Competencia: clave del libre comercio
Los esfuerzos por unificar las economías del hemisferio a través de un solo acuerdo de libre comercio, se iniciaron en la Cumbre de las Américas celebrada en 1994 en la ciudad de Miami. Durante esta primera cumbre, los mandatarios dieron su visto bueno a las exigencias del neoliberalismo. Sin embargo, cuatro años más tarde, en la segunda cumbre realizada en la ciudad de Santiago de Chile, se adoptó el consenso de la democracia, mercados abiertos y justicia social.
El Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) pretende crear, dentro de cuatro años, la mayor zona comercial sin barreras arancelarias, con un mercado heterogéneo de 800 millones de consumidores, cuyo producto interno bruto (PIB) es de aproximadamente 10 millones de millones de dólares.
En Santiago de Chile se celebraron dos cumbres simultáneamente, la de las Américas, durante la cual los 34 gobernantes aprobaron el "Plan de Acción de 170 puntos", y la del "Plan de Los Pueblos de América". El primero precisa los objetivos y recursos de los gobiernos, mientras que el segundo recomienda la creación de una alianza social para potenciar al libre comercio a resolver las desigualdades económicas.
El "Plan de Acción de 170 puntos" incluye un financiamiento de 40 mil millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Banco Mundial (BM) para reforzar y mejorar la educación, la democracia, y la erradicación de las drogas y la pobreza. Este último aspecto incluye el acceso del mayor número de los 50 millones de pequeñas y medianas empresas a la banca internacional, a partir del año 2001.
Un informe sobre Alianza Económica en América Latina indica que el proceso de integración en Latinoamérica se intensificó en la última década, en consecuencia de los acuerdos comerciales firmados en la región y como alternativa a los "altibajos" de las economías latinoamericanas. Datos del BID señalan que los acuerdos comerciales firmados entre los países latinoamericanos hicieron posible que, entre 1990 y 1997, las exportaciones aumentaron en un 9%, mientras que el comercio intraregional también creció en 19%.
Según datos estadísticos de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL), la región mostró un crecimiento de 5.3% en 1997, a diferencia del 3.3% registrado el año anterior. A pesar de que el informe refleja un desaceleramiento durante 1999, la economía latinoamericana tiene una inflación menor del 10% y un déficit de 3% del PIB. Además, existen evidencias que indican que los países que invirtieron en infraestructuras para incentivar las exportaciones, tales como Costa Rica y Nicaragua, crecieron durante 1999 a una tasa de 7.8 y 6.1 % respectivamente, en comparación con un 3.3% de Panamá. Es importante señalar que, de acuerdo al Wall Street Journal, las exportaciones de México aumentaron durante 1999 más de un 15% y se espera que sigan creciendo durante los próximos tres años en el orden arriba del 12%. Según este informe, México es actualmente el octavo país exportador del mundo y el primero en América Latina.
Tal expectativa ha levantado el tema del libre comercio en nuestra región que actualmente se llevan a cabo reuniones de negociación de varios grupos de trabajo para formalizar el ALCA para antes del año 2004. En adición a esto, Joseph Stiglitz, economista y vice-presidente del Banco Mundial, manifiesta que la globalización es como una ola gigante que puede llevar a las naciones sobre su cresta hacia los caminos de la modernidad, siempre y cuando éstos permitan que el tema del libre mercado permee y se incruste dentro del proceso de toma de decisiones. En consecuencia, es importante destacar que para garantizar el éxito del libre comercio en el continente americano es esencial referirnos a los aspectos de la libre competencia, que sin duda alguna, será la "piedra angular" para el establecimiento del ALCA. Si recordamos, ésta fue una de las conclusiones a las que llegaron los expertos de las agencias de competencia de los once países del hemisferio cuando se reunieron en Panamá en octubre de 1998 para realizar la Primera Cumbre de Competencia de las Américas, la cual sirvió de marco para intercambiar criterios sobre cooperación, de conformidad con sus respectivas leyes, para mejorar el cumplimiento de las normas, difundir las mejores prácticas en la esfera (haciendo énfasis en la transparencia institucional), apoyar los esfuerzos de las economías pequeñas de la región que no cuentan todavía con regímenes sólidos de competencia y que aún les falta por completar el desarrollo de su marco legal, y defender los principios de la competencia en el grupo encargado de las negociaciones sobre política de la competencia del ALCA.
