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Con brillo es mejor


Escribir para los públicos es una de las formas más propicias de brillar en el firmamento de las letras. Entre todos los dones de la expresión -risa, llanto, mirada, gesto, silencio- sobresale la palabra como el don creador, revelador del pensamiento. Se dice que "junto con el entendimiento y la voluntad, la palabra es el atributo más preclaro del linaje humano".

Las páginas de opinión son tribunas ofrecidas para que los ciudadanos, por medio del debate, resuelvan los conflictos que surgen entre quienes administran el negocio Nación-empresa, y los ciudadanos insatisfechos por el manejo fangoso de sus intereses. A simple vista, estas tribunas no están llegando a los fines propuestos. Es cierto que se publican trabajos oportunos, brillantes, del campo social, político, administrativo, pero en conjunto los temas muestran carencia de prioridades, vigor, tenacidad. Ocupan gran vocería sectas, clases, castas, así como los desahogos personales y la parte sórdida de la política partidista. Salen trabajos que parecieran estar dirigidos a una academia, extensos, fatigosos, que desafían a la prosa conceptista del maestro Baltasar Gracián. "Lo bueno, si breve, dos veces bueno". Y mientras una sociedad angustiada espera respuestas luminosas para sus calamidades, surgen columnas que tratan del cuidado de los gatos o de las mariposas azules del Tibet.

La columna de opinión en ocasiones es tratada, sin serlo, como un elemento perturbador. Junto a la intención reparadora la columna es también una forma de desahogo contra toda forma de opresión, es un modo de compartir tristezas, y hasta es una majadería cuando peleamos por conseguir algo que, según se ve, la gente no parece desearlo.

Infeliz el columnista es cuando su artículo es ahogado en el vacío o desata iras rencorosas. Atraer muchos lectores es un gran deseo de todo escritor. La galanura del escrito es muy anhelada y más aún si da al lenguaje capacidad para deleitar, conmover y persuadir, como enseña la retórica constructiva. En la entrada y la salida del artículo es donde se debe poner más esmero. En el comienzo está la primera impresión y en el final, las huellas duraderas del mensaje. Los escritores saben que las mejores ideas no se buscan, llegan como los destellos del rayo, y en ese instante es preciso escribirlas; si se hace luego, lo que sale es un Picasso, no un Rafael. Lo ideal es que la columna luzca como el guayacán en marzo, pocas hojas y mazos de flores.

101 años de Panamá América

 
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