Con el gobierno y la ACP: ¿Aceptan el reto?
NO PUEDE haber dos verdades contrapuestas. Y para comprobarlo, basta con confrontarlas, pero en un debate serio, que es lo que ha faltado en el tema de la ampliación, porque sus promotores lo han rehuido. Pero, además, de rehuirlo, el gobierno y la ACP o la ACP y el gobierno, que para el caso es lo mismo, no han jugado limpio. Para salirse con la suya, hasta han echando mano a la vieja táctica, en la que fue maestro el régimen hitleriano, de repetir mil veces una mentira, para tratar de transformarla en verdad.
Desde su destapamiento, con bombos y platillos, en el acto de ATLAPA, el 24 de abril pasado, las cosas partieron chuecas, pero no por improvisación, ignorancia o incapacidad, aunque de éstas hay bastante esparcidas por las altas esferas oficiales, sino porque todo venía "fríamente calculado". La trama comenzó con la reforma del artículo 325 (antes 319) de la Constitución Nacional; arteramente introducida a última hora, que nunca habían figurado entre las reformas que demandaba la ciudadanía, con el deliberado propósito de escamotearle al pueblo panameño el derecho de pronunciarse, específicamente, sobre los contratos relacionados con la ampliación del Canal .
El cambio constitucional consistió en sustituir el texto del Artículo 325 con un enunciado genérico, para otorgar carta blanca a la Autoridad del Canal, para contratar, en los términos que ella decida, las obras de la ampliación.
En otras palabras, ahora el pueblo panameño, de aprobar la propuesta de ampliación mediante un tercer juego de esclusas, a partir de ese momento, mirará desde la barrera como la ACP asume todos los poderes para manejar la ampliación, como y cuando le de la gana, pues expresamente le delegaría esa facultad. Ese fue, "claro y pelado", el motivo por el cual "se acomodó" el texto constitucional.
Armados con el texto constitucional reformado, y a partir del montaje de ATLAPA, se puso en marcha una locomotora programada para llevarse por delante toda oposición al proyecto. Si había que mentir, se mentiría. Ejemplo: La fantasía de los doscientos cuarenta y dos mil empleos (242,000) prometidos por el subadministrador del Canal y por varios "excelsos economistas", afectos al gobierno, que han quedado reducidos a sueños de opio; ejemplo: la afirmación, amañada e insustentable, de que la obra costaría 5,250 millones, para no quedar atrapados por "su propia afirmación" de que: "si el costo de la obra supera los 6,000 millones", es "financieramente inviable"; ejemplo: la afirmación, nunca confirmada, de que las principales empresas navieras usuarias del Canal costearán las obras mediante un incremento de los peajes, que éstas, o han negado o han "matizado", a su conveniencia.
Pero aparte de las mentiras, comprobadas por las propias retractaciones de los promotores, también se montó el operativo propagandístico más grande que los panameños hayamos visto y oído: muchos millones de dólares se han gastado para tratar de "nos traguemos el cuento". La más mínima expresión de desacuerdo y hasta los cuestionamientos más tímidos, han recibido como respuesta cataratas de verborrea oficialista para que "no contaminen políticamente", o confundan, al pueblo. Cada pequeña voz de protesta, ha recibido desde diatribas hasta acusaciones de antipatriotismo.
¿Cuánto dinero se han gastado para maquillar el adefesio? Nunca lo sabremos. Y ello sin contar el ejército de funcionarios dedicados a tiempo completo a promover el SI, que se han tomado cuanto medio de comunicación existe, o los despliegues de los "colaboradores oficiosos y desinteresados" que montan desde conciertos gratuitos, hasta comilonas para captar apoyos.
Después de haber visto los multimillonarios despliegues de la propaganda oficial, se requiere de una suprema dosis de cinismo para afirmar, como se hace desde las esferas gubernamentales, que al pueblo panameño se le ha dado la oportunidad para conocer y sopesar las ventajas y desventajas del proyecto. Esta ha sido, ni más ni menos, un clásico ejemplo de la pelea del león con el burro amarrado.
