¿Cómo educar inteligencias superiores?
En un artículo anterior, publicado por este diario (Opinión, 17/2/2008), reflexionamos sobre la conveniencia de atender las necesidades de aprendizaje de la niñez y la juventud que posee una inteligencia superior. En esta entrega nos referirnos a uno, entre otros modelos de atención de estos alumnos, sustentado en determinadas teorías de aprendizaje, condiciones socioeconómicas de las familias y políticas educativas del país.
En Brasilia se cuenta con una experiencia que puede ser referencia interesante para impulsar una política educativa que atienda la población de alumnos talentosos. Desde 1976 la Secretaría de Educación del Distrito Federal en Brasilia realizó actividades específicas para satisfacer las necesidades educativas de los superdotados, que se articularon posteriormente a la política del Ministerio de Educación, que a partir de 2005, fomenta la organización de los Núcleos de Actividades de Altas Habilidades (NAAHS). El Núcleo funciona en unas 16 aulas de recursos distribuidas en nueve Direcciones Regionales de Enseñanza, la mayor parte de ellas correspondientes a sectores de población de bajos ingresos (Ceilandia, Guará, Planaltina, São Sebastião, Taguatinga). Allí son atendidos unos 1,241 estudiantes por parte 71 profesionales, entre ellos, profesores y psicólogos.
A esas aulas acuden estudiantes desde los seis años de edad hasta el término de la educación media, unas dos veces por semana, durante cuatro horas, en horario contrario al de sus clases. Durante ese período, trabajan en las áreas y disciplinas de su interés, como: portugués, matemática, ingenierías, física, biología, informática, filosofía, artes visuales, plásticas, escénicas y musicales, entre otras.
Ese proyecto también ofrece capacitación a los profesores y maestros de cursos regulares para que sean capaces de identificar a los estudiantes superdotados y los ayuden a trabajar en los temas que más les interesan. Esa cantidad de alumnos atendidos es aún reducida. Sin embargo, constituye una muestra interesante de lo que un país o Estado puede hacer para atender estas necesidades de aprendizaje en la niñez y juventud talentosa. Los beneficiarios del programa sienten que son mejor comprendidos por sus familias y docentes, algunos pasaron de ser personas tristes, atormentadas y tímidas a seres humanos seguros y sociables; otros que imaginaron un mundo violento y de pobreza, pasaron a confiar más en sí mismos y en las oportunidades de su entorno social y familiar.
La atención de superdotados en la sociedad representa una opción política importante que permite atender derechos legítimos de las personas, al mismo tiempo que aprovechar plenamente el capital del talento en beneficio del desarrollo nacional. De allí que la educación de los alumnos con inteligencias superiores, pasa de ser una tarea episódica y secundaria, a un objetivo esencial en la agenda de los sistemas educativos de los países, especialmente de aquellos que se esfuerzan por superar las barreras de la pobreza y la exclusión.