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Compás de espera para el Seguro Social


Restan tres meses para que el presidente electo, Martín Torrijos, asuma el poder y, sin embargo, empiezan a renovarse las voces que claman por la no privatización de la Caja de Seguro Social, amparándose tras la apariencia de supuestos movimientos colectivos autodenominados frente de defensa o de no privatización de la entidad. Hasta allí, nada nuevo. Pero hay más.
Los medios de comunicación registran en los últimos días llamados de alerta a los asegurados, del mismo origen, para no permitir concesiones o variación de condiciones que puedan tener lugar en el marco de una reestructuración tendiente a salvar a la institución. Porque, sin admitirlo, saben que es menester introducirle sustanciales reformas que implican sacrificios.
Obviamente, no será el actual gobierno saliente quien se ocupe de estudiar y aplicar las reformas que tan urgentemente requiere el Seguro Social. En consecuencia, el movimiento que se gesta, se anticipa a la administración de Torrijos, lo cual nos parece ilógico e inconveniente. Ilógico, porque, como dijimos, el hombre ni siquiera se ha sentado en la silla. E inconveniente, porque parte comprometiéndose con posturas inflexibles y dogmáticas, en vez abrir su mente y adoptar criterios más flexibles, a más de que no aporta nada constructivo.
Y al no aportar ideas, estos supuestos movimientos se limitan a la clásica postura negativa de listar cosas que "no quieren" o "que no permitirán", sin proponer solución alguna a cambio. Parecen no percatarse que, atrincherarse tras un "no" absoluto a toda idea ajena, a nada conduce, salvo al staus quo, esto es al no hacer nada, lo cual es inadmisible, a menos que se quiera que la entidad desaparezca.
Así las cosas, lo aconsejable es que todos los panameños, incluyendo a los promotores de los movimientos en cuestión, brinden un compás de espera para que Martín Torrijos asuma la Presidencia de la República y se aboque a la tarea de buscar una solución definitiva.
Lo único que está claro dentro de la incertidumbre, es que no habrá privatización. Ella, ni se quiere, ni es posible. La institución está virtualmente quebrada.

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