Lo que nunca han alcanzado a comprender en las esferas oficiales, obnubilados por la obsesión de ganar el referendo, a cualquier precio, es que el pueblo panameño, en principio favorable a la ampliación, que sólo pedía "ser convencido" de la bondad y oportunidad del proyecto, rechaza que, al igual que a ganado, se le haya, materialmente, "arreado" para imponerle el proyecto, con desprecio absoluto a su capacidad de discernir.
Hoy, martes 10 de octubre, cuando esta columna ve la luz pública, faltan 11 días para el referendo. Pero, todavía hay tiempo para que el gobierno, si de verdad cree en la conveniencia del proyecto y tiene argumentos para sustentarlo, acepte el reto de una confrontación pública con los sectores que nos oponemos.
El reto que desde aquí les lanzo, es que se organice un debate nacional, con una duración de dos horas, sin interrupciones comerciales, que se transmita por una cadena nacional de radio y televisión, entre cinco representantes del NO y los cinco máximos representantes del SI (éstos pueden asistirse de todos los asesores, computadoras y equipos que quieran), el lunes 16, el martes 17, miércoles 18 o el jueves 19 de octubre, para brindarle al pueblo panameño una verdadera oportunidad de escuchar y ver los alegatos finales de ambas posiciones.
En las campañas presidenciales, ahora se considera obligado que el pueblo tenga la oportunidad de ver y oír, en vivo y en directo, a los candidatos que aspiran a gobernarlo. Un asunto de tanta envergadura e importancia para nuestro país, como es el proyecto de la ampliación que, según unos (el gobierno), puede transportarnos a la gloria y, según otros, puede llevarnos al fracaso, y que está demostrado que mantiene dividida a la nación panameña, bien merece de un debate similar.
Excusas como falta de tiempo u objeciones sobre su costo, aparte de pueriles serían absurdas. Si el gobierno y la ACP quieren, y no tienen miedo a esa confrontación, se puede hacer. Todo el país estaría pendiente y dudo mucho que algún medio se excuse de darle cobertura, pues sería un acto del más alto sentido patriótico.
Señores del gobierno y de la ACP: ¿Aceptan ustedes el reto?
Desde su destapamiento, con bombos y platillos, en el acto de ATLAPA, el 24 de abril pasado, las cosas partieron chuecas, pero no por improvisación, ignorancia o incapacidad, aunque de éstas hay bastante esparcidas por las altas esferas oficiales, sino porque todo venía "fríamente calculado". La trama comenzó con la reforma del artículo 325 (antes 319) de la Constitución Nacional; arteramente introducida a última hora, que nunca habían figurado entre las reformas que demandaba la ciudadanía, con el deliberado propósito de escamotearle al pueblo panameño el derecho de pronunciarse, específicamente, sobre los contratos relacionados con la ampliación del Canal .
El cambio constitucional consistió en sustituir el texto del Artículo 325 con un enunciado genérico, para otorgar carta blanca a la Autoridad del Canal, para contratar, en los términos que ella decida, las obras de la ampliación.
En otras palabras, ahora el pueblo panameño, de aprobar la propuesta de ampliación mediante un tercer juego de esclusas, a partir de ese momento, mirará desde la barrera como la ACP asume todos los poderes para manejar la ampliación, como y cuando le de la gana, pues expresamente le delegaría esa facultad. Ese fue, "claro y pelado", el motivo por el cual "se acomodó" el texto constitucional.
