"Comisionitis"
De pronto el gobierno de Mireya Moscoso ha caído en cuenta que en el país hay una crisis económica, que las arcas públicas están vacías, que el desempleo crece inconteniblemente, que las empresas se están reduciendo en dirección al cierre, que en la bolsa de valores no se ha negociado un solo documento desde hace tres semanas y que los salarios no alcanzan ante el aumento del costo de la vida.
Hasta hace poco, los que denunciaban estos problemas eran tachados por los voceros gubernamentales de malos panameños, comerciantes llorones, izquierdistas trasnochados, opositores obstruccionistas y otros epítetos que buscaban acallar el clamor de tanta disconformidad.
Hasta hace poco, todo lo bueno, aunque nadie lo conociese, era obra de esta administración y todo lo malo era responsabilidad del gobierno anterior, cuyas acciones inmutables no podían alterarse.
Hasta hace poco, las críticas que en confianza le presentaban amigos y conocidos a los asesores de Moscoso sobre el pésimo desempeño de su equipo, eran recibidas con desparpajo y rechazadas con frases como esta: "no seas tan negativo, que las cosas van bien".
Pero súbitamente, la innegable situación de la parálisis económica reflejada en tantos hechos les ha golpeado en la cara y han reaccionado como saben hacerlo: van a nombrar una comisión para resolver, por arte de magia, el problema.
Dicen que un camello es realmente un caballo dibujado por una comisión. Todos sabemos que nombrar una comisión es la mejor forma de desembarazarse de una responsabilidad, y de paso, no resolver nada.
Finalmente convencida, aunque todavía no confesa, de que ella y su equipo de trabajo no pueden con el problema, Moscoso se ha enfermado de "comisionitis", infección que ataca cuando se quiere transferir a otros las responsabilidades que nos atañen. Lo ha hecho a regañadientes, no sin antes advertirnos, para asombro de tantos panameños cuerdos, que ella ha logrado hacer más en quince meses de gestión que los gobiernos anteriores en los últimos treinta años.
Y así han surgido como hongos después de la lluvia, una comisión para resolver los problemas de Barú, otra para evaluar las jubilaciones obreras, otra para lo de las osamentas y, la más esperada, la comisión salvadora de la economía nacional.
Hasta ahora, los nombramientos que ha hecho Mireya no rebasan el círculo de su entorno particular y familiar, y son siempre gente más preocupada en resolver el problema de sus finanzas personales que el galimatías del país. Son los mismos en cada comisión y grupo, por lo cual también se repiten los malos resultados.
Por eso no nos asombrará ver en la comisión salvadora de nuestra economía, a los mismos primos, compadres, yernos y cuñados que nos han metido en este lío en primera instancia. Tampoco sorprenderá que cuando finalmente conforme la comisión y esta emita su veredicto salvador, ya sea tarde para una gran cantidad de empresas y de panameños, ni que una vez anunciadas sus preclaras recomendaciones, éstas sean ignoradas por aquéllos que se han comprometido a cumplirlas.
Así, el país avanza hacia la parálisis, la Sra. Moscoso sigue afectada por la "comisionitis" y la mayoría de los panameños nos hundimos en la angustia por lo precario de nuestra supervivencia, atorados en una crisis que pudo ser evitada.
Hasta hace poco, los que denunciaban estos problemas eran tachados por los voceros gubernamentales de malos panameños, comerciantes llorones, izquierdistas trasnochados, opositores obstruccionistas y otros epítetos que buscaban acallar el clamor de tanta disconformidad.
Hasta hace poco, todo lo bueno, aunque nadie lo conociese, era obra de esta administración y todo lo malo era responsabilidad del gobierno anterior, cuyas acciones inmutables no podían alterarse.
Hasta hace poco, las críticas que en confianza le presentaban amigos y conocidos a los asesores de Moscoso sobre el pésimo desempeño de su equipo, eran recibidas con desparpajo y rechazadas con frases como esta: "no seas tan negativo, que las cosas van bien".
Pero súbitamente, la innegable situación de la parálisis económica reflejada en tantos hechos les ha golpeado en la cara y han reaccionado como saben hacerlo: van a nombrar una comisión para resolver, por arte de magia, el problema.
Dicen que un camello es realmente un caballo dibujado por una comisión. Todos sabemos que nombrar una comisión es la mejor forma de desembarazarse de una responsabilidad, y de paso, no resolver nada.
Finalmente convencida, aunque todavía no confesa, de que ella y su equipo de trabajo no pueden con el problema, Moscoso se ha enfermado de "comisionitis", infección que ataca cuando se quiere transferir a otros las responsabilidades que nos atañen. Lo ha hecho a regañadientes, no sin antes advertirnos, para asombro de tantos panameños cuerdos, que ella ha logrado hacer más en quince meses de gestión que los gobiernos anteriores en los últimos treinta años.
Y así han surgido como hongos después de la lluvia, una comisión para resolver los problemas de Barú, otra para evaluar las jubilaciones obreras, otra para lo de las osamentas y, la más esperada, la comisión salvadora de la economía nacional.
Hasta ahora, los nombramientos que ha hecho Mireya no rebasan el círculo de su entorno particular y familiar, y son siempre gente más preocupada en resolver el problema de sus finanzas personales que el galimatías del país. Son los mismos en cada comisión y grupo, por lo cual también se repiten los malos resultados.
Por eso no nos asombrará ver en la comisión salvadora de nuestra economía, a los mismos primos, compadres, yernos y cuñados que nos han metido en este lío en primera instancia. Tampoco sorprenderá que cuando finalmente conforme la comisión y esta emita su veredicto salvador, ya sea tarde para una gran cantidad de empresas y de panameños, ni que una vez anunciadas sus preclaras recomendaciones, éstas sean ignoradas por aquéllos que se han comprometido a cumplirlas.
Así, el país avanza hacia la parálisis, la Sra. Moscoso sigue afectada por la "comisionitis" y la mayoría de los panameños nos hundimos en la angustia por lo precario de nuestra supervivencia, atorados en una crisis que pudo ser evitada.