¿Cómo resolverían Salomón o Sancho los problemas creados por el petróleo?
Aunque lo haya mencionado muchas veces, en la cita de Confucio que da Karl Jaspers en "Los grandes filósofos" y en la que da Ezra Pound en su "Guide to Kulchur", cuando le preguntan al sabio chino qué es lo primero que hay que hacer cuando un país está en una situación desastrosa, su respuesta es: "Lo primero es poner las palabras en su lugar". Sin eso, las leyes no se entienden, nadie sabe qué debe obedecer ni pueden saber los jueces a quién se debe castigar ni sabe el gobernante cómo gobernar. ¿Estamos ahora en Panamá con eso en mente?
Problema primero. El precio del combustible. ¿Puede el gobierno hacer algo frente al alza del barril de petróleo en Brent o en Texas? La respuesta es no.
¿Pueden las pocas industrias locales y el transporte público seguir operando mal o bien con semejantes alzas en el precio de la gasolina, del diésel y de la electricidad? La respuesta es no.
¿Se puede resolver el problema o no se puede resolver? La respuesta es sí, en dos o tres etapas que representan dos o tres grados de solución.
¿Qué hacer? Lo primero es ver que la principal causa del problema es externa fruto de lo que llaman "economía de mercado" o "mercado libre".
Entonces, lo primero es que la economía de mercado, en la situación en que estamos, no se puede aplicar sin una reacción popular de consecuencias impredecibles.
¿Y si deja de aplicarse la economía de mercado a las necesidades de energía del país, qué caminos surgen? La respuesta es que el Estado interviene en el mercado e impone soluciones.
¿Cuáles? El Estado subsidia el transporte público eliminando impuestos al combustible y a sus vendedores, y si es necesario, recurre a certificados de abono tributario para que el combustible se venda a mucho menos.
Esos certificados de abono tributario y el hueco fiscal de los impuestos eliminados se cubriría a los tres años cuando comenzara a operar una enorme refinería del Estado que exporte a Estados Unidos combustóleos para la calefacción y produzca combustible marino para los barcos. La ganancia subsidiaría el consumo local de diésel, gasolina y nafta (para aviones). Pero una improvisada en Puerto Armuelles, cuya contaminación acabaría con Boquete, Cerro Punta y buena parte de las playas y la pesca del Pacífico.