, intitulado "Las acciones bursátiles no son comestibles" -Abril de 2008-, ésta advertía: "En todo el mundo están estallando disturbios por los precios de los alimentos. Ha habido protestas en Egipto, Camerún, Filipinas, Burkina Faso, Costa de Marfil, Mauritania y Senegal. Sarata Guisse, un manifestante senegalés, le dijo a Reuters: "Nos manifestamos porque tenemos hambre. Necesitamos comer, necesitamos trabajar, tenemos hambre. Eso es todo. Tenemos hambre". El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, ha lanzado un grupo de trabajo para hacer frente al problema, que amenaza, según declaró, con llevar "el fantasma de una hambruna generalizada, la malnutrición y el descontento social a una escala sin precedentes".
El Programa Mundial de Alimentos calificó esta crisis alimentaria como la peor en 45 años, y la describió como un "tsunami silencioso" que sumirá en el hambre a otras 100 millones de personas.
Lo que hay que denunciar es cómo los gendarmes de la globalización ahora nos quieren, a nosotros, los pueblos y naciones subdesarrolladas, para que sembremos y cultivemos algunos granos -maíz, sobre todo- para producir combustible -biocombustibles- para que sigan funcionando ellos aún a pesar o a costas de las muertes de millones y millones de seres humanos a consecuencia del hambre. Goodman advierte, palabras que hacemos nuestras: "En el mundo de hoy existe la tecnología necesaria para alimentar al planeta entero de forma orgánica, local y sustentable. Los grupos de presión de las grandes empresas de la alimentación y la energía y el gobierno de Estados Unidos deben reconocerlo y cambiar de rumbo o los disturbios por los precios de los alimentos que ahora ocurren en lugares distantes llamarán pronto a sus puertas". Por favor, el maíz es para comer no para que los carros anden. ¡A sembrar yuca, todos, y a comerla con miel!
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