¿Cómo actuar en política práctica?
Siempre me ha preocupado, en el ejercicio de escribir y opinar, no ser sencillo y claro. Quizá uno de los vicios más extendido en quienes hemos dedicado al estudio de los problemas de la sociedad es el intelectualismo de que se es cautivo y que pareciera distanciar la opinión así expresada de la del resto de los mortales. No es malo el ejercicio intelectual, necesario para develar los problemas de la sociedad, sus causas objetivas, los niveles de la conciencia social y las perspectivas del futuro. Lo que parece impropio es el ejercicio intelectual que no se difunde al gran público, no ser un "intelectual orgánico", según la feliz expresión de Antonio Gramsci, de encerrarse en una especie de "torre de marfil" del puro ejercicio de la razón y no hacer de ésta una razón colectiva. Tal vez uno de los méritos de Don Quijote de la Mancha es señalar con suficiente claridad la distancia, similar a la locura, entre la realidad de los libros y la realidad cotidiana.
Pero si el intelectualismo es un vicio, también lo es el practicismo (permítasenos el término) que afecta a tanto político práctico, considerado por muchos como "políticos realistas" y hasta exitosos. De derecha y de izquierda, pero más peligrosos los últimos porque su practicismo sólo refuerza el status quo.
¿Cómo hacer una feliz combinación, desde la izquierda, entre teoría y práctica? Lo primero que se me ocurre señalar es que lo debe hacer en la perspectiva de construir una organización política de nuevo tipo, abierta, democrática y socialista, que incorpore en su proceso de organización a los mejores luchadores sociales, sin sectarismos y sin imposiciones ideológicas, que levante una nueva moral política. No importa que sea pequeña al inicio. La historia no se construye en un solo día. Pero nadie puede saber con certeza el momento en que se despunta una crisis que provoca un feliz crecimiento.
Lo segundo que parece necesario es que dicha organización debe insertarse y participar en todas las luchas sociales, sin hegemonismos, pero en permanente debate político. Ejemplo de luchas sociales en nuestro país existe todos los días. Por ejemplo las encabezadas por MONADESO o la de los campesinos contra el embalse o las de Bocas del Toro o, en fin, las que en Herrera y Los Santos encabezan algunas organizaciones contra la explotación minera.
Obviamente sin temor a la crítica de los políticos tradicionales de derecha o de sus ideólogos o a la crítica de las pequeñas sectas en que han quedado reducidas los antiguos partidos de la izquierda tradicional. Me parece que sus militantes poseen una experiencia importante, pese a todos lo errores que se puedan haber cometido en el pasado. Por ello, la organización de nuevo tipo debe establecer una política de frente único que permita a todos una experiencia común, sobre bases programáticas y sobre una moral a toda prueba.
En tercer lugar, el programa mínimo debe ser democrático en todas sus perspectivas. Por una parte por el tipo de reivindicación que se aspira y, por el otro, por el ejercicio de participación de todos en la discusión franca y leal. La base del programa mínimo debe ser la extensión de la democracia a todos los ámbitos de la vida social que escape al idiotismo electoral prevaleciente. No es que excluyamos lo electoral sin más. Pero no debe ser lo central por el momento. También debe ser anti-neoliberal, lo que implica enfrentarse a proyectos como los del ALCA o al denominado pacto Puebla Panamá, verdadero "caballo de Troya", mexicanizado, de aquel o al denominado Plan Colombia, verdadero esfuerzo de intervención estadounidense para América del Sur.
Como no podía ser de otra manera, un punto esencial, en el esfuerzo de identificación propia lo es la solidaridad estricta e irrenunciable con Cuba socialista. Argumentos para la defensa de Cuba sobran, después de 40 años de complicidad en la agresión montada por los Estados Unidos contra la isla.
No recuerdo el nombre del diputado hispanoamericano, creo que peruano, que en 1812 durante la discusión de la Constitución de Cádiz, en la España revolucionaria en lucha por su soberanía nacional, expresó: "Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre". El corolario de aquéllo, hoy día es: "todo pueblo agredido por el imperialismo debe ser defendido por quienes defendemos la vida y la humanidad". ¿Simple no?. simgonp@sinfo.net
Pero si el intelectualismo es un vicio, también lo es el practicismo (permítasenos el término) que afecta a tanto político práctico, considerado por muchos como "políticos realistas" y hasta exitosos. De derecha y de izquierda, pero más peligrosos los últimos porque su practicismo sólo refuerza el status quo.
¿Cómo hacer una feliz combinación, desde la izquierda, entre teoría y práctica? Lo primero que se me ocurre señalar es que lo debe hacer en la perspectiva de construir una organización política de nuevo tipo, abierta, democrática y socialista, que incorpore en su proceso de organización a los mejores luchadores sociales, sin sectarismos y sin imposiciones ideológicas, que levante una nueva moral política. No importa que sea pequeña al inicio. La historia no se construye en un solo día. Pero nadie puede saber con certeza el momento en que se despunta una crisis que provoca un feliz crecimiento.
Lo segundo que parece necesario es que dicha organización debe insertarse y participar en todas las luchas sociales, sin hegemonismos, pero en permanente debate político. Ejemplo de luchas sociales en nuestro país existe todos los días. Por ejemplo las encabezadas por MONADESO o la de los campesinos contra el embalse o las de Bocas del Toro o, en fin, las que en Herrera y Los Santos encabezan algunas organizaciones contra la explotación minera.
Obviamente sin temor a la crítica de los políticos tradicionales de derecha o de sus ideólogos o a la crítica de las pequeñas sectas en que han quedado reducidas los antiguos partidos de la izquierda tradicional. Me parece que sus militantes poseen una experiencia importante, pese a todos lo errores que se puedan haber cometido en el pasado. Por ello, la organización de nuevo tipo debe establecer una política de frente único que permita a todos una experiencia común, sobre bases programáticas y sobre una moral a toda prueba.
En tercer lugar, el programa mínimo debe ser democrático en todas sus perspectivas. Por una parte por el tipo de reivindicación que se aspira y, por el otro, por el ejercicio de participación de todos en la discusión franca y leal. La base del programa mínimo debe ser la extensión de la democracia a todos los ámbitos de la vida social que escape al idiotismo electoral prevaleciente. No es que excluyamos lo electoral sin más. Pero no debe ser lo central por el momento. También debe ser anti-neoliberal, lo que implica enfrentarse a proyectos como los del ALCA o al denominado pacto Puebla Panamá, verdadero "caballo de Troya", mexicanizado, de aquel o al denominado Plan Colombia, verdadero esfuerzo de intervención estadounidense para América del Sur.
Como no podía ser de otra manera, un punto esencial, en el esfuerzo de identificación propia lo es la solidaridad estricta e irrenunciable con Cuba socialista. Argumentos para la defensa de Cuba sobran, después de 40 años de complicidad en la agresión montada por los Estados Unidos contra la isla.
No recuerdo el nombre del diputado hispanoamericano, creo que peruano, que en 1812 durante la discusión de la Constitución de Cádiz, en la España revolucionaria en lucha por su soberanía nacional, expresó: "Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre". El corolario de aquéllo, hoy día es: "todo pueblo agredido por el imperialismo debe ser defendido por quienes defendemos la vida y la humanidad". ¿Simple no?. simgonp@sinfo.net