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Comisión de la Verdad y testimonios de la maldad


"Aspiro vivir en un país en donde los homenajes y remembranzas sean para las víctimas y no para el victimario..." La Comisión del Verdad ha desmentido el popular aforismo que plantea que, si se quiere eternizar un problema, basta con nombrar una "comisión" con la aparente intención de que lo estudie y resuelva. Sin embargo, esta vez resultó al revés, por eso expreso públicamente mis respetos a todos los integrantes de la misma.
Leyendo los segmentos del informe que han aparecido en los periódicos, se aprecia y trasluce una investigación y un trabajo acucioso, detallado y científico. También se deduce que en su labor encontraron obstáculos, bloqueos y desvíos en donde precisamente debieron haber encontrado mayor cooperación. En Panamá esto es usual cuando se quiere agotar el empeño, la mente y el corazón que se pone en alguna causa que se supone enmarcada en conceptos justicieros.
Me da la positiva impresión de que la Comisión de la Verdad ha trabajado y coordinado al unísono con el Comité de Familiares de Desaparecidos Héctor Gallego. Sólo he advertido públicamente una discrepancia, la fecha que se establecerá como el día de los desaparecidos; ojalá que sea la única y no caigamos en dicotomías latinas.
La memoria colectiva de Panamá y la capacidad de análisis se han visto atrofiadas por constantes campañas de difamación, acusaciones sin comprobación y sin mayores elementos de juicio, que promueven que muchos repitan señalamientos y exageraciones sin fundamento. Los medios de comunicación, en alto porcentaje, están en manos de los que directamente han saqueado este país y en otros casos, han sido soporte y cómplices tácitos y políticos de los que hipotecaron el país (préstamos, privatizaciones y deuda eterna), torturaron y mataron.
Vale el mencionar que al gobierno arnulfista que se instaló en 1990, al cual también se le pretendió difamar en todas las formas posibles, no ha sido necesario juzgar a ningún funcionario por malversación de fondos, abuso de autoridad o por violar los derechos humanos. En significativo contraste, el gobierno que se instaló en 1994, tuvo que otorgar más de mil trescientas amnistías, perdones, prescripciones y demás arandelas que involucran impunidad frente a los delitos de toda clase.
Quizás la impactación a la conciencia pública, frente a las denuncias y señalamientos de la Comisión de la Verdad, haga innecesario reiterar el nombre la persona que hizo posible la existencia legal de dicha Comisión, que le facilitó los medios para trabajar, que se paró firme cuando fuerzas tenebrosas alegaban que la Comisión era ilegal, e incluso pretendías bloquear o desviar a diversas instancias judiciales las iniciativas asumidas para ver si, como en otros casos, la preservaban en el limbo jurídico, lo que motivó que dicha dama se apersonara al área en donde se estaban desenterrando los restos de los torturados y asesinados, y dando órdenes precisas, hizo que continuaran los trabajos e investigaciones. Además, cuando la Comisión, ante el exhaustivo trabajo, solicitó tiempo adicional, se lo concedió. Actualmente dicha persona ha asumido con el mayor interés y disposición de ánimo las recomendaciones y solicitudes de la Comisión de la Verdad, la cual ha logrado certificar los testimonios de la maldad.
Pareciera que ante la existencia de estos lugares donde la prostitución puede ser abierta o simulada ni la sociedad, ni las autoridades, en este caso la Asamblea, habían festinado tanto como en el caso de Madame Tonya, a consecuencia de la denuncia de la televisión española.
Me pregunto si acaso esta actitud no presume la existencia de una doble y condicionada moral, ajustada al protagonismo de la acción censurable y en donde la mujer, por atavismos seculares entronizados en nuestra cultura falocrática, siempre termina siendo prejuzgada sin establecer la verdadera responsabilidad de los hechos.
Y es que aquí, vuelvo y pregunto: ¿no será que nuestra predisposición a señalar vicios, defectos o quebrantamientos de la ley, está particularmente dirigida a las mujeres? ¿Será que éstas son vulnerables y que por el contrario, no será que los hombres dentro de toda esta red de tratantes de blancas, de manejos de menores, se convierten en impunes personajes al margen de la ley?.
Todas estas reflexiones nos deben llamar la atención y repito: por qué señalar a las mujeres o a una muy en particular y no ahondar en el tema del manejo de la trata de blancas, el proxenetismo y aún de "celestinos", porque de esos también hay muchos que se dedican a actividades tan execrables como las que se denunciaron por la televisión española, que demuestran el mencionado prejuicio; y por otra parte, ¿por qué no pedirle a los españoles que hagan documentales sobre su propia sociedad madrileña o de su famoso barrio lavapie?.
Finalmente, nos preguntamos, ¿por qué escoger a Panamá como destino de su reportaje al investigar la trata de blancas, cuando existen lugares en el mundo donde lo anterior es un hecho cotidiano, como por ejemplo Bangkok, la capital del reino de Tailandia (país asiático donde existe una red de prostitución de mujeres jóvenes y menores de edad), Nueva York, Los Angeles, Río de Janeiro, París, Manila en Filipinas o por qué no decirlo, la misma España, procedencia de algunos de los dueños de los burdeles y hoteles de ocasión más conspicuos y antiguos de nuestra ciudad?

101 años de Panamá América

 
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