Cómo ayudar a un colérico
SABE USTED QUE, en el fondo, la cólera y la ira son reacciones ante el miedo? Las modernas investigaciones psicológicas hablan de esto. En lo más profundo de su interior una persona iracunda justifica su comportamiento de tal manera, diciendo cosas como: esto es un proceder valeroso; así hay que hacer las cosas, si no, no te respetan; los que me conocen saben como soy y entonces que me aguanten, etc. Con estas reacciones ante los demás, las personas coléricas no se dan cuenta que están abandonando, frecuentemente, sus buenas maneras; que son injustos con los demás; que sus propias dudas, sus sentimientos de inferioridad, sus complejos, se están acallando mediante gritos y expresiones amenazadoras y, en el fondo, su miedo a la vida, su miedo a que les hagan daño, lo disimulan con exclamaciones y gestos amenazadores.
Eso no lo saben muchos de los que sufren estas continuas cóleras e iras.
De hecho, sí es verdad que los comportamientos iracundos y coléricos vienen, en parte, por el ambiente en que se vivió en la infancia. El niño copia estas tendencias de sus padres, de las personas que más han influido en ellos y así el niño se da cuenta, rápidamente, que los ataques de ira y de cólera de papá atemorizan a toda la familia. Él, entonces, piensa: Si papá aterra y produce miedo en los demás con sus gritos, si yo hago lo mismo también me van a respetar.
Curiosamente, la mayor parte de cuanto nosotros tenemos a nivel psíquico ha llegado a producirse por vía de los procesos de identificación y aprendizaje cuando éramos niños y en esto influyen, mayormente, los padres. Por la imitación, por el trato, el niño adquiere muchas actitudes y gestos violentos, porque así se va a sentir "grande" como lo son papá y mamá.
A esto hay que añadir la compensación del miedo. Un detenido análisis del desarrollo psíquico de agresiones fuertes, de hecho y de palabra, nos enseña que toda persona agresiva es, en el fondo, muy miedosa. Su comportamiento iracundo y colérico trata de tapar y cubrir este miedo. Las personas realmente valerosas no se dejan arrebatar tan fácilmente su serenidad y pocas veces se enojan; cuando lo hacen, es por alguna causa muy importante. En las situaciones difíciles mantienen la cabeza en su sitio, son personas conciliadoras y tienden a aclarar un problema por medio de una conversación serena. La persona iracunda, sin embargo, teme muchas veces un enjuiciamiento sosegado de la situación en la que él pudiera estar equivocado. Si se presenta un obstáculo o una resistencia, da rienda suelta a un despliegue de demostraciones de ataque, encaminado a lograr un callamiento de su propia inseguridad y a hacer vacilar y temblar al interlocutor. Es decir, grita para ocultar su inseguridad y para que el otro se quede tranquilo y no le haga descubrir su error. De esta manera, la persona iracunda se impone con medios prácticamente fuera de toda objetividad.
¿Qué hacer ante estos casos? Comprenda que toda persona iracunda tiene cierta condición enfermiza interior. Téngale paciencia, ámelo en sus cosas positivas, que seguramente las tendrá. Sepa que lo que hace, no lo hace muchas veces por maldad, por cinismo o por sadismo, sino porque está enfermo. También ante una persona así, cuando está tranquila o serena, hay que hablarle de su problema, hay que decirle claramente que tiene situaciones conflictivas internas y que debe hacer un cambio. Decirle que se está quedando solo en la vida, que está haciendo sufrir a otros; pero que en el fondo, el que más sufre es él, porque se siente frustrado, se siente triste, ya que sus relaciones interpersonales no son las más adecuadas. También hay que hacerle saber que necesita ayuda profesional. Un buen psicólogo lo puede ayudar a resolver sus problemas internos, todo aquello que ha ido acumulando a lo largo de los años.
También hay que hacerle ver que buscando al Señor podrá encontrar la paz que el mundo jamás le podrá dar; que un encuentro profundo con Cristo le podrá solucionar parte de su problemática.
Con la experiencia de Dios, la ayuda de la psicología, su propia comprensión del problema y una actitud nueva de cambio, lo ayudará a corregir su dificultad. Sepa que esa persona que tiene trastornos psíquicos un poco profundos, se siente generalmente amenazada, como traicionada por la gente.
Usted debe ayudarle a cambiar esa visión de la humanidad y a eliminar esa inseguridad que tiene con su propio ser. Con estas personas hay que tener una gran dosis de comprensión y de perdón.
