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Con la cruz a cuestas


La campaña electoral toca a su fin. Luego de casi un año de fanfarrias, diatribas. Movilizaciones y toda clase de publicidad, los panameños podremos volver a nuestras preocupaciones cotidianas y roer sin perturbaciones, el mendrugo de nuestras desdichas. Millones de dólares se han consumido sin ninguna finalidad práctica, salvo la obsesión enfermiza del poder político y la figuración. Dinero, que sin duda le ha sido negado a la solución de grandes necesidades de este pueblo.
Sin embargo, en medio de la maraña de incongruencias y pretensiones, nos queda el beneficio de poder examinar sin mediaciones, la personalidad de algunos de los candidatos presidenciales, sus debilidades y temores, pero sobre todo la lucha que han tenido que librar entre propios y adversarios para poder llegar al final del camino. Camino tortuoso de piedras y zarsas, en el cual han dado de bruces más de una vez, llevando el fardo de sus malas decisiones, pero sobre todo las cruces de sus promotores.
Evidente ha sido en toda la campaña, la lucha que han tenido que librar contra el peso muerto de sus padrinos políticos, impuestos o escogidos a voluntad, cuyos actos o personalidad han servido más para restar votos que para sumarlos. "No me ayudes compadre" ha sido el susurro que los candidatos han tenido que murmurar entre codazos y miradas escurridizas, a sus promotores en más de una ocasión. Así, como en un mal film del neorrealismo italiano, los panameños hemos presenciado meses de zozobras y malos ratos televisados, ridiculizados y popularizados, llevados a cabo por los asesores, mentores y estrategas de los candidatos, con guiones producidos por los mismos personajes. Sueño y realidad; tragedia y ridículo que podrían ser la envidia de Fellini y Visconti.
En el caso de Alberto Vallarino, el apoyo brindado por Ricardo Arias Calderón ha sido una verdadera cruz. Agobiada por el peso de sus acciones, antes, durante y después de la invasión de 1989, la figura del dirigente democristiano es un fantasma lastimero que todo el mundo trata de exorcizar. Su afán de lograr la supervivencia de su partido sobre la base de una postulación presidencial, fraccionó aún más las escasas huestes que le quedaban a la Democracia Cristiana, produciendo descomunal confusión entre las bases, disipando las pocas convicciones de disciplina partidaria, dispuestas a última hora a dar el salto hacia el arnulfismo como opción contra la permanencia del PRD en el gobierno. El padrinazgo del tío político le ha traído al Ing. Vallarino más pérdidas que ganancias y contribuyó a alejar el voto joven y nacionalista.
No por ser más joven, la carga para Martín ha sido más llevadera. El peso descomunal del padrinazgo de Pérez Balladares es tan demoledor que la cruz pareciera ser de pura madera de macano, labrada durante cuatro años de gestión presidencial, sumándosele, una vez cerradas las primarias, el peso de cadenas, clavos, grapas y abrazaderas, resultante de las acciones políticas de su mentor, al punto que los organizadores de su campaña parecen preferir que el Presidente ni se acerque, ni mencione a su pupilo. Porque no había pasado una semana de las primarias, cuando se anunció la privatización del IDAAN; apenas pasado un mes, se invadió la Universidad y casi a los dos meses, se aplicaron recortes presupuestarios a la Salud y a la Educación. Con esta situación y las guías espirituales de Mitchell Doens y Sánchez Cárdenas, no se necesita ser cojo para caer de bruces. Estos en su afán de allanarle el sendero, fueron dejando caer piedras, baches y falsas señales con las cuales el bisoño político tropezó en más de una ocasión.
Así las cosas, los miembros del Sanedrín, únicos y verdaderos dueños del partido, desde sus tronos de monedas y desde las Torres del Miramar, contemplan asustados el seguro fracaso de su predestinado, en los precisos momentos en que las protectoras cohortes romanas abandonan el reino.
Sin embargo, descansan en la ilusión de que un "obligado" cierre de campaña con salsa, "reggae" y guaro, producirán el milagro esperado.

101 años de Panamá América

 
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