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Comunicación a todo nivel


Desde que el mundo es mundo, se han comunicado los seres entre sí, para lo que se inventó una serie de sistemas: el humo, los tambores y otros métodos. Fue la manera primitiva de decirse los unos a los otros sus pensamientos y sentimientos. ¿Por qué esa necesidad? Porque en las sociedades agrupadas y con las costumbres gregarias, se impone una permanente comunicación entre sus miembros.
La falta de interacción entre los seres humanos apareja un silencio peligroso si se toma en cuenta que hablando se entiende la gente. No hay ninguna necesidad de abstenerse ni de encerrarse en sí mismo conversando consigo en forma negativa y reservada que sólo trae un resultado negativo.
Deben comunicarse los esposos entre sí. Duele ver una pareja que va en un carro, por ejemplo, callados, sin tener nada que decirse; duele observar las caras de esas parejas que son muchas y que muestran haber perdido el incentivo de pareja y la renovación constante que debe existir entre ellos.
Deben comunicarse los padres con los hijos y entre los hermanos. Cuando los niños desean conversar con sus padres y contarles lo que han hecho, cómo les fue en la escuela, qué problemas han tenido en el día y sus padres están ocupados en otros quehaceres o viendo televisión, esos niños buscan amigos en la calle que los escuche y que, sin experiencia, los ayudan a resolver esos problemas. Los niños quieren que los padres conversen con ellos. ¿Qué les cuesta hacerlo? No imaginan los padres las situaciones posteriores que se ahorrarían y las lágrimas que no había necesidad de derramar si hubieran conversado con sus hijos a tiempo.
Los amigos deben comunicarse, conversar y, sobre todo, decirse lo que no les gusta. Los gobernados deben estar enterados de lo que hacen los gobernantes pues el secretismo no es saludable. Los jefes tienen que comunicarse con los subalternos. Los vecinos deben tener relación entre sí porque, al final, conviven todos los días y son las personas más allegadas por estar cerca de sus problemas.
Es indispensable que cada uno dé explicaciones de lo que hace, de lo que quiere que se haga. Antes, si usted daba una orden a subalternos, hijos o a cualquiera, no importaba el porqué se hacía; había que cumplirla tal como se había dado y punto. Hoy, esa relación ha cambiado y ahora cada persona, incluyendo a los niños, quieren saber la lógica de la orden, la razón que tuvo esa persona para darla, quieren comprender su base para comprenderla y ejecutarla. Esa explicación falla en muchas ocasiones, lo que dificulta la comprensión entre los seres humanos. Si yo no acostumbro a dar una orden en mi casa y un día digo que se haga tal cosa, es conveniente aclarar por qué lo hago y dar dignidad a los empleados y ellos sienten que se los toma en cuenta de ser a ser humano y no de jefe a esclavo.
¿Cuántos errores podrían obviarse si se conversara mejor (no digo más)? ¿Cuántas veces se harían mejor las cosas en conjunto o buscando las personas indicadas para llevarlo a cabo? Hasta en el amor es importante la comunicación. Verán cómo aumenta.
Yo era cerrada en mí, poco decía sobre mis intimidades lo que daba pie para elucubraciones de parte de los demás. Un día, ya mayor, descubrí la necesidad de lo que he explicado en este artículo, me di cuenta que los seres existimos para estar en contacto completo. Desde entonces me he acostumbrado a compartir con mis hijos, con mis amigos y parientes. Ya no me importa si saben o no mis intimidades porque han dejado de serlo para convertirse en preocupaciones solamente. Esta manera nueva de ver mi vida, la ha cambiado positivamente. Hagan ustedes lo mismo y verán la satisfacción de comunicarse.
*Cursa maestría en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
(nvals@hotmail.com)

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