Cómo hacer de éste un buen gobierno
Partamos de una realidad, el gobierno apenas tiene dinero para cubrir planillas y pagar a duras penas la deuda. Lo que es peor, ni siquiera hay perspectivas de tenerlo a corto y mediano plazo, salvo el Fondo Fiduciario, que sería como gastar los ahorros y vender los muebles para comer.
Tampoco puede recurrir al expediente fácil de aumentar los impuestos, porque más temprano que tarde terminaría matando las "gallinas de los huevos de oro" y espantando la inversión.
Empero tampoco puede cruzarse de brazos frente a la problemática de la pobreza y el desempleo, porque la olla de presión social terminaría estallándonos en la cara. Coincidimos por tanto con la presidenta Moscoso, en que la atención de los pobres es prioritaria por razones de solidaridad humana y de seguridad.
Para afrontar el problema existe una fórmula sencilla, que no requiere de complicaciones ni de recurso alguno. Es la usada por el presidente Clinton, que sin llevar adelante grandes iniciativas ni proyectos, ha conducido a su país a niveles de prosperidad sin precedentes, que lo mantienen en la cima de la popularidad con mínimo esfuerzo.
¿Qué hizo Clinton, aparte de gozar literalmente su mandato? ... Nada y mucho. Veámoslo, pero trasponiendo lo que sugerimos se haga en Panamá.
Para empezar, la presidente Moscoso debe escoger un reducido grupo de sus mejores ministros y colaboradores. Diez, son demasiados.
Hecho lo anterior, la mandataria convocará en lugar neutral a lo más encumbrado y selecto del mundo empresarial panameño: industriales, banqueros, constructores, promotores y otros, que han de tener como denominador común el poder y la disposición de hacer grandes inversiones.
En esa reunión, la Presidenta pasará solemnemente al sector privado la responsabilidad de crear empleos y oportunidades para los pobres, y convertirá su administración en plena facilitadora de todo, - leyes, infraestructura, incentivos, y lo que sea requiera dicho sector -, para generar negocios, riqueza y trabajo masivos.
En el mismo acto, se conformarán equipos de trabajo, se establecerán líneas de comunicación expedita y se encomendará a los empresarios la tarea de elaborar a su costo los proyectos de leyes, los estudios de factibilidad y lo que necesiten, a cambio de jugar limpio, pagar sus impuestos y crear al menos 250 mil empleos dignos en lo que resta de su mandato.
Tampoco puede recurrir al expediente fácil de aumentar los impuestos, porque más temprano que tarde terminaría matando las "gallinas de los huevos de oro" y espantando la inversión.
Empero tampoco puede cruzarse de brazos frente a la problemática de la pobreza y el desempleo, porque la olla de presión social terminaría estallándonos en la cara. Coincidimos por tanto con la presidenta Moscoso, en que la atención de los pobres es prioritaria por razones de solidaridad humana y de seguridad.
Para afrontar el problema existe una fórmula sencilla, que no requiere de complicaciones ni de recurso alguno. Es la usada por el presidente Clinton, que sin llevar adelante grandes iniciativas ni proyectos, ha conducido a su país a niveles de prosperidad sin precedentes, que lo mantienen en la cima de la popularidad con mínimo esfuerzo.
¿Qué hizo Clinton, aparte de gozar literalmente su mandato? ... Nada y mucho. Veámoslo, pero trasponiendo lo que sugerimos se haga en Panamá.
Para empezar, la presidente Moscoso debe escoger un reducido grupo de sus mejores ministros y colaboradores. Diez, son demasiados.
Hecho lo anterior, la mandataria convocará en lugar neutral a lo más encumbrado y selecto del mundo empresarial panameño: industriales, banqueros, constructores, promotores y otros, que han de tener como denominador común el poder y la disposición de hacer grandes inversiones.
En esa reunión, la Presidenta pasará solemnemente al sector privado la responsabilidad de crear empleos y oportunidades para los pobres, y convertirá su administración en plena facilitadora de todo, - leyes, infraestructura, incentivos, y lo que sea requiera dicho sector -, para generar negocios, riqueza y trabajo masivos.
En el mismo acto, se conformarán equipos de trabajo, se establecerán líneas de comunicación expedita y se encomendará a los empresarios la tarea de elaborar a su costo los proyectos de leyes, los estudios de factibilidad y lo que necesiten, a cambio de jugar limpio, pagar sus impuestos y crear al menos 250 mil empleos dignos en lo que resta de su mandato.