En la Resolución de la Cumbre de Competencia se decidió fomentar la integración económica de la región y el intercambio de experiencias en la puesta en ejecución de políticas y leyes sobre libre competencia, especialmente dirigidas a prevenir y castigar las prácticas monopolísticas, los oligopolios y los cárteles de precios. Parece esencial que los países del continente tengan que dirigir sus esfuerzos hacia el desarrollo y el fortalecimiento de las legislaciones y políticas de competencia que normen las relaciones comerciales en el hemisferio.
Las legislaciones y prácticas de libre competencia tienen que ser relativamente homogéneas, pues eso será lo que garantizará que se intensifiquen los acuerdos comerciales. En ese sentido, debe existir una dosis de "voluntad política" para que el resto de los países del hemisferio establezcan, de una vez por todas, agencias de competencia que sean independientes, autónomas, y cuyos funcionarios sean designados por sus conocimientos técnicos, solvencia moral y nivel profesional.
Actualmente los únicos países de América que cuentan con leyes y agencias de competencia son Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Chile, Estados Unidos, Jamaica, México, Panamá, Perú y Venezuela. Cabe destacar que en varios países de Centroamérica como Nicaragua y Guatemala han legislado al respecto, pero aún no han puesto en práctica esas normativas.
En el contexto para establecer una zona de libre comercio de las Américas, indudablemente se están haciendo intentos permanentes para crear un mecanismo de cooperación en materia de política de competencia entre las agencias respectivas. No escapa del conocimiento elemental que para poder establecer una región de libre comercio en un área tan heterogénea como el continente americano, será necesario implantar legislaciones homogéneas de competencia. Sin embargo, de la forma que sea, es imprescindible el establecimiento del ALCA para fortalecer las economías regionales y enfrentar los retos de la globalización. Ese es el único camino con sentido práctico que nos queda para eliminar la pobreza y salir del subdesarrollo.
El Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) pretende crear, dentro de cuatro años, la mayor zona comercial sin barreras arancelarias, con un mercado heterogéneo de 800 millones de consumidores, cuyo producto interno bruto (PIB) es de aproximadamente 10 millones de millones de dólares.
En Santiago de Chile se celebraron dos cumbres simultáneamente, la de las Américas, durante la cual los 34 gobernantes aprobaron el "Plan de Acción de 170 puntos", y la del "Plan de Los Pueblos de América". El primero precisa los objetivos y recursos de los gobiernos, mientras que el segundo recomienda la creación de una alianza social para potenciar al libre comercio a resolver las desigualdades económicas.
El "Plan de Acción de 170 puntos" incluye un financiamiento de 40 mil millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Banco Mundial (BM) para reforzar y mejorar la educación, la democracia, y la erradicación de las drogas y la pobreza. Este último aspecto incluye el acceso del mayor número de los 50 millones de pequeñas y medianas empresas a la banca internacional, a partir del año 2001.
Un informe sobre Alianza Económica en América Latina indica que el proceso de integración en Latinoamérica se intensificó en la última década, en consecuencia de los acuerdos comerciales firmados en la región y como alternativa a los "altibajos" de las economías latinoamericanas. Datos del BID señalan que los acuerdos comerciales firmados entre los países latinoamericanos hicieron posible que, entre 1990 y 1997, las exportaciones aumentaron en un 9%, mientras que el comercio intraregional también creció en 19%.
