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¿Cómo poder creerle?


Juan Carlos Navarro sentenció que mal podría ser el vicepresidente de una persona que no tiene palabra. La misma le prometió y pidió que nadie los enredara, a ella para la Alcaldía y Navarro para la Presidencia. La historia fue otra completamente diferente.

Segundas intenciones, muñequeo tras bastidores, todo se puede dar con Mitchell Doens y Héctor Alemán de por medio; cualquier cosa se puede dar.

Balbina Herrera, la que miente, la que no quiere la mano dura, la que busca tratar la delincuencia con mano amiga, que apoya las fallidas gestiones de seguridad, todo según Juan Carlos Navarro, dijo a los cuatro vientos, desde el mismo día de su elección, que su príncipe era rabi, buen mozo y jovenzuelo. A pregunta de si el Alcalde entraba en ese contexto, reiteró los requisitos, es decir quedaba por fuera Navarro.

Paradojas de la vida, Navarro decía que pobre de su partido si Balbina era la candidata, pues su pasado le haría mucho daño. Luego, en arranques de desprecio, arremete contra Martín Torrijos y le pone un ultimátum a Balbina, ¡o yo, o yo! Funcionó, a pesar de que terminó en una de las fiestas de payasos.

Por su parte, Balbina, arrogante y desafiante, decía que ella no tenía apuro ante la fecha del ultimátum, pues en enero se haría el anuncio y que además tenía 20 pretendientes, digo, posibles vicepresidentes. No aguantó los últimos aguacero producto de las encuestas, donde se dio cuenta que no levanta vuelo. Su pasado, cual plomo en sus pies, no le permitiría subir en sus encuestas; necesita nuevas alas y cuáles mejores que las de un bin-bin.

Lo cierto es que todo este año, Balbina ha dado muestra de tanta inconsistencia en sus declaraciones, que ya no sabemos ni qué creerle. Qué habrá pensado la garulilla de rabiblanquitos que se pavoneaba por los pasillos del Club Unión, cuando le cayó el balde de agua fría. Al final, perico se levantó de las vías del tren y ahora resulta que será el copiloto de la maquinaria que él mismo presagió, ante la inoperancia del gobierno en materia de seguridad.

¿Suicidio político? No me gustaría ver a Navarro morir de esa forma. ¿Falta de cálculo? Quizás, y es lo más lógico en este ajedrez, pues los mismos perredés son los que han revuelto el chicheme y lo han puesto hasta más espeso. Bruscas que nublan un horizonte rentable, pues la demora en la aceptación de la propuesta de Navarro como Vice, ha jugado en contra de los dos.

Balbina pierde, pues sigue en su errático andar, sin discursos y palabras que la puedan mantener.

Por su parte, Navarro llega con liderazgo diezmado, producto precisamente de la persecución de los cuadros de Balbina a la gente que lo apoyó a nivel nacional. Son escaramuzas que resultan peligrosas; nadie se pone a arar en el desierto y Balbina lo intenta, en vez de sanar heridas, se dedicó a despreciar en público a Navarro y ahora le toca bailar la pieza principal con esta figura. Cómo explicarle a la gente eso, cómo se toma o traga, pues mucha gente ya cogió brisa y se ubicó en otros lares, que no precisamente guardan relación con el mundo perrediano.

Pondré mucha atención en cada palabra de Navarro de ahora en adelante, pues tendrá por comenzar en arrepentirse de todo lo que dijo de la candidata que no tiene palabra, amén de que ahora si Balbina muere en el intento, se lleva a la tumba a su consorte político. Buena estrategia para Torrijos, dos pájaros de un solo tiro, que no le podrán pelear su liderazgo una vez pierdan el 3 de mayo de 2009. Así veo las cosas y así las cuento.

101 años de Panamá América

 
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