Comisión de la Verdad
Las expectativas despertadas fueron tales que desde Colombia hasta Panamá se trasladaron las hermanas del desaparecido sacerdote, ante lo que lucía como inminente posibilidad de que por fin se encontraran los restos del mártir de Santa Fe de Veraguas.
En efecto se hallaron los restos denunciados, pero no eran de Gallego, como se comprobó en múltiples exámenes de ADN. Se pudo establecer que pertenecían a un líder sindical y político, adversario de la dictadura militar, que fue detenido, encarcelado y luego desaparecido por los entorchados en tiempos del general Omar Torrijos. Su nombre, ahora legendario, es Heliodoro Portugal, a quien hoy honran su hija Patria y demás familiares. Sus credenciales son meritorias. Portugal era un patriota y luchador por los derechos de los que menos tienen. Pagó con su vida su integridad, justamente donde muchos se doblaron y entregaron al primer intento.
Fue como si Gallego mismo, desde el más allá, se hubiera puesto en el camino, para hallar los restos del héroe popular y de otros más, que han ido apareciendo en el lento excavar de la fosa anónima, con la dificultad de más de treinta años de ominoso olvido bajo toneladas de tierra y roca, mezcladas con cal por sus asesinos para que desaparecieran haciéndose polvo.
La justicia tarda, pero dicen que llega. Y si en este caso la regla es una excepción, esta parece ser una de ellas. Todos los restos encontrados hasta ahora son combatientes cívicos de la tiranía castrense, lo que ratifica la naturaleza represiva y criminal del régimen del general Omar Torrijos y sus sucesores.
La Comisión de la Verdad es una decisión sabia, pues no hay otro modo de sanar las cicatrices que enfrentar lo ocurrido con nombres, pelos y señales. El olvido y el perdón no son posibles si antes no sabemos con exactitud qué, quién y por qué hecho perdonar. Siendo así, no podemos perdonar lo que no conocemos. Y sólo cuando así procedamos, no importa lo que haga la justicia formal, podremos al fin reconciliarnos como país y como hermanos y seguir adelante. No antes.
En efecto se hallaron los restos denunciados, pero no eran de Gallego, como se comprobó en múltiples exámenes de ADN. Se pudo establecer que pertenecían a un líder sindical y político, adversario de la dictadura militar, que fue detenido, encarcelado y luego desaparecido por los entorchados en tiempos del general Omar Torrijos. Su nombre, ahora legendario, es Heliodoro Portugal, a quien hoy honran su hija Patria y demás familiares. Sus credenciales son meritorias. Portugal era un patriota y luchador por los derechos de los que menos tienen. Pagó con su vida su integridad, justamente donde muchos se doblaron y entregaron al primer intento.
Fue como si Gallego mismo, desde el más allá, se hubiera puesto en el camino, para hallar los restos del héroe popular y de otros más, que han ido apareciendo en el lento excavar de la fosa anónima, con la dificultad de más de treinta años de ominoso olvido bajo toneladas de tierra y roca, mezcladas con cal por sus asesinos para que desaparecieran haciéndose polvo.
La justicia tarda, pero dicen que llega. Y si en este caso la regla es una excepción, esta parece ser una de ellas. Todos los restos encontrados hasta ahora son combatientes cívicos de la tiranía castrense, lo que ratifica la naturaleza represiva y criminal del régimen del general Omar Torrijos y sus sucesores.
La Comisión de la Verdad es una decisión sabia, pues no hay otro modo de sanar las cicatrices que enfrentar lo ocurrido con nombres, pelos y señales. El olvido y el perdón no son posibles si antes no sabemos con exactitud qué, quién y por qué hecho perdonar. Siendo así, no podemos perdonar lo que no conocemos. Y sólo cuando así procedamos, no importa lo que haga la justicia formal, podremos al fin reconciliarnos como país y como hermanos y seguir adelante. No antes.