Comercio y medio ambiente
Panamá, al igual que en toda Latinoamérica, no ha conseguido consolidar las ventajas que se obtienen de conciliar el desarrollo del comercio, conjuntamente con el medio ambiente, debido al distanciamiento de los tres diferentes sectores claves que interfieren en el mismo: el económico, el comercial y el ambiental, siendo este proceso vital para el liderazgo del propio sector productivo. No es de extrañar que los objetivos del sector comercial siempre han caminado en sentido opuesto con el medio ambiente, ya que mientras las políticas comerciales son orientadas a la desregularización del mercado, los objetivos ambientales requieren de algún tipo de regularización. Comercio y medio ambiente también se caracteriza por una dicotomía errónea, según la cual los países en desarrollo sólo están interesados en su crecimiento, mientras que los países desarrollados están interesados en su crecimiento con equilibrio ambiental. La Organización Mundial del Comercio (OMC) en su última ronda del GATT en Seattle fracasó en su intento de incorporar en la práctica el tema ambiental en la agenda comercial. En esa dirección, el reto es dirimir las diferencias existentes entre los países industrializados y los países en vías de desarrollo. Aunque es notorio que las políticas comerciales, y ambientales, tienen un punto de convergencia, mejorar la calidad de vida de los seres humanos. En nuestro caso es vital tomar las actividades agrícolas, pecuarias y forestales, más competitivas y armónicas con el ambiente, de allí la tendencia mundial hacia la agricultura orgánica, la producción forestal sostenible y los servicios ambientales. Creo firmemente que una de las mejores maneras para insertamos dentro de las corrientes que armonizas los sectores económicos, comercial y ambiental, y que consecuentemente aumentan el potencial productivo de nuestro país, sería adoptar nuestros propios criterios o estándares de calidad, o adoptar si son beneficiosas las normas de la Organización Internacional de Normalización, creadas por Europa conocidas bajo la denominación de ISO 9000, 9001, 9002, 9003 y la más importante de todas por sus exigencias e implicaciones ambientales la 14000. Es obvio que el tema debe tomar mucha más importancia, dado que nuestros principales socios económicos (Estados Unidos, Japón, y Europa) consideran el tema como algo relevante y aumentarán sus exigencias en ese campo. Panamá no ha presentado, posterior a la lucha canalera, una política exterior clara sobre nuestra posición político - económica con respecto a la lucha que se libra por liderizar, organizar y concertar el bloque económico de nuestro continente, con sus distintas organizaciones ALCA, Mercosur, Pacto Andino, Mercado Común Centroamericano y CARICOM, que no se consolidan como líderes en el proceso de integración económica, de un continente que se convertirá en corto tiempo en un mercado, el doble del mercado europeo. La lucha por el liderazgo es una señal clara del nuevo orden económico y comercial imperante en la globalización, al cual no somos ajenos, pero de la cual tampoco hemos tomado como nación una postura y es esta una actitud ineludible, que afecta nuestra inserción en el bloque económico de la región, ya que el gobierno, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, ha demorado las consulta y estudios al respecto, para conducir a corto plazo al país, a una postura inteligentemente de conveniencia. Es por ello que en nuestro país, tanto la diplomacia comercial, como la diplomacia ambiental (si es que existe), van siguiendo el proceso de globalización, muy a la zaga. En un estudio de competitividad realizado por el INCAE (Instituto Centroamericano de Administración de Empresas) concluye que existen determinadas actividades económicas en que nuestro país tiene ventajas comparativas naturales, dentro de las cuales puede destacarse como prometedoras: agroindustria, procesamiento de alimentos, logística de carga internacional, turismo, servicios de: transporte, educación, salud, energéticos, ambientales, productos y subproductos forestales. En necesario mantenernos en la búsqueda de complementariedad entre las áreas de comercio y medio ambiente asumiendo el doble compromiso de no limitar el comercio para compensar distorsiones de competencia ligadas a la aplicación de políticas ambientales y no disminuir el nivel de exigencia ambiental para recuperar competitividad y fomentar el comercio. El desafío para Panamá es lograr que el sector comercial deje de ver con reservas y desconfianza el tema ambiental y que el sector ambiente aumente el bagaje de conocimientos en la temática comercial. Si no adoptamos pronto una postura al respecto otros bloques nos impondrán sus intereses.