Ahora bien, si usted es el colérico, ¿qué hacer? Pues si usted es el colérico, ya sabe lo que hemos dicho en este Mensaje al Corazón: conozca su problema e intente cambiar. Vale la pena ser feliz.
Con Dios podemos cambiar, con Él podemos vencer todo hasta la ira y la cólera, porque ¡con ÉL, somos INVENCIBLES!
Eso no lo saben muchos de los que sufren estas continuas cóleras e iras.
De hecho, sí es verdad que los comportamientos iracundos y coléricos vienen, en parte, por el ambiente en que se vivió en la infancia. El niño copia estas tendencias de sus padres, de las personas que más han influido en ellos y así el niño se da cuenta, rápidamente, que los ataques de ira y de cólera de papá atemorizan a toda la familia. Él, entonces, piensa: Si papá aterra y produce miedo en los demás con sus gritos, si yo hago lo mismo también me van a respetar.
Curiosamente, la mayor parte de cuanto nosotros tenemos a nivel psíquico ha llegado a producirse por vía de los procesos de identificación y aprendizaje cuando éramos niños y en esto influyen, mayormente, los padres. Por la imitación, por el trato, el niño adquiere muchas actitudes y gestos violentos, porque así se va a sentir "grande" como lo son papá y mamá.
A esto hay que añadir la compensación del miedo. Un detenido análisis del desarrollo psíquico de agresiones fuertes, de hecho y de palabra, nos enseña que toda persona agresiva es, en el fondo, muy miedosa. Su comportamiento iracundo y colérico trata de tapar y cubrir este miedo. Las personas realmente valerosas no se dejan arrebatar tan fácilmente su serenidad y pocas veces se enojan; cuando lo hacen, es por alguna causa muy importante. En las situaciones difíciles mantienen la cabeza en su sitio, son personas conciliadoras y tienden a aclarar un problema por medio de una conversación serena. La persona iracunda, sin embargo, teme muchas veces un enjuiciamiento sosegado de la situación en la que él pudiera estar equivocado. Si se presenta un obstáculo o una resistencia, da rienda suelta a un despliegue de demostraciones de ataque, encaminado a lograr un callamiento de su propia inseguridad y a hacer vacilar y temblar al interlocutor. Es decir, grita para ocultar su inseguridad y para que el otro se quede tranquilo y no le haga descubrir su error. De esta manera, la persona iracunda se impone con medios prácticamente fuera de toda objetividad.
¿Qué hacer ante estos casos? Comprenda que toda persona iracunda tiene cierta condición enfermiza interior. Téngale paciencia, ámelo en sus cosas positivas, que seguramente las tendrá. Sepa que lo que hace, no lo hace muchas veces por maldad, por cinismo o por sadismo, sino porque está enfermo. También ante una persona así, cuando está tranquila o serena, hay que hablarle de su problema, hay que decirle claramente que tiene situaciones conflictivas internas y que debe hacer un cambio. Decirle que se está quedando solo en la vida, que está haciendo sufrir a otros; pero que en el fondo, el que más sufre es él, porque se siente frustrado, se siente triste, ya que sus relaciones interpersonales no son las más adecuadas. También hay que hacerle saber que necesita ayuda profesional. Un buen psicólogo lo puede ayudar a resolver sus problemas internos, todo aquello que ha ido acumulando a lo largo de los años.
También hay que hacerle ver que buscando al Señor podrá encontrar la paz que el mundo jamás le podrá dar; que un encuentro profundo con Cristo le podrá solucionar parte de su problemática.
Con la experiencia de Dios, la ayuda de la psicología, su propia comprensión del problema y una actitud nueva de cambio, lo ayudará a corregir su dificultad. Sepa que esa persona que tiene trastornos psíquicos un poco profundos, se siente generalmente amenazada, como traicionada por la gente.
Usted debe ayudarle a cambiar esa visión de la humanidad y a eliminar esa inseguridad que tiene con su propio ser. Con estas personas hay que tener una gran dosis de comprensión y de perdón.
Ahora bien, si usted es el colérico, ¿qué hacer? Pues si usted es el colérico, ya sabe lo que hemos dicho en este Mensaje al Corazón: conozca su problema e intente cambiar. Vale la pena ser feliz.
Con Dios podemos cambiar, con Él podemos vencer todo hasta la ira y la cólera, porque ¡con ÉL, somos INVENCIBLES!