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Compra patriótica


Este no va a ser uno de esos artículos tristes, absurdos, solitarios, en que no aparece mencionado Obama. Hoy leemos su nombre hasta en la sopa de letras y a este paso lo veremos en el santoral. No será esto último por haber impulsado la provisión "buy american" dentro de su plan de estímulo de la economía estadounidense. El gobierno español, como no podía ser de otra manera, ha adoptado la misma filosofía. Lo paradójico es que el ministro que la ha postulado no es ni el más tonto ni el más malo del gabinete, sino Miguel Sebastián, quien seguramente sabe más economía que el resto de sus compañeros.

La compra patriótica es una de esas tonterías que se resisten a morir. Si usted, amado lector, compra un producto nacional, estará creando empleos en derredor y no allende los mares, en tierras extrañas, pobladas por gente indeseable. Este es el sustrato brutalmente xenófobo de la propuesta de comprar cerca para que la creación de trabajo nos acabe salpicando.

La ética y economía son dos caras de la misma moneda -moneda de oro, naturalmente- y el desprecio a los extranjeros, su marginación ante la propia tribu, tiene efectos económicos tan perversos como la intención que le anima. El desarrollo de nuestra civilización ha sido posible precisamente porque hemos ido extendiendo la cooperación por medio del comercio en ámbitos crecientes.

La propuesta de limitar las compras a lo más cercano consiste en acercarnos a esa situación en que uno tiene que hacérselo todo porque no tiene con quién comerciar. En la medida en que tengan éxito y se abandone la división del trabajo internacional, nos empobreceremos todos.

* Del Instituto Juan de Mariana y jefe de Economía del diario El Imparcial. © www.aipenet.com

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