¿Cómo votar?
Me comentaba un amigo sobre su incertidumbre en cuanto a quién de los cuatro candidatos a la Presidencia darle su voto. Me confiaba que aunque todos prometían, con diferentes palabras, la solución a los problemas más sensibles de la sociedad, él estaba consciente de que algunas cosas no se pueden arreglar sólo con los buenos deseos de los políticos, y por eso su indecisión.
Le manifesté que su sentir era compartido por un alto porcentaje de los ciudadanos no comprometidos con ningún partido político, y por eso era necesario analizar desapasionadamente a cada aspirante a elección popular, para sentir que estamos favoreciendo a quien tiene los mejores atributos para buscar con honestidad las mejores opciones de solución a tantos problemas sociales.
La persona que ocupe la Presidencia de la República no puede hacer lo que debe, lo que el cargo demanda, si no está acompañada de un buen equipo de trabajo. Es de gran trascendencia saber escoger a los representantes, legisladores y alcaldes, baluartes importantes de un buen engranaje gubernamental.
También debemos analizar, objetivamente, a los personajes más allegados al candidato, pues es lógico suponer que de entre ellos se escogerán a los futuros ministros y gerentes de instituciones autónomas, asesores, representantes diplomáticos y consulares del país. Son quienes deberán demostrar, con sus actuaciones individuales, si se cuenta con un buen gobierno capaz de encontrar las soluciones ofrecidas en campaña.
El error es pensar que una sola persona, por muy bien intencionada que esté, puede dar respuesta a todos los problemas que nos agobian, sobre todo a los más pobres: el desempleo, la desnutrición, la falta de escuelas, de hospitales, de centros de salud, el transporte público, el déficit del Seguro Social, falta de carreteras de penetración, déficit habitacional, ausencia de opciones de transportes colectivos, seguros y cómodos; sólo por mencionar algunos asuntos por resolver a muy corto plazo.
Debemos votar por un buen equipo de gobierno, a conciencia por los mejores. Aprendamos a escoger a quienes consideremos van a dedicar su intelecto y entrega desinteresada en el cumplimiento de todas las promesas electorales. Sólo con un buen equipo de personas honestas, dispuestas a corregir entuertos, a eliminar privilegios y canonjías, sin medir el tiempo, de día o de noche, necesario para cumplir a cabalidad con sus funciones, podremos sentir que estamos en el camino de la superación ciudadana. No más elección por amiguismo, votemos por los mejores.
Como ya expuse entonces, nuestros embajadores no son ni pueden ser los delegados comerciales de esa empresa liberal llamada "Marca España", sino los interlocutores de un diálogo fértil que propongan soluciones y aconsejen para que nuestras empresas prosperen al mismo tiempo que prospera la economía real de esos países. Entre Davos y Porto Alegre, España puede buscar la vía intermedia que socialice y dignifique el escenario de una Globalización que respete la diferencia y que contribuya, en definitiva, a un mundo más justo, mas equilibrado, y por qué no, más agradable y más simpático. *Ha dirigido el ICI-Centro Cultural de España en Buenos Aires.
Le manifesté que su sentir era compartido por un alto porcentaje de los ciudadanos no comprometidos con ningún partido político, y por eso era necesario analizar desapasionadamente a cada aspirante a elección popular, para sentir que estamos favoreciendo a quien tiene los mejores atributos para buscar con honestidad las mejores opciones de solución a tantos problemas sociales.
La persona que ocupe la Presidencia de la República no puede hacer lo que debe, lo que el cargo demanda, si no está acompañada de un buen equipo de trabajo. Es de gran trascendencia saber escoger a los representantes, legisladores y alcaldes, baluartes importantes de un buen engranaje gubernamental.
También debemos analizar, objetivamente, a los personajes más allegados al candidato, pues es lógico suponer que de entre ellos se escogerán a los futuros ministros y gerentes de instituciones autónomas, asesores, representantes diplomáticos y consulares del país. Son quienes deberán demostrar, con sus actuaciones individuales, si se cuenta con un buen gobierno capaz de encontrar las soluciones ofrecidas en campaña.
El error es pensar que una sola persona, por muy bien intencionada que esté, puede dar respuesta a todos los problemas que nos agobian, sobre todo a los más pobres: el desempleo, la desnutrición, la falta de escuelas, de hospitales, de centros de salud, el transporte público, el déficit del Seguro Social, falta de carreteras de penetración, déficit habitacional, ausencia de opciones de transportes colectivos, seguros y cómodos; sólo por mencionar algunos asuntos por resolver a muy corto plazo.
Debemos votar por un buen equipo de gobierno, a conciencia por los mejores. Aprendamos a escoger a quienes consideremos van a dedicar su intelecto y entrega desinteresada en el cumplimiento de todas las promesas electorales. Sólo con un buen equipo de personas honestas, dispuestas a corregir entuertos, a eliminar privilegios y canonjías, sin medir el tiempo, de día o de noche, necesario para cumplir a cabalidad con sus funciones, podremos sentir que estamos en el camino de la superación ciudadana. No más elección por amiguismo, votemos por los mejores.
Como ya expuse entonces, nuestros embajadores no son ni pueden ser los delegados comerciales de esa empresa liberal llamada "Marca España", sino los interlocutores de un diálogo fértil que propongan soluciones y aconsejen para que nuestras empresas prosperen al mismo tiempo que prospera la economía real de esos países. Entre Davos y Porto Alegre, España puede buscar la vía intermedia que socialice y dignifique el escenario de una Globalización que respete la diferencia y que contribuya, en definitiva, a un mundo más justo, mas equilibrado, y por qué no, más agradable y más simpático. *Ha dirigido el ICI-Centro Cultural de España en Buenos Aires.