¡Cómo se ha profanado “el amor”! (II Parte)
El que ama es fiel, como Dios lo es. El que ama cumple la palabra dada, sabiendo que no quiere hacer sufrir a la persona que ha puesto su confianza en él. El que ama no caerá en la traición, porque uno de los peores dolores que experimenta un ser humano es sentir “el puñal clavado en la espalda” por alguien cercano a él. La pasión de Jesús empezó con Judas buscándolo en el monte de los Olivos con un grupo de desalmados para atarlo y llevarlo detenido ante las autoridades religiosas. ¡Qué dolor el de Cristo al sentirse traicionado por un amigo!
El que ama nunca cosifica o instrumentaliza al ser que dice amar; nunca lo usa para otro fin que satisfaga su egoísmo. El que ama va muriendo a su ego, enterrándolo para así nacer en él un deseo de servir, de ser útil, de buscar el bien de los demás. El que ama también se ama a sí mismo, se respeta, se valora, tiene muy en alto su dignidad y no permite que nadie lo utilice, lo engañe, lo use como una marioneta para fines perversos.
El que ama ve al otro “como otro yo” que merece ser amado, respetado, valorado. Proyecta pues el aprecio que se tiene a sí mismo en los demás. El que no ama, primero no se quiere a sí mismo, se rechaza, se odia y por lo tanto, así hará con los demás. Mientras menos amor sienta por sí mismo, más cercano estará a convertirse en un asesino.
El que ama está conectado con la fuente del amor que es Dios mismo. Está bebiendo del agua pura del amor eterno y por eso puede a su vez amar sin esperar recompensa. El amor de Dios es pleno, infinitamente generoso y no busca nada para sí, por lo que el que ama, aún con sus limitaciones, intenta hacerlo sin buscar para sí otra cosa que la satisfacción de ver que otros se beneficien de su entrega.
El que ama de verdad es una persona feliz, realizada. El que no ama, siempre al final está amargado, frustrado, se siente solo y ve en los demás solamente sus defectos, para justificar el no amar. El que ama sabe perdonar, y bendice al que lo maldice, y ora por aquél que lo persigue. Por eso el que ama es el más feliz de todos porque vive en Dios y por eso con Él es invencible.