Armados con el texto constitucional reformado, y a partir del montaje de ATLAPA, se puso en marcha una locomotora programada para llevarse por delante toda oposición al proyecto. Si había que mentir, se mentiría. Ejemplo: La fantasía de los doscientos cuarenta y dos mil empleos (242,000) prometidos por el subadministrador del Canal y por varios "excelsos economistas", afectos al gobierno, que han quedado reducidos a sueños de opio; ejemplo: la afirmación, amañada e insustentable, de que la obra costaría 5,250 millones, para no quedar atrapados por "su propia afirmación" de que: "si el costo de la obra supera los 6,000 millones", es "financieramente inviable"; ejemplo: la afirmación, nunca confirmada, de que las principales empresas navieras usuarias del Canal costearán las obras mediante un incremento de los peajes, que éstas, o han negado o han "matizado", a su conveniencia.
Pero aparte de las mentiras, comprobadas por las propias retractaciones de los promotores, también se montó el operativo propagandístico más grande que los panameños hayamos visto y oído: muchos millones de dólares se han gastado para tratar de "nos traguemos el cuento". La más mínima expresión de desacuerdo y hasta los cuestionamientos más tímidos, han recibido como respuesta cataratas de verborrea oficialista para que "no contaminen políticamente", o confundan, al pueblo. Cada pequeña voz de protesta, ha recibido desde diatribas hasta acusaciones de antipatriotismo.
¿Cuánto dinero se han gastado para maquillar el adefesio? Nunca lo sabremos. Y ello sin contar el ejército de funcionarios dedicados a tiempo completo a promover el SI, que se han tomado cuanto medio de comunicación existe, o los despliegues de los "colaboradores oficiosos y desinteresados" que montan desde conciertos gratuitos, hasta comilonas para captar apoyos.
Después de haber visto los multimillonarios despliegues de la propaganda oficial, se requiere de una suprema dosis de cinismo para afirmar, como se hace desde las esferas gubernamentales, que al pueblo panameño se le ha dado la oportunidad para conocer y sopesar las ventajas y desventajas del proyecto. Esta ha sido, ni más ni menos, un clásico ejemplo de la pelea del león con el burro amarrado.
Lo que nunca han alcanzado a comprender en las esferas oficiales, obnubilados por la obsesión de ganar el referendo, a cualquier precio, es que el pueblo panameño, en principio favorable a la ampliación, que sólo pedía "ser convencido" de la bondad y oportunidad del proyecto, rechaza que, al igual que a ganado, se le haya, materialmente, "arreado" para imponerle el proyecto, con desprecio absoluto a su capacidad de discernir.
Hoy, martes 10 de octubre, cuando esta columna ve la luz pública, faltan 11 días para el referendo. Pero, todavía hay tiempo para que el gobierno, si de verdad cree en la conveniencia del proyecto y tiene argumentos para sustentarlo, acepte el reto de una confrontación pública con los sectores que nos oponemos.
El reto que desde aquí les lanzo, es que se organice un debate nacional, con una duración de dos horas, sin interrupciones comerciales, que se transmita por una cadena nacional de radio y televisión, entre cinco representantes del NO y los cinco máximos representantes del SI (éstos pueden asistirse de todos los asesores, computadoras y equipos que quieran), el lunes 16, el martes 17, miércoles 18 o el jueves 19 de octubre, para brindarle al pueblo panameño una verdadera oportunidad de escuchar y ver los alegatos finales de ambas posiciones.
En las campañas presidenciales, ahora se considera obligado que el pueblo tenga la oportunidad de ver y oír, en vivo y en directo, a los candidatos que aspiran a gobernarlo. Un asunto de tanta envergadura e importancia para nuestro país, como es el proyecto de la ampliación que, según unos (el gobierno), puede transportarnos a la gloria y, según otros, puede llevarnos al fracaso, y que está demostrado que mantiene dividida a la nación panameña, bien merece de un debate similar.
Excusas como falta de tiempo u objeciones sobre su costo, aparte de pueriles serían absurdas. Si el gobierno y la ACP quieren, y no tienen miedo a esa confrontación, se puede hacer. Todo el país estaría pendiente y dudo mucho que algún medio se excuse de darle cobertura, pues sería un acto del más alto sentido patriótico.
Señores del gobierno y de la ACP: ¿Aceptan ustedes el reto?