Según datos estadísticos de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL), la región mostró un crecimiento de 5.3% en 1997, a diferencia del 3.3% registrado el año anterior. A pesar de que el informe refleja un desaceleramiento durante 1999, la economía latinoamericana tiene una inflación menor del 10% y un déficit de 3% del PIB. Además, existen evidencias que indican que los países que invirtieron en infraestructuras para incentivar las exportaciones, tales como Costa Rica y Nicaragua, crecieron durante 1999 a una tasa de 7.8 y 6.1 % respectivamente, en comparación con un 3.3% de Panamá. Es importante señalar que, de acuerdo al Wall Street Journal, las exportaciones de México aumentaron durante 1999 más de un 15% y se espera que sigan creciendo durante los próximos tres años en el orden arriba del 12%. Según este informe, México es actualmente el octavo país exportador del mundo y el primero en América Latina.
Tal expectativa ha levantado el tema del libre comercio en nuestra región que actualmente se llevan a cabo reuniones de negociación de varios grupos de trabajo para formalizar el ALCA para antes del año 2004. En adición a esto, Joseph Stiglitz, economista y vice-presidente del Banco Mundial, manifiesta que la globalización es como una ola gigante que puede llevar a las naciones sobre su cresta hacia los caminos de la modernidad, siempre y cuando éstos permitan que el tema del libre mercado permee y se incruste dentro del proceso de toma de decisiones. En consecuencia, es importante destacar que para garantizar el éxito del libre comercio en el continente americano es esencial referirnos a los aspectos de la libre competencia, que sin duda alguna, será la "piedra angular" para el establecimiento del ALCA. Si recordamos, ésta fue una de las conclusiones a las que llegaron los expertos de las agencias de competencia de los once países del hemisferio cuando se reunieron en Panamá en octubre de 1998 para realizar la Primera Cumbre de Competencia de las Américas, la cual sirvió de marco para intercambiar criterios sobre cooperación, de conformidad con sus respectivas leyes, para mejorar el cumplimiento de las normas, difundir las mejores prácticas en la esfera (haciendo énfasis en la transparencia institucional), apoyar los esfuerzos de las economías pequeñas de la región que no cuentan todavía con regímenes sólidos de competencia y que aún les falta por completar el desarrollo de su marco legal, y defender los principios de la competencia en el grupo encargado de las negociaciones sobre política de la competencia del ALCA.
En la Resolución de la Cumbre de Competencia se decidió fomentar la integración económica de la región y el intercambio de experiencias en la puesta en ejecución de políticas y leyes sobre libre competencia, especialmente dirigidas a prevenir y castigar las prácticas monopolísticas, los oligopolios y los cárteles de precios. Parece esencial que los países del continente tengan que dirigir sus esfuerzos hacia el desarrollo y el fortalecimiento de las legislaciones y políticas de competencia que normen las relaciones comerciales en el hemisferio.
Las legislaciones y prácticas de libre competencia tienen que ser relativamente homogéneas, pues eso será lo que garantizará que se intensifiquen los acuerdos comerciales. En ese sentido, debe existir una dosis de "voluntad política" para que el resto de los países del hemisferio establezcan, de una vez por todas, agencias de competencia que sean independientes, autónomas, y cuyos funcionarios sean designados por sus conocimientos técnicos, solvencia moral y nivel profesional.
Actualmente los únicos países de América que cuentan con leyes y agencias de competencia son Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Chile, Estados Unidos, Jamaica, México, Panamá, Perú y Venezuela. Cabe destacar que en varios países de Centroamérica como Nicaragua y Guatemala han legislado al respecto, pero aún no han puesto en práctica esas normativas.
En el contexto para establecer una zona de libre comercio de las Américas, indudablemente se están haciendo intentos permanentes para crear un mecanismo de cooperación en materia de política de competencia entre las agencias respectivas. No escapa del conocimiento elemental que para poder establecer una región de libre comercio en un área tan heterogénea como el continente americano, será necesario implantar legislaciones homogéneas de competencia. Sin embargo, de la forma que sea, es imprescindible el establecimiento del ALCA para fortalecer las economías regionales y enfrentar los retos de la globalización. Ese es el único camino con sentido práctico que nos queda para eliminar la pobreza y salir del subdesarrollo.