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Con dudas, Francia enfrenta intolerancia


A lo largo de los dos últimos años y medio, en distintos países de Europa Occidental se fueron registrando numerosos atentados dirigidos contra ciudadanos de origen judío o instituciones representativas de dicha comunidad. Esta peligrosa tendencia ha tenido su epicentro en Francia: solamente en el área de París se produjeron en un año más de 330 incidentes antijudíos. Sin embargo, el fenómeno se extendió mucho más allá de la capital para abarcar también a otras regiones de la geografía francesa. Los ataques cubrieron desde golpizas e insultos raciales ocurridos en las calles de las principales ciudades del país hasta la vandalización de edificios, escuelas y centros comunitarios. Incluso, una sinagoga fue arrasada por un incendio causado intencionalmente. Este hecho dejó como saldo la primera sinagoga destruida en Europa desde el final de la II Guerra Mundial.
Al mismo tiempo, tanto la comunidad judía francesa (500,000 personas), como numerosas organizaciones internacionales de derechos humanos, expresaron marcada preocupación y nerviosismo. Ante la ola de violencia, las autoridades reaccionaron de una forma defensiva, relativizando los incidentes, rotulándolos de "aislados" y atribuyéndolos a vándalos o inadaptados sociales que no persiguen objetivos políticos. Dicha reacción oficial pareció sugerir erróneamente que eso volvía más aceptable la situación o acaso menos preocupante. El presidente Jacques Chirac respondió indignado ante lo que calificó como una actitud excesivamente alarmista de la comunidad internacional, afirmando que "Francia no es un país antisemita."
Cuando empezaba a notarse un declive pronunciado en la violencia, en los primeros días de enero de este año un joven rabino fue apuñaldo por un atacante árabe en París. Sin dilaciones, el Ministerio del Interior dispuso que todos los actos de esa naturaleza, cuando sean motivados por odio racial o religioso, reciban la mayor atención. Por su parte, el parlamento francés aprobó una ley que incrementa las penas previstas para quienes ataquen a personas en razón de su raza, etnia, origen o religión. Estas respuestas de las autoridades deben ser reconocidas como saludables, ya que reconocen la seriedad de este tipo de hechos violentos. Demuestran, además, que la victimización reiterada de una parte de la población (en este caso, la de origen judío) es inaceptable para una sociedad democrática y pluralista como la francesa.
222 Los desbordes antijudíos en Francia están fuertemente vinculados al incremento de corrientes intolerantes en ciertos sectores de la comunidad árabe.
Sin embargo, aunque importantes, estos pasos resultan todavía insuficientes. Los desbordes antijudíos en Francia están fuertemente vinculados al incremento de corrientes intolerantes en ciertos sectores de la comunidad árabe.
En una gran mayoría de los casos, los protagonistas de los incidentes antijudíos resultaron ser residentes árabes (con frecuencia inmigrantes de las ex colonias francesas del norte de Africa), quienes alegan estar frustrados por el tratamiento que presuntamente reciben los palestinos a manos de Israel. Este dato tampoco debe ser minimizado, especialmente cuando la región del Medio Oriente muestra signos evidentes de crisis.
Distintos analistas internacionales coinciden en señalar que el escalamiento del conflicto con Irak podría repercutir negativamente en la disputa palestino-israelí. Aunque inadmisible, esa ha sido la escusa utilizada por algunos árabes franceses como disparadora de la oleada antijudía. Sólo una terminante postura del estado francés que confronte a los propagadores del odio logrará erradicar estas acciones. Por otra parte, desconocer el común denominador que caracteriza estos actos, como así también a sus responsables y promotores garantizará simplemente la continuación indefinida de la intolerancia.

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