Comprensión social, mejores gobernantes
Pareciera que, políticos y sociedad civil no nos percatáramos de los problemas reales del país. Pareciera, así mismo, que a nadie importara con la gente que tiene menos o que no tiene del todo. Y cuando hablo de no tener, me refiero no sólo al dinero, sino también a salud, educación, empleos, oportunidades para aprender o para poner en práctica lo aprendido.
Esa frase de que los ricos se han hecho más ricos y los pobres más pobres, no es una frase demagógica; es la realidad. El precio de los productos indispensables y necesarios ha subido. Las medicinas están incomprables; la comida no se diga. También carecemos de justicia, sobre todo para los pobres. Es lógico que exista frustración y descontento; es lógico que existan grupúsculos, como el FER 29 que protestan porque sí y por qué no hasta llegar a la malacrianza y la falta de respeto.
Sin querer defender su comportamiento, al contrario, sería bueno saber hasta dónde somos responsables de ello, o hasta dónde nuestras críticas son contraproducentes y alimentan la existencia de esos muchachos, así como de guerrilleros en otros países. ¿Nos hemos tomado el trabajo de averiguar sus antecedentes, su procedencia o su modus vivendi?
Carlos A. Mendoza dijo por el 1910 que "la sociedad es culpable de la violencia de los marginados" ¿Qué hacemos por esos marginados que no sea criticarlos y marginarlos más? Sólo los vemos como un grupo revolucionario que ataca todo lo que se haga o deje de hacerse en la Universidad y el país. Hemos tenido suerte de que no hayan encontrado contraparte para pelear porque en Panamá la cultura es más de paz que de guerra. Pero, ¿qué tal si continúan marginados de la realidad del país, escondidos en la Universidad, trastornando a quienes desean estudiar? Yo quisiera verlos compartir, en una mesa, el diálogo que los hiciera deponer su actitud de lucha velada, de intolerancia hacia las mayorías. Quisiera verlos formar parte de la política nacional, responsabilizándose del futuro de la patria, discutiendo civilizadamente los problemas que atañen al país y aportando ideas que puedan solucionarlos, para que den de sí todo el potencial positivo que llevan consigo.
¿Qué logran con gritos durante 20 minutos que no permitían el desenvolvimiento normal de un foro? No veo que consigan más que la antipatía de la ciudadanía que se coloca en su contra. Entonces, sociedad y marginados deben conversar, los unos para conocer qué piensan los otros, y ellos para exponer lo que piensan y poder solucionar los problemas que los aquejan.
De allí la importancia de que nuestros gobernantes sean personas con voluntad política, con capacidad de comunicación, con deseos de adentrarse en las situaciones y no verlas con superficialidad. De allí la importancia de la participación de los panameños en la política, y del estudio correcto que hagan de los candidatos por los cuales debemos votar. La conciencia es importante para que cada uno sienta que ha elegido el que creía el mejor. Ya la época de votar en contra de y votar por alguien para que no gane el otro, fue superada. Esta elección es crucial para Panamá porque es hora de que pongamos nuestro futuro en orden; es hora de aprovechar nuestros recursos para el bienestar de la mayoría y no para el bolsillo de cinco pelagatos. Cada panameño debe deponer intereses particulares y partidistas para sentir que deposita su voto por el mejor, sopesando analíticamente cuál conviene más al país.
¡Sólo así haremos patria!
Esa frase de que los ricos se han hecho más ricos y los pobres más pobres, no es una frase demagógica; es la realidad. El precio de los productos indispensables y necesarios ha subido. Las medicinas están incomprables; la comida no se diga. También carecemos de justicia, sobre todo para los pobres. Es lógico que exista frustración y descontento; es lógico que existan grupúsculos, como el FER 29 que protestan porque sí y por qué no hasta llegar a la malacrianza y la falta de respeto.
Sin querer defender su comportamiento, al contrario, sería bueno saber hasta dónde somos responsables de ello, o hasta dónde nuestras críticas son contraproducentes y alimentan la existencia de esos muchachos, así como de guerrilleros en otros países. ¿Nos hemos tomado el trabajo de averiguar sus antecedentes, su procedencia o su modus vivendi?
Carlos A. Mendoza dijo por el 1910 que "la sociedad es culpable de la violencia de los marginados" ¿Qué hacemos por esos marginados que no sea criticarlos y marginarlos más? Sólo los vemos como un grupo revolucionario que ataca todo lo que se haga o deje de hacerse en la Universidad y el país. Hemos tenido suerte de que no hayan encontrado contraparte para pelear porque en Panamá la cultura es más de paz que de guerra. Pero, ¿qué tal si continúan marginados de la realidad del país, escondidos en la Universidad, trastornando a quienes desean estudiar? Yo quisiera verlos compartir, en una mesa, el diálogo que los hiciera deponer su actitud de lucha velada, de intolerancia hacia las mayorías. Quisiera verlos formar parte de la política nacional, responsabilizándose del futuro de la patria, discutiendo civilizadamente los problemas que atañen al país y aportando ideas que puedan solucionarlos, para que den de sí todo el potencial positivo que llevan consigo.
¿Qué logran con gritos durante 20 minutos que no permitían el desenvolvimiento normal de un foro? No veo que consigan más que la antipatía de la ciudadanía que se coloca en su contra. Entonces, sociedad y marginados deben conversar, los unos para conocer qué piensan los otros, y ellos para exponer lo que piensan y poder solucionar los problemas que los aquejan.
De allí la importancia de que nuestros gobernantes sean personas con voluntad política, con capacidad de comunicación, con deseos de adentrarse en las situaciones y no verlas con superficialidad. De allí la importancia de la participación de los panameños en la política, y del estudio correcto que hagan de los candidatos por los cuales debemos votar. La conciencia es importante para que cada uno sienta que ha elegido el que creía el mejor. Ya la época de votar en contra de y votar por alguien para que no gane el otro, fue superada. Esta elección es crucial para Panamá porque es hora de que pongamos nuestro futuro en orden; es hora de aprovechar nuestros recursos para el bienestar de la mayoría y no para el bolsillo de cinco pelagatos. Cada panameño debe deponer intereses particulares y partidistas para sentir que deposita su voto por el mejor, sopesando analíticamente cuál conviene más al país.
¡Sólo así haremos patria!